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La figura del Abuelo(a) en la familia y la crianza de los nietos(as)

Ilona Bartibas, Gabriela Carreño

Psicóloga, Psicóloga

Servicio Fonoinfancia Fundación Integra

La figura del Abuelo(a) en la familia y la crianza de los nietos(as)

¡Nace un bebé!

El nacimiento de un bebé convierte a los(as) hijos(as) en padres y madres y a los(as) padres y madres en abuelos(as). La familia experimenta un período de crisis evolutiva al asimilar la llegada de un nuevo integrante, enfrentándose a un profundo cambio en los roles familiares, lo que trae consigo desafíos y nuevas tareas para cada integrante.

La llegada de un nuevo miembro a la familia, exige una redefinición de las funciones que cada miembro desempeña; cada uno es llamado a transformarse y promover una reorganización de las dinámicas familiares, movilizando recursos individuales y del sistema, que posibilitan la habilitación de nuevas funciones y roles en post del desarrollo de la familia.

Ser padre o madre, es una experiencia tremendamente desafiante. En algún sentido es una labor que invita a “poner pecho a las balas” con lo bueno y lo malo, con aciertos y errores. En este transitar por la maternidad/paternidad nos vemos enfrentados a descubrir recursos desde nuestra propia historia y en particular desde nuestra historia como hijos e hijas, actualizando creencias y aprendizajes que rescatamos como experiencias positivas de nuestra crianza, y a la vez, modificando lo que desde nuestro lugar de hijos o hijas no haya sido gratificante.

Hoy en día la sociedad nos impone una serie de desafíos que hacen difícil conciliar la vida familiar con la profesional y en este contexto es común que cuando nos llega la hora de ser padres o madres, nos sintamos desorientados, desconcertados e incluso temerosos frente a la pregunta sobre cómo ejerceremos esta labor. Es en este punto en el que los abuelos aparecen como una gran fuente de ayuda, ya que se convierten en un importante apoyo para los padres, al ser “figuras de confianza” que colaboran en el cuidado de sus nietos y que en algunas oportunidades, llegan a tener un rol protagónico en su desarrollo y educación.

“Cuando los Padres se convierten en Abuelos”

Los abuelos pueden adquirir un papel significativo al apoyar a sus hijos e hijas en el cuidado práctico de niños y niñas, al mismo tiempo que pueden transmitirles su propia historia ejerciendo la paternidad y de esta manera nutrirlos de su experiencia. La transmisión de “padre a padre”, va más allá del reporte de hechos concretos, ya que es una transmisión desde la perspectiva que otorga el paso de los años, permitiendo evaluar a posteriori errores y aciertos, junto con recoger aprendizajes a partir de la experiencia de vida. Los abuelos pueden entregar el valioso aporte de la sabiduría que podrá convertirse en fuente de apoyo y contención, en la medida que se oriente a empoderar a los padres en su rol, y no a restarles protagonismo ni autoridad en la crianza y relación con sus hijos.

En este sentido, existe una diferencia crucial entre un abuelo(a) que transmite su experiencia invalidando a los nuevos padres en su función y un abuelo o abuela que transmite su experiencia de manera nutritiva, es decir, que sugiere pero no impone y que incluso tolera que su experiencia no sea tomada al pie de la letra. Mientras el primero, en algún sentido, “usurpa el lugar paterno”, el segundo, ayuda a los padres a posicionarse en el lugar que les corresponde, apoyándolos cuando flaqueen y entendiendo plenamente que su rol ya no es ejercer la paternidad, sino que ayudar a los nuevos padres en el ejercicio de esta labor.

Es cierto que muchos abuelos(as) dedican gran parte de su tiempo al cuidado de sus nietos(as), no obstante, es imprescindible que exista una clara delimitación de las funciones y roles que cada uno desempeña en la familia y en especial, que estos sean claros para hijos/as y nietos/nietas. Lo anterior no significa que abuelos(as) no puedan opinar, pueden y ojalá lo hagan, si bien, el aconsejar implica un modo respetuoso de ofrendar la propia experiencia y dejar espacio a las nuevas generaciones, reconociendo el derecho a tomar su lugar en la cadena familiar.

