La tarea de ser padres sin duda no es fácil, pero ¿qué pasa cuando llegan al mundo dos o más hijos a la vez? La complejidad se multiplica al instante. Vestirlos o no iguales, inscribirlos o no en la misma actividad extraprogramática, estar o no en el mismo salón de clases, son sólo algunas de las preguntas que los padres de los múltiples* se hacen durante la vida de sus hijos. Sin duda, de la forma en que estas preguntas se vayan resolviendo a lo largo del tiempo, influirá directamente en la percepción que cada uno de los niños tenga de sí mismo y de cuán diferenciado y/o independiente del o los demás hermanos se sientan. Vale la pena preguntarse entonces ¿qué pasa con el proceso de individuación en los niños/niñas múltiples?, ¿cuándo se desarrolla un sentido del “yo”?, ¿en qué medida influyen los cuidadores y el ambiente en este proceso?.
Antes que todo, es necesario considerar que durante los primeros meses de vida, el bebé está indiferenciado de su madre, pues a esa altura no existe un “yo” formado en el recién nacido. No es capaz de distinguir que lo que le ocurre internamente es distinto de lo que que ocurre afuera, por lo que percibe al pecho materno prácticamente como una parte de sí mismo que lo satisface cuando lo requiere. Recién cercano al tercer mes el bebé comenzará a responder sonriendo ante la presencia de un rostro humano, distinguiéndolo como un factor externo diferenciado de él. La “sonrisa social” (Spitz Rene, 1965) es un indicador clave que nos muestra las primeras señales de la formación del propio “yo” ya en formación.
Hacia el octavo mes la madre es percibida como diferenciada de sí y a su vez el bebé es capaz de distinguir y preferir el rostro de la madre del de los demás, buscando en ella seguridad y rechazando a aquellos desconocidos y extraños con temor y/o llanto. De a poco va distinguiéndose de los demás y reconociéndose, “yo soy yo”. Este proceso se dará hasta cercano a los tres años. El bebé tendrá cada vez más conciencia de que la madre es un ser separado y diferente de él, desarrollándose poco a poco el proceso de individuación o el llegar a ser uno mismo. Lo anterior implica ser un individuo único y realizar aquello que constituye nuestra naturaleza particular y que nos distingue de los demás.
En caso de los múltiples al plantear la idea de la individuación hay que partir de la base de que el hecho de ser múltiples es en sí mismo parte de su identidad. Es una característica con la que nacen y los acompaña el resto de la vida, por lo tanto el que los padres y el medio en que se desenvuelven acompañen su proceso de crecimiento, implica necesariamente tenerlo en cuenta y que los reconozcamos en esta condición de “más de uno”. El comienzo de su vida está dado como una unidad, funcionando como un “bloque” hasta que llegue el punto en que logren desarrollar el sentido del propio “yo” diferenciado del resto de sus hermanos. Es una condición también el hecho de que en un comienzo los múltiples se reconozcan primero como un “nosotros” antes que un “yo”, y que por lo mismo en ocasiones al hablarle a uno responda el otro y viceversa. De hecho ellos al verse en un espejo o una fotografía, muchas veces no distingan que es su propia imagen la que está ahí y señalen que es su hermano el que se refleja. Efectivamente el poder reconocer el propio reflejo, particularmente en gemelos, se da casi un año después de los que no lo son (que es alrededor de los dos años y medio).
Un fenómeno muy común en los niños y niñas múltiples es que se imiten entre ellos/as durante los primeros años o al menos hasta que se reconocen como “yo”. Cerca del año y medio de vida comienza una exploración personal que va dando paso a la noción del sí mismo. Durante este periodo de tiempo es esperable encontrar a los/as niños/as desafiándose en tareas como comer solos, apretar algún interruptor, abrir puertas, o cualquier intento por hacerlo “yo solito”. La práctica de estas actividades le va a ayudar a crear un sentido del “yo” y poco a poco a poder diferenciarse, primero de la madre, luego de su o sus hermanos.
El tema es que haber nacido “individual” nos dificulta ponernos en el lugar de múltiple (y viceversa), sólo quienes han nacido gemelos o mellizos puede saber lo que significa ese lugar. Si bien todos nacemos únicos e irrepetibles, la diferencia es que el proceso de individuación en los “individuales” se da a otro ritmo en aquellos que han nacido múltiples. La psicóloga infantil Coks Feenstra nos señala en “El gran libro de los gemelos” que para los múltiples resulta más complicado desarrollar el sentido del yo, pues no sólo debe producirse la separación de la madre, si no también de su(s) mellizos y agrega que este proceso es aún más complejo cuando son monocigotos por tener un aspecto físico mucho más parecido que los dicigotos y a aquellos múltiples de diferente sexo es a los que les resulta menos difícil de todos.
