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Columnas del Experto

La Sexualidad Infantil en la Primera Infancia

Claudia Moya Dabed

Psicóloga Clínica Infantil

Profesional de apoyo en FONOINFANCIA

La Sexualidad Infantil en la Primera Infancia
Muchas veces los niños y niñas nos sorprenden con preguntas respecto a la sexualidad, como las siguientes: ¿Cómo entró el bebé a la guatita de la mamá? ¿De dónde viene la caca? ¿Por dónde nacen los bebés? ¿Por qué se me pone duro el pilín? ¿Por qué tengo que dormir en mi cama? ¿Por qué tengo que dejar mi tete? ¿A los niños siempre les gustan las niñas? ¿Por qué no puedo hacer pipí parada como mi hermano? ¿Por qué no puedo pololear con mi primo? ¿A qué estaban jugando los papás anoche?

Muchas veces los niños y niñas nos sorprenden con preguntas respecto a la sexualidad, como las siguientes: ¿Cómo entró el bebé a la guatita de la mamá? ¿De dónde viene la caca? ¿Por dónde nacen los bebés? ¿Por qué se me pone duro el pilín? ¿Por qué tengo que dormir en mi cama? ¿Por qué tengo que dejar mi tete? ¿A los niños siempre les gustan las niñas? ¿Por qué no puedo hacer pipí parada como mi hermano? ¿Por qué no puedo pololear con mi primo? ¿A qué estaban jugando los papás anoche?

También observamos conductas que nos impactan y complican como la masturbación o tocaciones de sus genitales, la realización de juegos sexuales entre niños/as del mismo sexo o del sexo contrario, la curiosidad por observar cuerpos desnudos, entre otras. Todos estos cuestionamientos y comportamientos de los niños y las niñas son naturales y corresponden al momento en el cual están, tanto en lo psíquico, como en lo emocional y en lo corporal.

Cuando estas interrogantes y conductas se presentan, la impresión de los adultos y la manifestación de sus emociones varían según diversos factores como su historia infantil, la relación a su propia sexualidad, la cultura en la que están insertos, entre otros. Pero independientemente de esto, siempre nos inquieta de alguna forma enfrentar este tema y no tenemos la certeza si nuestra respuesta o acción fue la adecuada. Entonces, vemos que atender a la sexualidad infantil es algo complejo, es un tema del cual se evita hablar, y que generalmente, se relaciona de manera equívoca sólo con las prácticas sexuales. Sin embargo, la sexualidad está presente desde los orígenes del ser humano y lo acompaña a lo largo de toda su vida, razón por la cual influirá en su identidad, en sus relaciones, en sus características de personalidad y en su salud mental.

Frente a nuestra realidad nacional actual, en relación al significativo aumento de denuncias por abuso sexual infantil, es fundamental levantar el manto que oscurece el concepto de sexualidad y así lograr hablar abierta y respetuosamente con los niños y niñas al respecto, ayudándolos en el conocimiento y cuidado de su cuerpo. No basta con la conocida frase de los padres a sus hijos “tu cuerpo es tuyo y nadie debe tocarlo”. Los adultos creen que con la incesante repetición de esta afirmación será suficiente para protegerlos. Este enunciado no solo responsabiliza a los niños y niñas frente al cuidado de su propio cuerpo, sino que funciona como un cierre a sus inquietudes respecto este tema. Habitualmente las manifestaciones de la sexualidad infantil son connotadas por padres y cuidadores a partir de una perspectiva adulta, y entonces la dificultad para contestar las preguntas del niño, así como abordar sus conductas, se relaciona con que se piensa sólo desde esta mirada y no desde lo que le ocurre al infante. Generalmente frente a éstas, los padres y los cuidadores se paralizan y /o angustian. Debido a esto es necesario empatizar con los niños y niñas, realizar el ejercicio de colocarse en su lugar, responder sólo lo que nos preguntan, respetar sus procesos y escuchar cuáles son sus propias teorías respecto la sexualidad.

Asimismo para el objetivo de la protección infantil en este tema, hay que distinguir entre “estar atentos” y “estar alarmados”. En este sentido, como adultos debemos saber cómo se desarrolla la sexualidad infantil, conocer lo que piensan y sienten los infantes e interesarse por lo que sucede en su mundo interno, ya que solo así podremos guiarlos, cuidarlos y acompañarlos en este camino.

