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Parentalidad y vínculo en casos de Adopción

Stephanie Correa

Psicóloga Clínica

Servicio Fonoinfancia, Fundación Integra

Parentalidad y vínculo en casos de Adopción
Ser progenitor no es lo mismo que ser padre o madre

Asumir el rol parental respecto de un niño o niña en cuya procreación no se ha participado como progenitor/a es una forma de conformar familia que data de tiempos muy antiguos en la historia de la humanidad. Fue la vía empleada por egipcios, griegos, romanos y otros pueblos para incorporar a la familia a un miembro más con el cual no existe un lazo sanguíneo -lazo que permite que el ser progenitor y ser padre coincidan en una misma persona, es decir, ser progenitor y padre o madre de un niño o niña-.papahijo (1)

En este punto parece importante aclarar que ser progenitor/a no es lo mismo que ser padre o madre. Si bien en la jerga común suelen emplearse como sinónimos y se acostumbra llamar ‘padres biológicos’ a quienes han engendrado un niño o niña, lo cierto es que dicha nominación es errónea en tanto supone que la parentalidad sería algo dado automáticamente desde el momento en que nace un/a niño/a. Siendo así, se torna necesario aclarar que una cosa es participar en la procreación de un embrión –que posteriormente será un bebé- mediante el aporte del material genético necesario para su gestación, lo cual se corresponde con ser el progenitor de un niño o niña, y otra cosa es ser padres. El ser padre o madre corresponde a una función, esto es, sólo se adquiere al ejercerla, se trata de un hacer sostenido en el tiempo y que deja marcas estructurantes en la subjetividad del niño o niña. Con lo que he señalado quiero decir que la función parental puede ser realizada por cualquier adulto que desee ocupar dicho lugar, y que el ser padre progenitor no confiere ninguna garantía a la calidad de la parentalidad, es decir, ser padre y progenitor no es mejor que ser sólo padre ni a la inversa.

Distintos acentos, distintos efectos

Si acogemos la idea de que la decisión de adoptar un niño o niña da cuenta de un deseo que lleva a las personas a posteriormente realizar el acto de adoptar, es necesario detenerse a pensar entonces en las motivaciones que hay tras el deseo de un sujeto de adoptar un niño, pues tal como en la antigüedad, las motivaciones albergadas por los sujetos son de índoles diversas. Podemos encontrar razones que sitúan esta parentalidad del lado de la ‘salvación’ del niño, otras en que la adopción se torna una alternativa ante la infertilidad, otras que responden al deseo de subsanar la pérdida de un hijo, y así podría continuar. Con esto me propongo visibilizar que las razones a la base –y me atrevo a decir- ‘siempre’ son de naturalezas completamente distintas, algunas ponen el acento en el niño y otras en los futuros padres, y en cada una de ellas el acento es puesto de distinta manera. Sea cual sea el caso, me parece necesario transmitir que el ‘para qué y por qué’ de adoptar un niño o niña son preguntas que todo sujeto que desee adoptar debe discernir, así como también quienes deciden engendrar un niño o niña, pues las respuestas que se encuentren a dichas preguntas conforman uno de los insumos esenciales de la construcción del vínculo del niño/a con cada uno de sus padres, de la manera en que se le hablará, mirará, en que se hablará de él a otros, en que él o ella se construirá una idea de sí mismo, y teñirá la manera en que se efectúe la crianza.

El hacer de los padres

En cuanto al hacer de los padres éste tiene que ver con brindar al niño/a cuidados físicos y emocionales, es decir, se trata de conceder mirada, dar lectura y otorgar un significado-respuesta a los distintos gestos, movimientos y palabras del niño/a. ¿Qué quiere decir esto? que en la medida que los padres van pudiendo leer que el llanto, grito, movimiento corporal, palabras u otro gesto del niño/a pueden significar, y que los padres traten de dar respuesta a aquello difícil de descifrar a través de distintas maniobras, estarán dando cabida al desarrollo de la subjetividad y del mundo emocional del niño o niña. Respecto a lo que un niño/a puede querer en el momento en que llora, o grita, o mueve su cuerpo de alguna forma particular puede ser de naturalezas distintas, por dar algunos ejemplos, puede tener relación con que tiene sueño, hambre, frío, calor -que es lo que frecuentemente asoma como primera interpretación por parte de los adultos-, pero también puede tener que ver con que está aburrido, se siente solo, con que desea contacto físico, o sentirse mirado, escuchado, contenido, con que desea cierto nivel de autonomía, o con que se sentiría más cómodo si le fuese respetada cierta distancia física, y así entre muchas otras posibilidades. Lo que se pretende transmitir con esto es la importancia de la existencia de la pregunta respecto a qué es lo que desea el niño o niña, pues aquello es lo que da el espacio para la emergencia de la singularidad y lo propio de cada niño. Es importante la pregunta y los intentos de interpretación que el adulto realiza cuando comienza a probar distintas opciones (es decir, cuando comienza a acariciar al niño o niña, lo abraza, lo mece, le ofrece de comer, etc, viendo si alguna de aquellas maniobras genera algún efecto); y en este punto resulta importante explicitar que muchas de las veces los niños dan a entender que les sucede algo o que quieren algo, pero ellos mismos no saben qué es, y que les suceda aquello no es extraño.

familias (14)

Todo cuanto he señalado forma parte de la parentalidad, y por lo tanto, no exime a quienes se convierten en padres por adopción. Evidentemente ser padre no es lo mismo que ser padre y progenitor. Como dije antes, uno no es mejor que el otro, pero sí es real que traen consigo experiencias vivenciales distintas. Cuando se tiene un hijo por adopción las etapas y tareas que éste vaya enfrentando serán similares a las de otros niños de su edad, pero al mismo tiempo deberá realizar construcciones mentales y emocionales que incorporen elementos ausentes en la realidad de otros/as niños/as. Esto no sólo porque cada persona es distinta sino que también porque el ser adoptado/a como hijo/a forma parte de una configuración familiar distinta -así como varias otras-, y por ende, enfrenta al niño a preguntas y respuestas sobre su origen e identidad que ciertamente son otras. En este punto estoy abordando la dimensión de ‘la revelación’, la revelación al niño/a de que es adoptado/a, situación que muchas veces suele complicar y ser fuente de fuerte tensión para los padres, pues los enfrenta a decir algo que está rodeado de mitos, tabúes, temores, prejuicios y fantasías propias y sociales.

