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¡Mami, quiero ser princesa!, ¡Papi, quiero ser futbolista! Consideraciones para una crianza en equidad de género

Catalina Olivares Del Real

Psicóloga Clínica

Servicio Fonoinfancia

¡Mami, quiero ser princesa!, ¡Papi, quiero ser futbolista! Consideraciones para una crianza en equidad de género
Susanita lo “único” que le pide a la vida es tener “hijitos” y que su marido sea el “proveedor” del hogar, Mafalda la mira y escucha “boquiabierta”, tal vez se pregunte ¿De dónde sacará esas ideas Susanita? o ¿Querrán todas las niñas lo mismo?

Pues bien, en las bases del deseo de Susanita se juegan una serie de expectativas, mitos y prejuicios sociales acerca de lo que tanto mujeres como hombres “deben” ser y “hacer” con sus vidas. Supuestos que en las últimas décadas han sido cuestionados y nos han permitido reflexionar acerca de nuestras prácticas sociales.

Si queremos que niñas y niños tengan igualdad de posibilidades junto con una revalorización social de las labores que históricamente las mujeres han desempeñado (tareas que son parte de la esfera del cuidado de los otro/as, del hogar y de la reproducción de la vida) tenemos que comenzar ahora a educar-nos al interior de nuestras familia, en los jardines infantiles y las escuelas de una forma distinta, de una forma tal en que las niñas y los niños se reconozcan como iguales en tanto todas y todos somos seres humanos y diversa/os.

Comparta cuentos y documentales que muestren el aporte de la mujer y del hombre a lo largo de la historia en las ciencias, las artes, el deporte y la política. También puede buscar información de qué roles ocupan hombres y mujeres en distintos países, esto le permitirá conocer y ampliar las posibilidades de ser y hacer en el mundo.

Reflexionando sobre el Género

Es en los años 60 que se comienza a desarrollar la noción de género, éste se construye de acuerdo a las pautas culturales, hábitos y condicionamientos sociales vigentes que definen y valoran los roles y tareas de acuerdo al sexo, reservando prioritariamente para el hombre la esfera pública de la producción y para la mujer la esfera privada de la reproducción y el cuidado de los otros. Se encuentran presentes desde el inicio del proceso de socialización y son transmitidos desde el hogar, confirmados en la escuela y expandidos a través de los medios de comunicación masivos.

Es importante destacar que la noción de género no es un símil al concepto de sexo, se distinguen en que sexo se refiere a las características biológicas que diferencian a hombres y mujeres, mientras que género se relaciona con los significados que cada sociedad atribuye a esas diferencias.

Aún cuando se aprecian avances en equidad de género, no hay que olvidar que para que esto ocurra es necesario también pensarnos cada uno y una en sus propias prácticas, ya sean en ambientes comunitarios, laborales, educativos y familiares. Algunos ejemplos de estas inequidades son:

En las escuelas, el espacio para recrearse es ocupado principalmente por los varones, quienes utilizan el espacio con juegos que involucran el movimiento y la competencia, mientras las niñas se ubican en los pasillos realizando actividades donde lo primordial es el conversar de lo que sienten y de los demás.

Las expectativas vocacionales de la familia son cruzadas por estereotipos de género, existiendo una gama profesional y de oficios para hombres y otra para mujeres, por ejemplo: la enfermera, la modista versus el ingeniero, el chofer.

El comercio invita a que las niñas sean vestidas de rosado y los niños de azul; que las niñas pidan para navidad juguetes de “princesas” y lo niños pelotas de fútbol.

Al interior de las familias, son las niñas quienes en general cooperan con las madres/abuelas en las labores del hogar o el cuidado de hermanos/as menores.

En el lenguaje, es desde lo masculino que el género gramatical incluye tanto a hombres como mujeres, es decir, es universal; mientras que desde lo femenino solo las mujeres son aludidas.

¿Cómo comenzamos a educar en equidad de género?

En esta tarea la familia cumple un rol fundamental para ir promoviendo patrones de crianza que favorezcan la equidad de género, pues es en la familia el primer lugar donde los niños y niñas aprenden que es lo que “pueden” hacer de acuerdo a su género.

Tratar de forma igualitaria a sus hijas e hijos en las tareas domésticas. Niños y niñas cuentan con las capacidades físicas y cognitivas para ordenar, limpiar o cocinar. Es fundamental, que la madre y el padre se comprometan en dicha acción, ya que lo/as niño/as aprenden mediante el ejemplo de sus padres.

Ponga en práctica juegos mixtos entre hermanos y hermanas o amigos y amigas, evitando clasificar los juegos como de niñas o niños, pues no existen juegos que sean “naturalmente” de niña o niño. Se pueden utilizar juegos de grupo para comenzar a participar en juegos mixtos. Recuerde no prohibir jugar ciertos juguetes, como por ejemplo una muñeca o un auto, por ser de niña o niño.

Invite a sus hijos/as a realizar actividades asociadas al “género” opuesto, por ejemplo, en el caso de las niñas, las puede invitar a actividades “supuestamente masculinas” como un taller de artes marciales o carpintería. En el caso de los niños los puede invitar a participar de tareas “supuestamente femeninas” como un taller de baile o de costura. Lo importante es que sus hijos/as disfruten la actividad.

Incorpore el lenguaje inclusivo: salgan niñas y niños a jugar; los niños y las niñas pueden mostrar sus emociones de alegría y tristeza, los niños y las niñas son capaces de aprender.

Comparta cuentos y documentales que muestren el aporte de la mujer y del hombre a lo largo de la historia en las ciencias, las artes, el deporte y la política. También puede buscar información de qué roles ocupan hombres y mujeres en distintos países, esto le permitirá conocer y ampliar las posibilidades de ser y hacer en el mundo.

Por último, transmítale cotidianamente a sus hijo/as que sus expectativas son iguales ya sean ellos/as niñas o niños, pues en la medida en que sus hijos/as se sientan seguros del amor y de la aceptación de su familia, ello/as crecerán permitiéndose ser quienes desean.

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