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Acompañar a mi hija-madre

Soledad Moreno

Psicóloga

Equipo Línea de Ayuda para niños, niñas y adolescente, Fundación ANAR

Acompañar a mi hija-madre

Que tu hija adolescente se embarazara probablemente no era lo que querías. Es normal que los padres se enojen, sientan miedo por el futuro, se decepcionen o se entristezcan. Todo eso lo debe haber sentido también tu hija. Junto a esas sensaciones muchas veces también aparece la alegría, el orgullo, la esperanza, la ternura y la preocupación por ese nuevo ser humano que se está gestando. Porque si ser padres es un desafío, ser una mamá adolescente lo es aún más, así como lo es acompañar en el proceso a una hija adolescente.

La gestación involucra todo lo que somos: el cuerpo, las emociones y los pensamientos; todo se moviliza para dar lugar a un nuevo ser. Incluso el entorno cambia, ya que si bien es la mujer quién está embarazada, los que están alrededor acunan al bebé con sus cuidados, acogida y protección hacia la guagua y su madre. Los estudios indican que el estado emocional de la madre afecta directamente al bebé a lo largo de su gestación, así como los cuidados de su salud y alimentación. La madre en el proceso de vincularse y de cuidar a su guagua, va construyendo la arquitectura de su cerebro a muy temprana edad,  dándose un proceso indivisible entre el bienestar de la madre durante la gestación y el bienestar presente y futuro del bebé.

Hay ayudas que pueden ser muy significativas a pesar de ser pequeñas, como “Descansa, yo termino esto por ti”

Es importante comprender que la gestación es un período sensible para cualquier mujer, que requiere contención, cuidado y protección del entorno, y más aún cuando se trata de una madre adolescente, que por la misma etapa vital que atraviesa, tendrá que enfrentar mayores desafíos, como responder a las presiones del entorno social y relacional (familia, escuela, comunidad), el temor a no estar preparada para hacerse cargo del bebé y el ajuste a roles difíciles de compatibilizar (hija, madre, estudiante), entre otros.

A continuación te presentamos algunas ideas para acompañar a tu hija en este proceso:

a)      Contener emocionalmente: Tanto la gestación como la adolescencia son períodos de importantes cambios físicos y emocionales. Es normal entonces que tu hija pueda estar un día más sensible, más triste, enojada consigo misma, a ratos confundida o sentirse inútil o fea. En esos momentos, un abrazo, una palabra amable, sentarse a escuchar sin juzgar, o una pequeña atención como llevarle la once, pueden ayudarla a reconfortarse y recuperar su equilibrio emocional, disminuyendo el estrés y cuidando entonces también al bebé.

b) Acompañar la búsqueda de información y toma de decisiones: Con el embarazo se vienen mil dudas, sobre lo que está bien hacer o no, la salud del bebé, el futuro, el parto o cómo conciliar estudios y maternidad. También a veces hay que tomar decisiones que requieren información clara y veraz. En general, los adolescentes no quieren ni necesitan que se les diga qué o cómo hacer las cosas, pero si requieren alguien de confianza con quién conversar sus preocupaciones, dudas e ideas.  Puedes acompañar estando disponible para escuchar y ayudándole a buscar información confiable (no todo lo que hay en internet lo es), buscando diferentes alternativas y evaluando las ventajas y desventajas de ellas. Al conversar con tu hija evita la charla unidireccional (Tu hablar y aconsejas y ella escucha y obedece), ayúdale a irse conociendo con preguntas, que piense por sí misma, tomando sus propias decisiones ¿Qué quieres? ¿Qué es lo que te gusta de esta opción? ¿Qué pasará si…?

c)       Ofrecer apoyo: Que tu hija sepa que cuenta contigo, y que estás interesada en su bienestar y el de su guagua. Pregunta ¿Necesitas ayuda en esto? ¿Cómo puedo apoyarte? Y luego ofrece sólo aquello que realmente estás dispuesta y puedes realizar. Si no puedes apoyar en algo ayúdale buscando juntas donde poder encontrar ese apoyo. “Como yo trabajo, podemos buscar una sala cuna que te ayude con el cuidado de la guagüita y así vuelves a estudiar”. Hay ayudas que pueden ser muy significativas a pesar de ser pequeñas, como “Descansa, yo termino esto por ti” o una vez que haya nacido la guagua ofrecerse a cuidarla para que ella pueda distraerse un momento.

d)      Apoyar el vínculo: El vínculo comienza a generarse mucho antes del nacimiento.  Sin embargo, cuando el bebé no es deseado en un inicio, como podría ser el caso de una adolescente, el vínculo podría verse interferido por emociones de rechazo, ambivalencia o temores. Eso no significa necesariamente que la adolecente no quiera a su guagua, sino que requiere adaptarse a la idea. Puedes colaborar con el vínculo evitando especialmente poner el deber ser como exigencia “Tienes que…”, y favoreciéndole a que se conecte, ‘vea’ y sienta a su guagua. Para ello sirve escuchar sus latidos o ver su imagen en la ecografía, además de irse creando una imagen mental de la guagua y de ella cuidándolo. Ayúdale con comentarios como: “¿Qué nombre le quieres poner?” “¡Qué fuerte su corazón, escucha sus latidos!” “Cuando tu guagüita haya nacido, vamos a ir a ese lugar que tanto nos gusta” ¡Qué linda te vas a ver con tu bebé!  Asimismo, conocer el desarrollo embrionario por cada semana puede ir ayudando a crear esta imagen, y comentarlo juntas: “¡Ya es como la palma de tu mano! o ¡Le crecieron sus brazos y piernas!” “¿Por qué no le hablamos? ¡Ya puede escucharnos!”.

e) Permitirle seguir siendo hija y adolescente: Que sea madre no significa que es adulta, en otras áreas de su vida sigue siendo una niña que requiere la compañía, guía y apoyo de sus padres, así como también necesita de estructura y límites que la protejan. Necesitará seguir construyendo su identidad y adaptándose a los múltiples roles que debe cumplir, además de ser mamá. Este proceso puede ser muy demandante y necesitará tu apoyo para seguir juntándose con amigos, para elegir pareja, para continuar sus estudios, etc.

f)       Permitirle ser mamá: Puede que la veas que es aún es muy pequeña o inmadura para ser madre y eso te tentará a suplirla en su rol, tomar las decisiones y hacerte cargo de tu nieto(a). Si le das espacio y apoyo verás que puede comprometerse con su hijo(a) y hacerlo bien. Siempre podrás estar presente a través de tus consejos, tu ejemplo y la forma en que ya la criaste a ella, ya que todos aprendemos a cuidar de acuerdo a cómo fuimos y somos cuidados. Deberás saber y aceptar que habrá cosas que querrá hacer diferentes, y está bien que así sea, siempre que no pongan en riesgo al bebé. Recuerda que no hay una sola forma de criar y confía en tu hija.

Y finalmente, permítete a ti disfrutar este período, a pesar de las dificultades. Alégrate de los avances de tu nieto(a) y de tu hija, acompáñense en las dudas y sigue compartiendo con tu hija, lo maravilloso del proceso de tener hijos y criar.

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