La revelación

El hablar a los niños respecto a la historia de su nacimiento e incluso respecto a la historia previa a que fuesen concebidos es importante para ellos en tanto les confiere una significación, es decir, algo de respuesta a la pregunta de quiénes son. Siendo así, el decir al niño o niña la verdad sobre su nacimiento, la forma en que llegó a la familia y por qué está en esa familia es información que le debe ser entregada. Podemos poner en cuestionamiento la pertinencia de entregar detalles sobre aquello, pero lo que no es cuestionable es lo trascendental que es para cada sujeto desde que es niño/a hasta que es adulto, saber sobre la historia de su origen. Desde la edad preescolar los/as niños/as comienzan a dar señales de su curiosidad respecto de cómo se hacen y nacen las guaguas, lo cual los lleva directamente a preguntarse por su llegada a este mundo, y siempre es necesaria una respuesta, pues en esas simples interrogantes se encuentra una de las bases de la significación personal, es decir, de la manera en que cada niño o niña se arma una imagen de él en el mundo, en su familia y en que se piensa a sí mismo.lectura (2)

No informar de la adopción implica un secreto que muchas veces se mantiene gracias a que se inventa una historia para el niño o niña, que entrega información falsa y que genera un clima de tensión permanente ante la posibilidad de que él o ella descubra la verdad. El riesgo de que a medida que el niño o niña vaya creciendo sepa de la verdad por otras fuentes va en aumento, y aquello puede afectar la confianza y seguridad que se ha ido construyendo en el vínculo del niño/a con sus padres, y más aún, le transmite que el haber sido adoptado/a es significado como algo negativo, pues de lo contrario no le habría sido ocultado.

El decidir tener un hijo/a ya sea por procreación o por adopción, implica asumir una responsabilidad con el niño/a que conlleva el otorgarle un lugar a la historia de su infancia, y no pasarla a llevar maquillándola debido a las aprensiones de un otro. Que el/la niño/a adoptado sepa la verdad de su llegada a la familia pasa por un derecho que le es suyo, y que no puede serle arrebatado, partiendo por los padres que lo han adoptado. Las aprensiones que la revelación de la verdad o que otros aspectos de la adopción genere en los padres demanda que dichos padres encuentren una solución a su aprensión y hagan algo con ella, pero que ésta no sea actuada con el niño porque a él lo que le corresponde es ser visto primeramente en su deseo y necesidad, y solo después en el de los padres. En este punto quizás para muchos padres resulte beneficioso buscar algún tipo de apoyo o acompañamiento de un profesional para poder trabajar dichas preocupaciones, interrogantes o pensamientos, y así poder llegar a decirle al niño o niña la verdad desde un lugar de mayor comodidad, o por lo menos, desde un lugar distinto.

Es importante que ‘la revelación’ le sea comunicada al niño en un momento íntimo, con naturalidad y no como si se tratase de un anuncio formal. Lo anterior lo señalo como un ideal que busca movilizar en los padres que han adoptado, la pregunta acerca de cómo se sienten ellos con el haber adoptado, pues como dije, la forma en que ellos lo vivencien será la que teñirá la manera en que le cuenten al niño; si realmente lo hacen desde la comodidad o si se trata de un intento de comodidad eso será captado por él o ella. No se trata sólo del contenido que le sea dicho sino que de los gestos, miradas, tonos y un sin fin de otros elementos del lenguaje que también le aportarán información.mamahijo (35)

La manera en que el niño o niña signifique la información que le sea entregada y lo que dicha información le haga sentir no es algo que se pueda predecir con certeza, ni que deba modelarse. Como he señalado en párrafos anteriores, los niños y niñas tienen el derecho de conocer la verdad de la historia de sus vidas, tienen deseos que les son propios, y también tienen una manera de sentir, comprender y cuestionar distinta y que es única en cada niño/a, por lo mismo, su sentir y la manera en que significan las experiencias les pertenecen. Lo que como padre o madre se puede hacer es acompañarles en ese proceso y construir un vínculo que se encuentre disponible para acoger la rabia, tristeza, alegría o angustia que pueda sentir el niño o niña. La revelación de la adopción se trata de un proceso donde los padres pueden ofrecer espacio para conversar sobre aquello, es decir, no se trata de forzar al niño/a a hablar constantemente del tema, de saturarlo de preguntas ni de asumir que porque no ha vuelto a decir algo sobre aquello entonces no es importante para él, sino que se trata de que él/ella sepa que puede realizar a sus padres las preguntas que le vayan surgiendo –las cuales pueden retornar cada cierto tiempo o se pueden ir complejizando en la medida que el niño o niña va profundizando su vivencia en el mundo-, que pueda confiar en que recibirá una respuesta no engañosa, y en que sienta que es él o ella quien puede decidir si averiguar más o menos información y cuándo.

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