Una fuente habitual de conflicto en las familias, donde los madres y padres comparten la crianza con los(as) abuelos(as), es justamente la inconsistencia en los límites que se le entregan a los niños(as). Es importante considerar que los niños/as necesitan de límites claros y consistentes que faciliten el entendimiento de lo que se espera de ellos y de las normas de convivencia familiar. La confusión de mensajes entre los adultos genera inseguridad y ansiedad en l niños y niñas, lo que generalmente se expresa a través de irritabilidad, pataletas, conductas desafiantes o disruptivas que ponen en evidencia las contradicciones y conflictos no resueltos entre los adultos.

Experiencias del pasado que han quedado sin resolver, vuelven a salir a la superficie en el momento en que se discute la crianza de niños y niñas, causando tensiones y problemas inesperados en la relación entre madres, padres y abuelos(as). Conflictos existirán, diferencias también, pero si madres, padres y abuelos(as) son capaces de comunicar sus desacuerdos y revisar las buenas y malas prácticas con respeto, manteniéndose alineados, en virtud de establecer acuerdos y asumir medidas que se orienten a responder, de manera sensible, a las necesidades que muestren los niños(as), posiblemente se logrará una alianza protectora que podrá revitalizar las relaciones.

Si madres, padres y abuelos(as) logran sensibilizarse y conectarse con lo que sus hijos(as) y nietos(as) necesitan desde el lugar que cada uno ocupa en el entretejido familiar, habremos ganado gran parte de la batalla, al garantizar prácticas de crianza y de comunicación orientadas a otorgar un lugar simbólico y concreto al nuevo integrante que será reconocido desde su calidad de sujeto que transita y resuena en la historia familiar.

El aporte de los(as) abuelos(as) a sus nietos(as)

Los(as) abuelos(as) relatan la historia de la familia, de las tradiciones que dejaron sus antepasados, de cómo era el mundo en otras épocas, de cómo fueron sus padres y madres de niños y niñas. Los(as) nietos(as) absortos escuchan las anécdotas de cómo el abuelo emigró de su país natal, de las misteriosas recetas de cocina de la abuela, o del día que su papá aprendió a nadar, y al conectarse con el imaginario familiar , descubren un lugar de pertenencia que contribuirá a la formación de su identidad personal y familiar.

De esta manera los(as) abuelos(as) tienen la imponderable función de transmitir la historia de los antepasados, de los orígenes y, con ello, brindar a niños y niñas un sentido de pertenencia, continuidad y coherencia en su historia familiar. En el vínculo con abuelos y abuelas, niños y niñas se nutren de un conocimiento transgeneracional que ayuda a la elaboración de su propia historia, de un pasado que se actualiza con el nacimiento y desarrollo de las nuevas generaciones.

De esta forma, los(as) abuelos(as) otorgan consistencia a la historia familiar a través de la trasmisión del relato, de las anécdotas, las fechas significativas, los rituales y el sistema de valores y creencias que cada familia posee, legando una cosmovisión del origen de la vida y la muerte ante la cual el niño(a) reorganiza e imprime sentido en su devenir histórico.

Los(as) abuelos(as) pueden constituirse en figuras significativas, capaces de entregar un cariño incondicional a través de un vínculo de afecto y confianza, posibilitando interacciones con sus nietos(as) en que no solo cabe enseñar y corregir, sino que además cobra especial valor el compartir, descubrir y escuchar las voz de los niños(as), sus sueños, inquietudes y preocupaciones que muchas veces pueden pasar inadvertidas.

La paciencia y la sabiduría que les da la experiencia y el lugar que ocupan en la trama generacional, los ubica en una categoría especial de adultos que, desde la mirada de niños y niñas, parecen entender cosas que otros adultos no advierten. Abuelos(as) y nietos(as) disfrutan descubriendo figuritas en las nubes, juegan a adivinar secretos y se ríen a carcajadas cuando les resulta alguna travesura en que han sido cómplices, conocen como funcionan las cosas y saben calmar las penas del corazón.

Mientras que padres, madres y adultos suelen estar más centrados en el “hacer”, los abuelos(as) se permiten tomar una pausa, detenerse y dar la dedicación necesaria para que una experiencia pueda ser significativa, se conectan con el “ser”, validando el carácter de sujeto de ese niño(a) que lo trasciende.

De esta manera, vemos como tres generaciones se nutren unas a otras formando una cadena familiar que lleva consigo historias, aprendizajes, encuentros, desencuentros y un futuro representado por el nuevo integrante de la familia.

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