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Ser padre en nuestros días.

Andrés Tapia

Psicólogo Clínico

Servicio Fono Infancia- Fundación Integra

Ser padre en nuestros días.

Todo aquel que ha vivido, de una u otra forma, la paternidad, podrá distinguir entre el rol de padre y el de madre. Para quien no tiene hijos/as, pero sí ha sido uno/a, posiblemente puede identificar con relativa claridad qué cosas podía esperar de su padre y qué cosas de su madre. Para quienes sí son padres o madres, es probable que puedan identificar en sí mismos formas de ejercer este rol que, más allá de los matices personales, están “condicionados” por lo que culturalmente se espera que un padre/hombre y una madre/mujer deben hacer.

Es así como para algunos la figura del padre está más relacionada con la autoridad, protección y ser proveedor, dejando la figura de la madre centrada en el afecto, contención emocional, cuidados cotidianos y reglas del día a día. Y es que el rol parental está, como todo rol social, construido por una serie de visiones y expectativas que la sociedad deposita en sus miembros, por lo que la variable de género también juega un rol importante dentro de este “ser padre”. En este contexto cabe preguntarse, ¿qué significa para un hombre ser padre en la actualidad?

Según estudios relacionados con el tema, algunos padres suelen involucrarse menos que las madres en lo que acontece a sus hijos e hijas, ya sea en el ámbito educacional, de salud, o bien en lo relativo a dificultades emocionales y/o conductuales, existiendo en muchos casos la creencia que sus hijos e hijas son más cercanos emocionalmente a sus madres. Algunos padres o figuras paternas pueden creer incluso que sus opiniones son menos valoradas que las de la madre, a raíz de que comparten menos tiempo con sus hijos e hijas en comparación con ellas. Esta y otras visiones del rol del padre están muy centradas en un enfoque más tradicional de género, donde se evidencia un auto concepto más alejado de la esfera emocional.

Sin embargo, en la actualidad se observa un aumento en la participación del padre o de hombres que ejercen el rol paterno, incluso desde el nacimiento y luego en el posterior cuidado de su hijo o hija. Estas transformaciones han llevado a que hoy en día los padres o figuras paternas se acerquen cada vez más a sus bebés, trabajando para lograr formar un vínculo afectivo con ellos desde sus primeros días de vida. De esta forma, la visión que los propios padres tienen de sí mismos en su rol ha cambiado de forma positiva. Son ellos quienes reportan que se comprometen en actividades con sus hijos e hijas, pues lo consideran importante tanto para ellos como para los niños /as y a su vez les produce mucha satisfacción. Valoran su rol de padre y no tiene que ver con un cumplimiento forzado de una obligación impuesta.

Entonces, ¿se puede pensar que tanto padres como madres pueden ejercer de la misma forma su rol? Si bien ambos muestran la tendencia a conectarse emocionalmente con sus hijos e hijas, son capaces de interpretar sus señales y sienten el compromiso de la crianza, sí existe una diferencia en la forma que ambos ejercen sus capacidades parentales. Es así como, más que la búsqueda de equiparar roles y funciones se trata de reconocer las diferencias en la crianza, pero sin desconocer o aplacar la vinculación afectiva, en cuanto no es excluyente de género.

¿Qué impactos tiene en el niño o niña esta nueva forma de ver y ejercer el rol paterno? La importancia que juega el rol del padre en la vida de sus hijos e hijas se ha indicado como un factor protector para su desarrollo. Según estudios sobre el tema, los niños y niñas cuyos padres se han mostrado emocional y físicamente accesibles, presentes y activos en el ejercicio de su rol, evidencian mayor tolerancia a eventos estresantes, tienen una mejor adecuación al mundo que los rodea, poseen una autoestima y confianza en sí mismos mucho más desarrollada. Así mismo, cuando tienen una relación positiva con un padre altamente comprometido con su rol, se asocia mayor capacidad cognitiva, mayor empatía, creencias sexuales menos estereotipadas y mayor capacidad de autocontrol. La forma en que los padres juegan con sus hijos e hijas también tienen efectos directos en su desarrollo: debido a la tendencia paternal de apoyar las conductas exploratorias y novedosas, combinado con la preferencia por enriquecer las actividades más cotidianas, incentivan la resolución de problemas, agudiza la capacidad de análisis, desarrollan la curiosidad por su entorno y mejora sustancialmente su capacidad de adaptación.

No hay una forma única de ser padre, pero independiente de la forma que escoja serlo, recuerde que para su hijo o hija, usted es un actor principal en su historia de vida y eso le da la posibilidad de darle a él o ella una experiencia de vida nutritiva y gratificante, que lo acompañará por siempre.

Para finalizar, dos recomendaciones para poner en práctica y aprovechar el regalo de ser padre:

Exprese amor y cariño de todas las formas que le sean posible: caricias, palabras, gestos y actos amorosos son fundamentales para que su hijo o hija se sienta seguro/a, protegido/a y querido/a. Muchas veces creemos o esperamos que nuestros hijos e hijas sepan lo que sentimos por ellos, pero la única forma de que este mensaje llegue con fuerza es que seamos especialmente activos en mostrarlo.

No piense que hay una sola forma de ejercer su rol, no se restrinja a lo que “debe ser”, no crea que hay temas que son “de la mamá”, en especial los relacionados con los afectos y emociones. Para su hijo o hija usted es una de las personas más importantes de su vida, por lo que jamás estará de más una caricia, un beso, un abrazo, un apoyo en momentos difíciles. No se pierda la oportunidad de disfrutar a sus hijos e hijas con todas las posibilidades que tiene a su disposición. Nunca es tarde para comenzar a hacerlo.

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