MaterialesColumnas del Experto

Columnas del Experto

¿Qué hago cuando pelean?

Cecilia Calvo

Psicóloga

Servicio Fono Infancia- Fundación Integra

¿Qué hago cuando pelean?

Juanita quiere la pelota azul, el problema es que su amiga Florencia está jugando con ella. Como es de suponer, Florencia no piensa soltarla, a pesar de que Juanita ha hecho su mejor esfuerzo de cortesía (como le ha dicho su mamá, le ha pedido por favor que se la devuelva). Juanita entonces decide ir donde su mamá que conversa entusiasmada con la mamá de Florencia, se acerca y le dice “mamá la Florencia no me quiere pasar la pelota”, a lo que su mamá responde “ay Juanita anda a buscar otro juguete, allá hay otra pelota”. Juanita la mira desilusionada, triste y un poco molesta, pero insiste “mamá es que yo quiero la pelota azul”, y la mamá vuelve a contestar “Juanita te he dicho que hay que compartir”. Juanita se va indignada, agarra la pelota azul y por supuesto Florencia se pone a llorar.

En esta situación, uno podría imaginar que la mamá de Juanita piensa:

“Es una maña que quiera la pelota azul, da lo mismo con qué pelota juegue”
“No tiene que enojarse o ponerse triste por leseras, hay cosas más importantes en la vida”
“Yo le digo que tiene que compartir pero ella no aprende”
“Yo soy la mamá y tiene que hacerme caso”
Por su parte, es posible que Juanita sienta:

Mi mamá no me entiende y eso me da pena, me da rabia, me hace sentir mal
Pedirle a mi mamá ayuda no me sirve para resolver el problema
Parece que compartir es dejar que los otros ocupen mis juguetes hasta que se aburran
Pareciera que en esta situación ni Juanita ni su mamá están satisfechas con lo que ha ocurrido. Trataremos de ahondar un poco más en este ejemplo para llegar a algunas conclusiones.

Los conflictos entre las personas son parte de la vida. En el caso de los niños(as), los conflictos son parte del desarrollo, son esperables. Más aún, el que aparezcan son señales de un desarrollo sano y lo raro sería que no existieran. Para ser resueltos de manera constructiva y no violenta, requieren una serie de habilidades relacionadas con el manejo de las emociones y con las habilidades sociales, que se deberían ir desarrollando en la medida que los niños(as) van creciendo.

¿Cuáles son algunas de estas habilidades?

Reconocer y aceptar las emociones que sentimos, sobre todo emociones como la rabia, la frustración, la impotencia, que en nuestra cultura son lamentablemente emociones “mal vistas”.

Expresar nuestras emociones de una manera que no nos dañe ni dañe a otros.

Ser capaz de esperar y postergar lo que se quiere en un momento determinado.

Ser empático: ponerse en el lugar del otro, (aceptando que el otro desee lo mismo que uno, o al revés, desea algo distinto) y entender el impacto que nuestra conducta tiene para los otros.

Ser Flexible para evaluar distintas alternativas para resolver un problema.

Ser capaz de pedir ayuda

Ser capaz de pedir y aceptar disculpas.

Como vemos son varias habilidades, algunas bastante complejas incluso para un adulto. De esta manera y como otros aprendizajes, los niños(as) requieren que los adultos entendamos que adquirir estas habilidades es un PROCESO que toma tiempo y requiere de nuestro acompañamiento.

¿Qué aspectos tener en cuenta en este acompañamiento?

A quién acompañamos y en qué momento: Acompañar el desarrollo de los niños(as), es como “hacer un traje a la medida”, pues cada niño y niña tiene su propio ritmo, características, habilidades, etc. y por tanto, requieren cosas distintas. Asimismo, sus necesidades van cambiando de acuerdo a los contextos y situaciones que van viviendo.

Oportunidades para interactuar: Para desarrollar habilidades sociales, como por ejemplo las habilidades de resolución de conflictos, los niños/as requieren practicar, lo cual implica tener la posibilidad de interactuar con pares e ir enfrentando el placer y los desafíos de estas relaciones.

Nivel de desarrollo: Sabemos que existen gradualidades en los logros del desarrollo y además hay “referencias” respecto de lo que es esperable a ciertas edades. En relación a los conflictos:

1 a 2 años: Durante los dos primeros años disfrutan estar con otros los niños/as pero en juegos paralelos. Comparten el mismo espacio, pero cada uno juega a lo suyo. En este período es esperable que se enojen si otro niño les toma sus juguetes, y que con los adultos se muestren oposicionistas y hagan pataletas cuando las cosas no son como quieren.

2 a 5 años: A medida que los niños(as) crecen, van mostrando un interés creciente en las relaciones con otros niños. En esta fase, suelen manifestarse dificultades para abordar y resolver conflictos entre pares, fundamentalmente en los espacios de juego compartido o por los juguetes.

Dar el ejemplo: Esto tiene que ver con que los niños/as aprenden a abordar conflictos de acuerdo a cómo lo hacen sus adultos más significativos. Si en su casa, es habitual gritos y portazos para manifestar el enojo y enfrentar los problemas, sin duda harán lo mismo.

En relación al ejemplo inicial ¿cómo podría haber sido? Cuando Juanita recurre a su mamá, después de haber intentado lo que ella sabía (pedir por favor), la madre podría acogerla “¿Juanita parece que estás enojada?” Juanita se siente entendida y responde “si”, la mamá podría decir entonces “Juanita parece que el problemas es que tú y la Florencia tienen muchas ganas de usar la misma pelota y no están pudiendo ponerse de acuerdo ¿cierto”?, Juanita continúa sintiéndose entendida y su madre además le está mostrando las necesidades de su amiga, sin presentarlo de manera negativa. Juanita seguramente respondería “sí”. Entonces, ahora que Juanita ya sabe que su mamá entiende que su problema no es usar cualquier pelota, sino que quiere su pelota azul, entonces la mamá le puede ofrecer herramientas para abordar el problema. Le puede decir “¿Juanita quieres que te ayude para ver cómo lo podemos solucionar?”, dando pie a que la madre pueda facilitar alternativas de acción, como por ejemplo, turnarse para jugar.

No invalidar los deseos y necesidades. A veces los adultos tenemos una tendencia a mirar los conflictos de los niños desde nuestro punto de vista sin considerar el punto de vista del niño. Enseñar a ser empático implica ser empático, entender y aceptar los deseos del otro, lo que no significa que hagamos las cosas tal como el niño las pide, pero al menos debemos ser capaces de transmitir que entendemos que es importante y no lo cuestionemos.

Explicitar expectativas. Sabemos que hay ciertas situaciones en que nuestros hijos van a tener dificultades para negociar, con ciertos niños o en ciertos contextos (por ejemplo cuando están cansados o celosos), por eso es importante anticipar estas situaciones y explicar qué esperamos que pase.

Felicitar. Todos necesitamos reconocimientos. Los niños y niñas) también, esto contribuye a incentivarlos y fortalecer su autoestima. Cuando vemos que son capaces de esperar y hacer turnos, buscar alternativas creativas para enfrentar los problemas, cuando son gentiles, etc., debemos darles muestras de alegría, orgullo y felicitarlos por sus logros.

Skip to content