MaterialesColumnas del Experto

Columnas del Experto

Re-conociendo el valor de la diferencia

Ilona Bartibas Fernández

Psicóloga

Servicio Fonoinfancia Fundación Integra

Re-conociendo el valor de la diferencia

El enfoque médico ha concebido a la persona con discapacidad como enferma, portadora de “defectos que deben corregirse”, haciendo hincapié en sus limitaciones, más que en sus posibilidades. En el contexto educativo, esta conceptualización ha incitado a centrarse en las dificultades y carencias del niño/a, más que en las expectativas de desarrollo que puedan tenerse de él/ella, convirtiéndose muchas veces en un techo que estanca su potencial.

Que todas las personas seamos diferentes, parece una premisa de una obviedad evidente, si bien en ella se consolida el nuevo Paradigma de la Diferencia. Los niños y niñas no son iguales y por tanto, no deben ser tratados de la misma manera, o como si existiera un niño/a estándar o ideal al que estemos esperando contrastar.

La homogenización de la educación ha resultado ser una estrategia tremendamente discriminatoria al etiquetar, clasificar y jerarquizar a los niños/as, validando la exclusión de cierto número de alumnos de las aulas regulares para impartirles una ayuda especial a través de las escuelas diferenciales. La enseñanza que nos ha dejado esto es justamente entender que la “igualdad de oportunidades” no significa homogenizar si no que garantizar las condiciones que favorezcan el proceso de aprendizaje de cada niño y niña, haciéndonos cargo de toda su riqueza vivencial, sus intereses, motivaciones, recursos y necesidades para ajustar un traje a su medida que pueda propulsar el despliegue de su potencial a través de una educación para todos/as”.

Uno de los primeros pasos hacia un nuevo paradigma en Educación surge a partir del concepto de Necesidades Educativas Especiales (NEE) descrito en 1978 por Mary Warnock. Bajo esta lógica, no se concibe al niño o niña como portadores de una falencia, sino que se focaliza en el Proceso de Aprender. Si bien, un estudiante puede tener una condición inherente (ceguera, parálisis cerebral, disfasia, etc.) es la respuesta educativa la que determina las posibilidades de participación que tendrá, ya sea de forma temporal o permanente, en el contexto educativo. Y en este sentido, los cambios no dependen solamente de adaptaciones que deben ocurrir en el niño/a o su familia, sino también en el mismo proceso de enseñanza-aprendizaje en virtud de facilitar el logro de aprendizajes significativos en la esfera académica y socio-afectiva.

Esto implica la búsqueda de “recursos educativos” para atender las NEE a través de la disposición positiva y formación de los/as educadores/as, la revisión y creación de los proyectos educativos, la implementación y flexibilización de adecuaciones curriculares y la diversificación de métodos de evaluación y de enseñanza-aprendizaje. De esta forma, se ha ido gestando un salto cualitativo respecto a las definiciones de Discapacidad (OMS; 2001) donde se plantea que esta se expresa en la relación entre las limitaciones que puede presentar un individuo para participar en actividades y las barreras o restricciones que impiden dicha participación.

El nuevo paradigma de la Inclusión busca dirigir acciones para eliminar las barreras físicas, personales e institucionales, que obstaculizan el acceso al aprendizaje y la participación para que “todos los niños y niñas de una determinada comunidad aprendan juntos independientemente de sus condiciones personales, sociales o culturales”.

De esta forma, la Ley Orgánica 2/2006 de Educación (LOE) va más allá del modelo de “integración” escolar para promover un modelo de “Inclusión”, en el que ya no se trata de que el alumno se ajuste al sistema educativo en el que se le pretende integrar, sino de ajustar el propio sistema educativo a la diversidad de su alumnado. Apunta a centrarse en las potencialidades de niños y niñas, tengan las características que tengan. Y para ello, es necesario identificar las necesidades educativas de cada uno/a y concebirlas desde un carácter modificable. ¿Qué significa esto? Que los adultos seamos capaces de creer que es posible generar cambios y enriquecer el desarrollo de los niños/as. Padres, Educadores, Especialistas capaces de creer que niños y niñas pueden beneficiarse de las respuestas educativas que se les brinden.

Esta nueva perspectiva ha encontrado asidero en estudios de la neurobiología que han logrado comprobar la plasticidad del sistema nervioso como una característica propia del ser humano, dando énfasis a la estimulación del entorno, especialmente del clima que exista en la experiencia de aprender.

Un hallazgo importante del neurólogo P. Huttenlocher, de la Universidad de Chicago, revela que, si bien las interacciones neuronales continúan estableciéndose a través de toda la vida, alcanzan sus más altas densidades alrededor de los dos años de vida y permanecen en ese nivel solo hasta los diez años. Por tanto, resulta fundamental en esta etapa del desarrollo enriquecer las conexiones mediante experiencias significativas que medien los aprendizajes, lo que implica un gran desafío tanto para los padres, educadores y encargados de generar políticas educativas, muy especialmente en lo que se refiere al nivel de educación parvularia.

Para ello, la aceptación positiva del niño con NEE, por parte de los padres como de los educadores y de su grupo de pares, es una condición básica para el crecimiento sano, su ajuste social y el desarrollo de una autoestima positiva. Se ha comprobado que los niños y niñas que presentan una alta autoestima aprenden más rápido, retienen la información por más tiempo, responden positivamente a los desafíos, poseen un grado de aceptación mayor frente a los demás y para tolerar la frustración y son capaces de responsabilizarse de sus actos. La confianza que niños y niñas tengan hacia los adultos aumenta cuando estos empiezan a comprenderlos, y a entender sus frustraciones, sus metas personales, sus intereses. A su vez, cuando los niños empiezan a anticipar y predecir el comportamiento de los adultos, saben qué esperar y se sienten más seguros de la situación en que se encuentran. De aquí la importancia del Vínculo entre los adultos y los niños/as, en especial con sus figuras significativas y la fuerza que este posee como factor resiliente y promotor del desarrollo en la infancia.

Chile aun se encuentra en una etapa inicial en Educación Inclusiva, es un camino largo, aunque con luces a lo lejos. El Programa Nacional del Ministerio de Educación ha proyectado como meta que todos los establecimientos educacionales puedan ser inclusivos en diez años más. Para enfrentar este desafío no basta solo de recursos económicos, lo más importante parece ser el clima de aceptación a la diversidad de toda la comunidad educativa, en la que están incluidos educadores/as, niños, niñas y sus familias, y en el fondo, la apertura de toda la sociedad. Es un llamado que nos compromete a todos… ¿Qué harás tú por aportar?

Skip to content