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El Juego y su importancia en el desarrollo infantil temprano

Katherine Quintana Yañez

Educadora Diferencial en discapacidad mental, Especialista en Atención Temprana del Desarrollo Infantil y Psicomotricista.

Sala de Atención Temprana CHCC San Joaquín

El Juego y su importancia en el desarrollo infantil temprano

El juego espontáneo, que surge naturalmente como expresión del mundo interno del niño y la niña, es la ocupación más importante que tienen los seres humanos durante sus primeros siete años. Diversos y diversas especialistas en primera infancia convergen en la importancia del juego para el sano desarrollo infantil, argumentando que durante el juego, el niño y la niña entran en un estado de placer, de bien estar y de concentración, que les permite poner en práctica tanto sus habilidades motrices como cognitivas, emocionales, sociales y lingüísticas.

¿Qué entendemos por juego espontáneo?

Es un juego libre e iniciado, desarrollado y terminado por la propia niña o niño, sin intervenciones del adulto. El juego para denominarse como tal debe ser libre. Si es dirigido, deja de ser juego y pasa a ser una actividad lúdica, que tiene otro objetivo que no es el simple jugar por jugar. Generalmente se utiliza con fines educativos o terapéuticos, pero es importante tener claro, que en estos casos, el juego deja de ser juego, pues se rompen sus principios fundamentales, que son: ser espontáneo, placentero, y surgir por propia iniciativa de quien juega.

Para facilitar el juego espontáneo se debe tener en cuenta que:

1. El espacio de juego debe estar preparado antes de ofrecerlo al bebé, la niña o el niño. A partir de los 3 meses de vida más o menos, cuando la guagua empieza a moverse más y permanecer más tiempo despierto, se puede organizar un lugar bien iluminado y limpio en el suelo, colocar la alfombra de goma eva y poner al bebé de espalda para que juegue cómodamente.A-2 alfombra con nin¦âo

2. La persona adulta que se encuentre a cargo, debe garantizar condiciones de seguridad en el espacio que se dispone para jugar, tapar enchufes, afirmar muebles, higiene, etc.

3. El espacio, para las guaguas que ya se desplazan debe estar delimitado de manera concreta, ya sea con un corral (al menos de 2×2 mts.), con muebles firmes, con paredes, etc, dando una sensación de estructura en donde se puede ejercer la libertad de juego y movimiento, donde no sea necesario estar diciendo “no” a cada instante a la guagua, destacando también la importancia de un medio ambiente segurizante para el niño y la niñas.

4. Se debe respetar la postura más cómoda y de dominio de la guagua, niño o niña, de tal forma que pueda modificar esa postura a voluntad, sin cojines, correas o arnés de ningún tipo, salvo en casos de displasia. El jugar exige libertad de movimientos, por eso no son recomendables los aparatos en que el bebé está fijo en una postura, como los centros de actividades, sillas nido, andadores, saltarines, gimnasios, entre otros.

El Juego

En los primeros meses, se recomienda comenzar con la postura de espalda, pues es la primera postura que posee el ser humano, y el bebé irá construyendo su motricidad sanamente a partir de esta postura. No es necesario sentarle con cojines para jugar, pues de espalda lo puede hacer igualmente y con más tranquilidad, ya que no tendrá que hacer un esfuerzo para mantenerse en equilibrio.

El juego depende fundamentalmente de la coordinación ojo-mano y la coordinación de todo el cuerpo cuando la niña o niño es un poco más grande. Por esta razón es importante respetar el desarrollo maduracional de la motricidad al momento de facilitar el juego. Investigaciones realizadas en el Instituto Pikler-Lóczy de Budapest (Hungría), señalan que al no respetar la postura de la guagua, niño o niña domina por sí mismo (p. ej: sentándolo o parándolo), se está interfiriendo en el sano desenvolvimiento de esta persona, pues su juego se ve obstaculizado por la falta de equilibrio y la angustia de caída que siente al moverse para querer tomar un objeto. De esta manera se inhibe su iniciativa y se genera mayor dependencia del adulto, pues debe llorar para conseguir lo que quiere al no poder proveérselo por sí mismo.

5. Los objetos que se ofrecen al niño o niña deben ser bien pensados según su nivel de desarrollo más que la edad. Por ejemplo, a una guagua que está de espaldas, moviéndose mucho, tratando de girarse sobre el vientre, no se le puede ofrecer una pelota que gire rápidamente, por el contrario, se ofrecen objetos que pueda tomar fácilmente y que no se alejen con facilidad pues aún no puede desplazarse autónomamente para ir a buscarlos.

Se sugiere comenzar observando a la guagua sobre su cuna, para saber si ya es capaz de jugar con sus manos. Este es el primer objeto de juego, pues la guagua descubre su mano primero por casualidad y luego sabe que puede moverla voluntariamente y comienza a jugar de diversas formas con ella. No es recomendable “meter” un juguete en la mano del bebé en los primeros 2-3 meses, pues el uso de la mano en esta etapa cumple un importante rol en el desarrollo posterior.

Luego que el bebé ha logrado descubrir su mano y la utiliza para jugar, se le puede ofrecer un pañuelo con lunares que resalten del fondo, ubicado en forma vertical, tipo cono, a un costado del bebé cuando aún se encuentra en la cuna, comenzando a alternar este espacio con periodos de juego cada vez más prolongados en el suelo. Objetos adecuados, entre 4 y 8 meses son diversos pañuelos, recipientes plásticos pequeños y medianos de diferentes colores y que se puedan encajar uno con otro, recipientes de metal y madera para hacer el contraste con los anteriores, pelotas de género que rueden lentamente, una muñeca pequeña, argollas de madera, entre otros. Evitar el uso de juguetes con luces y sonidos que sobre-estimulan al bebé.

Para quienes ya se desplazan reptando o gateando, se deben agregar otras pelotas que rueden más fácilmente, pues en esta etapa las pueden ir a buscar por sí mismos. Así también es importante ofrecer materiales grandes de madera que le permitan reptar o gatear sobre diversas superficies y planos, tales como rampas, plataformas y escaleras pequeñas (15 cm. De alto), túneles y estructuras verticales, como trepadores triangulares, donde la niña o niño pueda jugar con su cuerpo completo, ejercitando diversas coordinaciones, desplazamientos, posturas, equilibrio, entre otros.

En definitiva, durante el tiempo de juego el rol del adulto es principalmente acompañar desde la observación, asistir al niño o niña si es necesario solamente, sin interrumpir sus actividades espontáneas para proponer juegos que le interesan al adulto o que quiere enseñar a la guagua. Sí se recomienda jugar con ella o con él si le invitan, siguiendo el hilo del juego propuesto por el niño o niña, pero no tomar la iniciativa de mostrarle cómo o a qué jugar. Este espacio debe ser respetado como un espacio de protagonismo infantil.

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