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¿Cómo ayudo a mi hijo/a a construir una autoestima positiva?

Ilona Bartibas Fernández

Psicóloga

Servicio Fonoinfancia Fundación Integra

¿Cómo ayudo a mi hijo/a a construir una autoestima positiva?
“Frecuentemente nos convertimos en aquello que creemos ser. Si persevero afirmando ser incapaz de hacer determinada cosa, puede ser que eso, de hecho, acontezca. Si al contrario, me considero capaz de hacerlo, seguramente adquiriré esa capacidad, aunque al comienzo no la poseyera”. Mahatma Gandhi.

La autoestima, entendida como “la valoración que una persona hace de sí misma” es un proceso psicológico complejo que involucra la percepción, estima y concepto que cada uno tiene de sí mimo/a. Es el sentimiento valorativo del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran nuestra personalidad.

Si consideramos que la calidad de vida está profundamente relacionada a la forma como cada persona se percibe y se valora a sí misma, podemos entender la importancia de contar con una autoestima positiva que posibilite sacar lo mejor de cada ser humano en las distintas etapas del ciclo vital. Afortunadamente, es posible mejorar la autoestima de cualquier persona, ya que el sentido del valor por uno mismo es una “construcción” que va formándose a lo largo de la vida, siendo susceptible de mejorar en la medida que dispongamos de experiencias positivas. En este proceso, los primeros años de vida son una etapa primordial donde se cimentarán las bases de la personalidad, y donde se espera que nazca un sentimiento de seguridad y confianza básica en el niño/a que le acompañará durante toda su vida.

La toma de conciencia y valoración de sí mismo se va realizando en la interacción del niño/a con su entorno, desde su más temprana infancia, a partir de la percepción que va incorporando de los gestos, actitudes y comentarios que los adultos trasmiten- fundamentalmente sus padres, cuidadores y educadores­- que al establecer vínculos afectivos cercanos, de confianza y buen trato irán propiciando una percepción positiva, realista y sana con la que puedan contar para afrontar los diferentes desafíos que presente en su desarrollo. Así el niño/a se conoce y se representa a través de lo que “ve” en los ojos de aquellos que reconoce como “sus figuras significativas”, los que se convierten en “espejos” que reflejan lo que son y proyectan lo que serán, influyendo en el grado de adaptación, sociabilidad, salud psíquica y autorrealización en su vida futura.

Si las valoraciones de los adultos son constructivas, positivas y nutritivas, el niño/a irá desarrollando un sentimiento de agrado, satisfacción y de amor a sí mismo/a, contribuyendo a la formación de una Autoestima Positiva. En cambio, ante constantes valoraciones descalificadoras, negativas o tóxicas, el niño/a irá desarrollando un sentimiento de desagrado, insatisfacción y rechazo de sí mismo/a, configurándose una Autoestima Negativa.

¿Cuáles son los beneficios de contar con una Autoestima Positiva?

Cuando un niño/a posee una autoestima positiva se sabe valioso y competente, es curioso y muestra interés por aprender y no se siente disminuido cuando necesita ayuda por lo que le resulta fácil solicitarla. Es responsable, se comunica y es capaz de relacionarse adecuadamente con adultos y pares. Suele lograr un buen desempeño escolar tanto en habilidades sociales como en lo académico, lo que se relaciona a su motivación de logro y una disposición positiva hacia las experiencias de aprendizaje, logrando reconocer y confiar en sus capacidades y afrontar sus limitaciones y conflictos de una manera constructiva. La falta de miedo al fracaso le permite ser más espontáneo y abierto a la experiencia y le da la posibilidad de aprovechar las oportunidades que se les presentan. Es un niño/a que disfruta de nuevas experiencias y se siente profundamente amado y reconocido como un ser humano valioso y único.

Por el contrario, un niño/a con autoestima negativa suele ser hipercrítico, culposo y poco creativo, intentará pasar inadvertido, mostrándose tímido o retraído, o bien, expresará conductas agresivas, desafiantes o de riesgo, tendiendo a descontrolarse fácilmente, mostrar inseguridad y una baja tolerancia a la frustración, dificultades en su autonomía, en su regulación emocional, y en la capacidad de confiar en sí mismo y en los demás. Posiblemente esto provocará rechazo en los demás, lo que a su vez repercutirá negativamente en su autovaloración.