Para este objetivo se plantea como premisa que la sexualidad se relaciona con energía, también llamada libido sexual. Esta energía se manifiesta desde el nacimiento hasta la muerte del ser humano. Siguiendo la imagen que nos propone Francoise Dolto, pediatra francesa, la libido sexual es como agua corriendo en una fuente, fluyendo de forma continua, cuidando que ésta no se detenga, ni se estanque. [1]

Para comprender de forma preliminar y esquemática, como se manifiesta la sexualidad infantil en la primera infancia utilizaremos la noción de estadios. Éstos explican cómo se organiza la energía sexual a través del cuerpo del ser humano. El niño o niña transita por los estadios y en cada una de ellos obtiene aprendizajes y logros que le permiten desarrollarse como un ser cada vez más autónomo. El tiempo de duración de cada etapa variará según los tiempos y ritmos de cada niño o niña, no son etapas exactas ni están definidas por una edad cronológica determinada, dependerá de la particularidad de cada niño y niña. El paso entre una fase y otra significarán una pérdida y a la vez una ganancia en su crecimiento. Estas aproximaciones colaboraran en el respeto por la subjetividad en el proceso de crianza y nos ayudaran a tener una mirada respetuosa del proceso del desarrollo infantil.

En el primer estadio de la vida, el bebé inicia el conocimiento de sí mismo y del mundo a través de su cuerpo y conoce lo que lo rodea a través de la oralidad, que abarca la presión labial, dental y gustativa, la facultad de deglución, y la emisión de sonidos así como la inhalación y exhalación del aire. Esta fase se caracteriza por la alimentación del lactante a través de la succión del pecho materno. En un principio esta actividad se ligaría a una necesidad fisiológica y de sobrevivencia, ya que si el bebé no es alimentado se muere. Pero en la medida que avanza el tiempo, la actividad de la succión no es exclusiva para su nutrición sino que la realiza en otros momentos y además le proporciona placer. Es así como se constituye la primera zona erógena, que sería la zona bucolabial, es a través de ésta donde el bebé puede proporcionarse placer a través de su propio cuerpo, lo que se define también como una actividad autoerótica donde el infante descubre la autoestimulación. El lactante avanza, pasa de la succión a la mordedura, donde aparece el componente agresivo; el bebé no posee palabras para expresarse, lo hace a través del succionar, chupar, babear, morder, llorar y/o gritar, todas actividades que manifiestan demandas y emociones que los adultos deben interpretar. Un hito relevante de la maduración de esta etapa es el destete, que representa la separación del cuerpo del niño con el cuerpo de la madre, renuncia que posibilitará el acceso al lenguaje y a la relación con el exterior, se constituye así el primer modelo de satisfacción futura.

La segunda etapa se denomina anal, el bebé va haciéndose un cuerpo en el cual habitar, es aquí donde el Infante va adquiriendo mayor autonomía, ésta se expresa a través del descubrimiento de poder controlar y dominar su cuerpo, lo que genera placer en él. Aprende a caminar y a desplazarse por sí mismo, es capaz de contener o expulsar su orina y sus heces. A través del control de sus esfínteres, el niño y la niña comienza a percibir la noción de tiempo ya que entenderá que la comida realiza un recorrido desde su entrada hasta su salida, incorpora lo que le sirve y elimina lo que no utiliza, además de entender que las heces son un objeto separable de su cuerpo como el pecho de la madre. En este tiempo los infantes empiezan a cuestionarse y teorizan respecto el nacimiento de los bebés, las diferencias anatómicas entre los niños y las niñas, la diferencia entre los orificios corporales respectivos para orinar, defecar y nacer.

Según lo expuesto, es primordial que los padres sean capaces de propiciar una sana separación según el momento en el que están sus hijos. La sexualidad se relaciona con acompañar al bebé en su tránsito hacia la niñez, entregar confianza en él para que sea capaz de establecer los límites entre su cuerpo y el cuerpo del otro, otorgar la seguridad para que pueda constituirse como un sujeto autónomo y apoyarlo en el descubrimiento del conocimiento de su cuerpo.

[1]Dolto, Francoise. La Imagen Inconsciente Del Cuerpo. Editorial Paidós. España, 1984

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