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Síndrome del niño y niña sacudidos.

UNICEF

Síndrome del niño y niña sacudidos.

Cada cierto tiempo, vuelve a salir a la luz un caso grave afectado por el síndrome del niño sacudido. Sin embargo, pasada la alerta y la conmoción inicial por esta noticia, volvemos a dejar de lado esta situación y dejamos de desarrollar estrategias adecuadas y efectivas para visibilizar la gravedad que tiene, así como acciones para su prevención.

Como punto de partida nos centraremos en el riesgo que implica para los y las lactantes que sus padres y madres no sepan de los peligros que implica para sus hijos e hijas el zamarrearlos y sacudirlos, y que esto no sea parte de la información de rutina que se les entrega en los controles médicos y otras instancias a las que acuden con ellos.

Por esta razón, queremos en este espacio revisar lo que tenemos que saber tanto padres y madres, como todos los que estamos en contacto con ellos en relación al síndrome del niño sacudido.

¿Qué es?

El síndrome del bebé sacudido es una forma de lesión severa producida por el rebote del cerebro dentro del cráneo del bebé cuando éste es sacudido. Las lesiones producidas por estas acciones pueden generar daños a nivel cerebral que pueden incluso llegar a causar la muerte del lactante.

Estas lesiones cerebrales se producen en los niños y niñas cuando son sometidos a este tipo de acciones, pues la fuerza que se genera en el zamarreo es demasiado grande para lo que puede soportar su cuello y esto hace que el cerebro choque con las paredes del cráneo, produciendo una lesión severa o la muerte. Uno de los graves problemas que tiene este síndrome, es que generalmente los niños y niñas no presentan signos externos de daño o lesión, sin embargo, pueden observarse algunos cambios que es importante tener presentes:

Cambios en la conducta del niño y niña como aumento de la irritabilidad.
Cansancio excesivo, letargo, somnolencia e incluso pérdida del conocimiento.
Un pálido tono de la piel, posiblemente con un tinte azulado.
Falta de apetito y la negativa a comer o beber.
Vómito sin control.
Posibles ataques del cuerpo como convulsiones
Hemorragias en los ojos.
Alteración del ritmo de la respiración o incluso dejar de respirar.

Muchas veces los padres y madres como parte de juegos o producto de un inadecuado manejo de situaciones difíciles, zamarrean o sacuden a niños y niñas, sin tener conciencia de las graves consecuencias que esta acción puede tener para los bebés a nivel neurológico.

Si usted tiene alguna sospecha de que su bebé pudiera haber sido sacudido, zamarreado o presenta algunos de los síntomas antes descritos, es muy importante que lleve al niño o niña de inmediato al centro de salud para que evalúen la situación, pues en caso de que las lesiones no sean tan graves, podrían empeorar con el paso del tiempo y una intervención adecuada y oportuna puede significar la prevención de daños neurológicos permanentes e incluso, de la muerte.

Si bien este síndrome en muchas ocasiones no significa la muerte del bebé, en un gran número de ellas, los bebés que han sufrido zamarreos y que han presentado este síndrome sufren alguna forma de discapacidad permanente en diferentes grados.

Entre los efectos que este síndrome puede tener a largo plazo se encuentran:

Ceguera
Parálisis
Trastornos del lenguaje
Retraso en el desarrollo
Trastornos de aprendizaje
Dificultades de comprensión
Trastornos en la memoria y la atención
Parálisis cerebral
Estado vegetativo completo

El zamarreo o sacudida de los niños y niñas pequeños es una forma de maltrato en la medida en que puede generar graves daños para su salud física e incluso su vida. Debemos erradicar esta práctica, pues a pesar de que a veces lo hacemos al jugar y regalonear a nuestros niños y niñas, puede generar daños irreversibles en sus vidas e incluso llevar a la muerte. Es importante que quien lea esta columna, se transforme en agente de prevención de este síndrome informando a aquellos que por una u otra razón no saben de esto, y de este modo, contribuir a la erradicación de este síndrome contra niños y niñas que vulnera sus derechos y pone en riesgo su integridad física y su vida.

Si al leer esta columna le surgen dudas, es importante que pregunte y se informe en su centro de salud, con su pediatra, o en Salud Responde (600 360 7777).

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