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Vivir el duelo por la muerte de tu bebé

Fundación Amparos

Vivir el duelo por la muerte de tu bebé
FUNDACION AMPAROS es una agrupación de padres que sufrieron la pérdida de su bebé, que acompaña a quienes viven una experiencia similar. Escríbenos a contacto@amparos.cl, o visítanos en http://www.amparos.cl

Los padres y madres que hemos perdido un/a hijo/a, sabemos que esa experiencia nos cambia completamente: pasamos a ser otras personas, unas que cargan con una pena que nunca pasará, como si ella fuera una parte más de nuestro cuerpo y mente, un elemento más en nuestra configuración física y emocional. Esta nueva vida que comenzamos, sin embargo, no es necesariamente un camino de dolor constante, en el que no veremos nunca más la felicidad. Aunque así lo sintamos a veces, es posible sobrellevarlo, aprender a vivir con él y aceptar a la nueva persona que nace de esta tragedia.

Intentaremos brevemente entregar algunas palabras orientadoras a esos padres.

La experiencia muestra que con el tiempo a muchos papás y mamás el duelo los ha impulsado a emprender nuevas actividades o profundizar en nuevas reflexiones, abriéndose a mundos nuevos: tanto exteriores como interiores

Estar en duelo: un proceso personal, no una enfermedad

El duelo – aquel proceso marcado por intensas emociones tales como rabia, angustia, tristeza profunda, desconsuelo, desolación, agudeza en nuestros juicios, máxima sensibilidad, culpa, miedos, necesidad de aislamiento y apoyo al mismo tiempo – no es una enfermedad: es un proceso que cada persona transita distintamente, a ritmos diversos y encontrando respuestas diferentes a los cuestionamientos vitales surgidos durante él. En este sentido, no existe un remedio o receta única para calmar o poner fin a esta etapa dolorosa de nuestra vida; cada cual irá haciendo su propio camino de sanación.

Así, aunque algunas personas te digan que pasado cierto tiempo es ya hora de secar las lágrimas, salir al mundo y estar bien, intenta no imponerte esas categorías. Vive tu duelo, sin apresurarte. Tu tiempo es distinto al de otros. Para algunos éste dura un año, para otros tres, para otros el pesar solo aparece tiempo después de vivida la pérdida y para algunos se siente como ciclos pendulares de dolor, intercalados con momentos felices. No te obligues a enfrentar la vida como siempre lo hiciste si hay días en que tu angustia es demasiada, no te empujes a tomar muchos proyectos si no te sientes capaz. El duelo es un tiempo para cuidarte. Escúchate, sé comprensivo/a contigo/a mismo. Cada día tiene su afán. Si un día no quieres salir de tu casa, deja esa tarea para mañana o para cuando tengas un impulso que no implique exigirte demasiado.

Buscar lo que te acoge y lo que tiene sentido para ti

No obligarte a salir del duelo rápidamente no significa quedarte centrado/a en el dolor, sino elaborarlo y buscarle una salida de manera adecuada. Elaborar el duelo significa aceptar que fue nuestro/a hijo/a el/la que murió, no nosotros/as – aunque a veces así lo creamos. Quedarnos encerrados en nosotros mismos y aislarnos completamente puede traer consecuencias muy negativas. Hay tanto que sacar fuera del corazón, tanto que expresar, tanto frente a lo cual sentirse rebelde o castigado. No te quedes con eso dentro. Busca algún modo o a alguien empático con quien compartirlo para ir aliviando la carga e ir dándole perspectiva. Puede ser un psicólogo/a o acompañante espiritual. Puede ser un/a buen/a amigo/a. Busca personas afines, con quienes te sientas escuchada/o e intenta evitar ambientes y opiniones que te depriman. Existen grupos de padres que pueden acoger tu sufrimiento.

La experiencia muestra que con el tiempo a muchos papás y mamás el duelo los ha impulsado a emprender nuevas actividades o profundizar en nuevas reflexiones, abriéndose a mundos nuevos: tanto exteriores como interiores. Algunos se atreven a inscribirse en un curso de yoga o en círculos de conversación, otros a escribir poesía, otros buscan realizar un voluntariado para poder canalizar ese amor que no pudo ser entregado al hijo/a. Todas ellas son formas válidas para ayudarse a seguir adelante y nos muestra que la muerte de un ser querido nos da otra visión de la vida.

Si estás en pareja, lograr comunicación y apoyo mutuo es de gran ayuda. Pero debemos recordar que en toda relación existen diferencias en la manera de procesar y demostrar los sentimientos entre una persona y otra, así como de enfrentar el dolor. Una manera de resolver las distancias es encontrar instancias adecuadas para conversar acerca de lo que siente y espera cada uno del otro, en este tiempo. De esa manera será más fácil evitar una posible bifurcación de ambos caminos.

La reacción del entorno

Volver a la casa sin un/a hijo/a en los brazos es muy duro. Pero también lo es insertarse en un mundo que, por lo general, silencia este dolor o bien lo olvida rápido. Tu procesión va por dentro y se intensificará en muchas situaciones cotidianas: cuando veas mujeres embarazadas, bebés, niños/as maltratados/as, cuando te pregunten “cuantos hijos/as tienes”, cuando te digan “tienes un angelito en el cielo” –siendo que tú querías un/a hijo/a- cuando insistan en que sostengas a la guagua de tu prima/o, cuando te inviten a un bautizo o un baby shower. En esas circunstancias es normal que sientas rechazo o envidia, dificultad para relacionarte con otros o crisis emocionales. Es parte del proceso: no te sientas culpable. Ya pasará. Si puedes, intenta ser claro/a con las personas que queremos y no saben cómo actuar, comentándoles que para ti es muy difícil enfrentar estas situaciones y que por el momento prefieres evitarlas. Las fechas significativas también serán momentos removedores y es importante plantear(se) qué es lo que uno espera de esos días, de uno/a mismo/a y de los demás.

Con el tiempo, podrás retomar aquellas actividades que antes hacías, y otras nuevas que nunca pensaste hacer. La muerte de tu hijo/a ser irá haciendo más llevadera y podrás darle un sentido y significado personal que te ayudará a sobrellevarla y valorar la vida y todo lo que te rodea, desde una nueva mirada.

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