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Ingreso de nuestros niños y niñas al jardín infantil

María Roxana Vega Alabarcé

Educadora de Párvulos-Psicóloga de la Universidad Central

Ingreso de nuestros niños y niñas al jardín infantil

El ingreso de nuestros niños y niñas al primer peldaño del sistema educacional representa, sin duda, un momento desafiante para las familias; no sólo para los protagonistas, sino también para nosotros los padres y madres. El que nuestros niños y niñas salgan por primera vez de nuestro ambiente familiar, del afecto conocido y de nuestra protección para quedar al cuidado de terceros, implicará un acto de confianza importante.

Para decidir correctamente es muy importante disponer de una buena información, conocer lo que más se pueda de la Sala Cuna o Jardín Infantil donde asistirá, sus métodos de trabajo, sus rutinas, de las profesoras y auxiliares que estarán a cargo. Una vez conocido y a gusto con nuestro análisis, nos queda a nosotros ayudar a nuestros hijos e hijas a realizar este cambio en su vida.

Ello requiere que los padres y madres nos pongamos fuertes y ayudemos a nuestros niños y niñas a enfrentar esta separación. Requiere de nosotros bastante equilibrio emocional. Esto es lo que captarán nuestros hijos/as. Además, recordemos que los niños/as son todos distintos, algunos más vulnerables que otros frente a esta primera experiencia de separación. También tenemos que considerar su edad, ya que según cada etapa del desarrollo en que se encuentren, serán distintos en la madurez y los recursos que tengan para enfrentarlo.

Ingresar a la Sala Cuna

Muchas madres que trabajan deberán llevar a sus hijos e hijas a una sala cuna desde temprana edad. Es probable que las rutinas de alimentación y de sueño se vean alteradas en sus inicios. El niño o niña estará adaptándose a un nuevo lugar, nuevos olores, nuevos sonidos y nuevas sensaciones.

Los cambios experimentados por el niño o niña requerirán a su vez nuevos cambios en la rutina familiar. Como adultos no podemos esperar que todo siga igual, como familia deberemos adaptarnos a las nuevas rutinas. Todas estas vivencias generan representaciones mentales que quedarán grabadas en la mente de nuestros niños/as.

Es por eso muy relevante, sobre todo en la etapa pre-escolar del desarrollo humano, que las experiencias que el niño o niña reciba sean de la mejor calidad y cantidad. Es fundamental, en esta etapa, mucho afecto, cuidadoras cariñosas, empáticas y con una alta calidad en su formación profesional y personal, ya que desde los primeros días de vida, pueden estimular a nuestros niños y niñas integralmente, convirtiéndose en seres muy significativos para la formación de la personalidad de los niños/as.

La calidad se traduce en estar disponibles para satisfacer las necesidades de los niños/as. Su confianza básica requiere que los cuidadores atiendan al niño o niña cuando él o ella lo requieran. La disponibilidad del adulto es una necesidad emocional del niño/a, mientras más pequeño: más disponibilidad. Es decir, si tiene hambre, le doy alimento; si tiene frío, le abrigo. De esa manera él/ella espera y está seguro que su ambiente es grato es bueno con él/ella. En definitiva confía en nosotros y en su valor como humano.

Ingreso entre los 6 meses y 2 años.

A estas alturas el niño o niña estará más crecido. Lo esperado es que manifieste lo que le alegra y lo que le molesta de manera más evidente. Ha adquirido mayores capacidades y un mayor nivel de conciencia del apego exclusivo y preferencial de sus padres. La confianza alcanzada hasta el momento, exigirá la presencia de sus cuidadores conocidos, su seguridad estará en esa constancia lograda.

Es por eso, que es esperable que un niño o niña, en la etapa de alrededor de 8 meses, llore frente a un extraño. Ya ha logrado la representación de los objetos familiares permanentes y el extraño no le representa confianza. Así, de un apego indefinido, se pasa a una etapa más madura y normal de apego definido. Esta etapa es la más sensible para la adaptación.