¿Cómo podemos favorecer una Autoestima Positiva en nuestros hijos/as?

Para que un ser humano pueda creer en sí mismo necesita haber vivido la experiencia de que otro creyera en él. “CREER” en el niño/a implica confiar en sus potencialidades y poseer expectativas positivas y realistas sobre sus posibilidades de desarrollo, lo que precipitará el “CREAR” en él/ella la capacidad de confiar en sí mismo, que más tarde promoverá su realización personal.

Para ello, debemos hacernos cargo de la manera en que tendemos a percibir la realidad y cómo la trasmitimos. Ser concientes de esto implica aprender a enfatizar logros, virtudes, habilidades y aprendizajes por sobre los errores, carencias o dificultades para que efectivamente podamos trasmitir una imagen positiva y constructiva que favorezca el desarrollo de los niños/as. Estas son algunas claves que podemos poner en práctica cotidianamente:

Reconocer y valorar el “proceso” y la “experiencia” del niño/a por sobre los resultados obtenidos, devolviéndole una mirada positiva y realista que le permita conocer sus capacidades y sacar provecho ante nuevas experiencias. Un típico ejemplo de esto es cuando recibimos las notas de nuestros hijos/as, muchas veces nos centramos en las décimas de más o de menos, cuando lo realmente importante es qué tanto disfrutamos de lo aprendido, con qué nos sorprendimos, cuánto nos superamos a nosotros mismos/as.

Ver los errores como una posibilidad de aprender. Si un hijo/a copió en una prueba es mejor orientar este error enseñándole el sentido de lo correcto, explicándole que hacer trampa no le beneficia y que es capaz de hacerlo por sí mismo a descalificarle diciéndoles que es un tonto, un tramposo o que es igual a su padre. Siempre es necesario recordar que para que una habilidad o condición se desarrolle es necesario reforzar los éxitos y no centrarnos en los errores ni en el uso de castigos.

Dar la posibilidad de enfrentar sus conflictos, resolver problemas cotidianos y poner en juego sus habilidades para resolverlos por sí mismo, cuidando protegerle de peligros o amenazas, sin que ello implique caer en actitudes de sobreprotección que puedan generar inseguridad y falta de confianza. Para comprender este punto, podemos recordar cómo nos sentimos al lograr algo que ni nosotros pensábamos que éramos capaces de hacer.

Contribuir a que pueda contar con una apreciación genuina de sí, no exagerar ni sobredimensionar ningún aspecto. Es muy distinto decir: “eres un niño sensible” a exclamar “eres tan hipocondríaco” o expresar “me encanta lo creativo que eres” a “serás un pintor famoso”. En el exagerar podemos cargar con expectativas que estén asociadas a nuestras propias carencias y la necesidad de compensarlas a través de los hijos/as.

Criticar sus actos, nunca su persona. Podemos explicarle que lo que ha hecho no está bien, pero si cada vez que un/a niño/a miente le decimos que es un/a mentiroso/a, difícilmente podrá diferenciarse de tal conducta y actuará conforme a lo que cree ser. Es muy distinto decir: “robar es malo” a decir: “eres malo”. Lo que hacemos al confundir estos dos niveles es justamente promover la identificación del niño/a con la conducta que deseamos erradicar.

Permitir la expresión de sus emociones, conteniéndoles y ayudándoles a canalizarlas, sobretodo los sentimientos de rabia y frustración que resultan más complejos de externalizar de una manera adecuada.

Jugar y reír. El juego es una actividad fundamental de expresión del mundo infantil y el humor puede trasmitir al niño/a una actitud alegre y optimista ante la vida, implica que los adultos podamos conectarnos con los niños/as en el lenguaje que más les acomoda y disfrutan, dándoles el valor que verdaderamente tienen.

No olvidemos que los niños/as son personas que se encuentran en proceso de desarrollo, lo que no implica que sean seres incompletos, por lo que deben ser tratados desde su calidad de Sujeto de derechos. Merecen ser escuchados, atendidos, contenidos y respetados desde sus vivencias, considerando sus sentimientos, necesidades y opiniones como miembros valiosos de su grupo familiar. Más allá de cualquier estrategia, los niños/as necesitan sentir el cariño incondicional, independientemente de sus logros y de la conducta que muestren; sentirse amados por ser quiénes son y no por lo que hagan o dejen de hacer.

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