Entre los 7 meses y el año aproximadamente, ojalá estemos preparados y le tengamos más paciencia y amor. Luego de esta etapa el niño o niña seguirá reforzando su confianza con los nuevos cuidadores y en la medida en que el niño o niña se sienta bien atendido, se puede esperar que su adaptación resulte más fácil para todos.

Ingreso entre 2 y 3 años.

El niño o niña ya debería haber logrado una confianza saludable en los cuidadores y el mundo que le rodea. Entonces pasará a su segunda etapa del desarrollo: buscar su autonomía y voluntad. Es típico de esta edad el aumento del uso de la palabra NO. Es normal y es señal de que va reafirmando su individualidad. Es también la etapa exploradora del crecimiento. Una etapa que requiere de cuidadores muy atentos y pacientes por los peligros, la curiosidad y oposicionismo de los niños/as y de su lábil pensamiento que los coloca en riesgos de accidentes.

A los tres años, vive una etapa donde aumenta su iniciativa para muchas cosas con un apego mucho más generalizado. Ya tiene la madurez de poder discriminar distintos tipos de vínculos (aceptación – rechazo, agrado – desagrado, etc.) y está cada vez más interesado por lo que ocurre afuera, sus padres ya están introyectados como los adultos significativos al igual que un cuidador externo permanente.

Por eso, se postula que esta es la etapa ideal para ingresar al jardín infantil. Es una etapa donde el niño o niña, sobre todo si es hijo/a único, conocerá y compartirá con otros. Así pese a su natural tendencia a centrarse en sí mismo, aunque aún sigue firme, estará más sociable y su mente recibirá la diversidad y abundancia de estimulación que requiere en esta importantísima etapa.

Ingreso desde los 4 años en adelante

Desde los cuatro años ya es definitivamente muy necesario mandarlos al jardín. Es una preparación para su madurez social, condición necesaria para el ingreso a primero básico, donde el niño o niña entrará en un sistema bastante menos acogedor y más estructurado.

Durante toda la etapa pre-escolar son esperables los llantos ante las despedidas de los padres y madres. También es esperable, en una sana adaptación, que el niño o niña poco a poco logre superar su pena y empiece a seducirse con las nuevas experiencias. Por eso es fundamental que el ambiente sea estimulador afectiva y cognitivamente.

Muchas veces la relación que las madres y los padres vamos generando con nuestros hijos e hijas, tiene una carga ansiosa, lo que puede provocar una mayor dificultad de adaptación. Estos son los típicos niños/as que lloran, día tras día, cuando los dejamos en el Jardín. Es importante en este punto que nos fijemos si el llanto es esperable o es el síntoma de esta “ansiedad de separación”.

Su adaptación requiere, en estos casos, que el adulto tenga la paciencia suficiente como para acompañar al niño o niña al principio, dejarlo un rato corto e ir progresivamente aumentando su umbral de adaptación al nuevo contexto. Es muy importante respetar las rutinas de horarios de entrada y salida del Jardín, ya que esto ayudará a afianzar la confianza de los niños/as en estos nuevos cambios.

Mientras más grande sea el niño o niña, se espera que este más confiado para la separación. De hecho, para el ingreso de primero básico es esperable que el niño o niña ya tenga adquirida esta madurez. Si observamos que a nuestros niños/as le cuesta mucho la separación; que pasan las semanas y aún llora mucho, que hace pataletas o empieza a enfermarse recurrentemente -justo el domingo o el lunes por la mañana- probablemente estará teniendo dificultades de adaptación y será importante consultar a un profesional psicólogo.

Otro cuidado importante será estar atento una vez adquirida la adaptación, o si el niño o niña comienza a rechazar el jardín o algún compañero o adulto del lugar. Esto puede hacer retroceder la confianza adquirida. El rechazo o la dificultad en la adaptación podría ser por diversos factores, por ejemplo: que el niño no se siente lo suficiente agradado con el ambiente, posibles malos tratos, ansiedad de los padres, enfermedad etc.… Lo importante entonces es ser sensibles para comprender lo que les pasa, conversar con los profesionales y confiar siempre en nuestros niños/as.

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