El periodo escolar es un momento que muchas veces genera incertidumbre a los padres. Pero lo que hace ruido son las posturas diversas frente al dilema de si separar o no a los múltiples al inicio de esta etapa. Previo a este periodo, lo más común es que los hermanos múltiples no hayan experimentado muchas experiencias de separación. Lo más probable es que durante la etapa preescolar hayan estado juntos y que este proceso se haya dado en forma natural, pues se tienen entre ellos, se acompañan y les facilita la separación de la madre, pues resulta de gran ayuda tener un hermano al separarse, ya que es más simple enfrentarlo “en bloque” que de manera individual siendo un apoyo entre ellos mismos. Por lo tanto, llegado el momento del inicio de la etapa escolar los padres pueden cuestionarse respecto a qué es mejor para sus hijos y su desarrollo. Efectivamente es muy probable que durante la etapa preescolar hayan estado en el mismo salón y si estaban tan bien hasta entonces los padres se cuestionen si valdrá la pena separarlos. Al tener en cuenta además que hacia los tres años aún se encuentran en el proceso de descubrir su “yo”, puede que todavía actúen como “nosotros” (respondiendo al nombre del otro por ejemplo). Será necesario evaluar esto antes, observar si este proceso se ha dado a la hora de decidir su separación. Si no se reconocen aún como sí mismos, “yo soy yo, no mi hermano”, posiblemente no sea el mejor momento para separarlos.
A la hora de optar por espacios separados, posiblemente más cercano al inicio de la edad escolar, será igual de importante, como para cualquier niño, el ser cuidadoso. En este sentido, es anticipar pudiendo por ejemplo ir a conocer el establecimiento, las salas y profesoras y, por supuesto, dar los tiempos necesarios para la adaptación que en cada niño o niña puede ser distinto. Si recordamos que los múltiples no sólo deben hacer la separación de su madre, si no también de su gemelo o mellizo, así como a un niño le puede ayudar llevar algo de su casa que le de seguridad al separarse de la madre, a los múltiples les puede ser de ayuda también llevar algún objeto de su hermano para facilitar la separación. Lo que no está en discusión es que tanto el jardín como la escuela les brinda a los múltiples una oportunidad de aprender a socializar con otros niños distintos de sus mellizos, independiente que los primeros años lo más probable es que jueguen sólo entre ellos, con el tiempo cada cual sabrá reconocer cuáles son sus propios amigos o cuáles son de sus hermanos.
Sin embargo, no debemos perder de vista que la escuela no es la única instancia que influirá en la individualidad de cada niño o niña, si no que los padres también son quienes participan activamente y serán los encargados de facilitar el paso de sus hijos por la vida. La imagen que podemos tener como adultos de los múltiples puede llevar a que los tratemos como un todo, refiriéndonos a ellos en forma indiferenciada como “los mellizos”, “los trillizos”, etc. Es que es cierto que ver a dos o tres niños o niñas muy parecidos genera atención, y es esta misma atención la que muchas veces nos puede llevar a reforzar este hecho, perdiendo de vista la particularidad de cada uno. Lo que hay que tener en cuenta es que el proceso de diferenciación está dado desde un comienzo en el hogar. Pasa por considerar a cada uno con sus gustos y necesidades particulares, tal como lo haríamos con dos o más hijos con un par de años de diferencia. Los pasos hacia la individuación exigen en los padres una adaptación de acuerdo con las necesidades de autonomía de cada uno. Por muy idénticos o parecidos que puedan parecernos, no hay que perder de vista que son personas distintas, con sus propios ritmos. No podemos pretender que así como puedan querer vestirles iguales, les podremos exigir que aprendan a caminar, hablar o escribir al mismo tiempo.
Es aconsejable también poder llevar a cabo de vez en cuando actividades con cada hijo por separado, por ejemplo mientras uno va a pasear el perro con la mamá, el otro puede estar de visita en la casa de la abuelita o jugando en casa con el papá. La idea es poder tener oportunidad de compartir con sus cuidadores por separado y al mismo tiempo de desarrollar el sentido del propio “yo. Potenciar sus gustos, incentivándolos a participar de actividades individuales que respondan a los intereses de cada uno, que tengan sus propios amigos y pertenencias, espacios personales y con sus padres por separado, ser tratados por sí mismos y sin etiquetas, estar atento a sus gustos y a lo que cada uno necesita de acuerdo a su personalidad, les hará sentirse como alguien único y especial, les ayudará a desarrollarse con un sentimiento de identidad personal, que les permita además mantener una relación positiva y cercana con su(s) mellizos, así como con el resto de la familia y amigos.
A fin de promover la individualidad de cada uno, tengamos en cuenta algunas consideraciones:
– Referirse a cada niño(a) por su nombre evitando generalidades como “los mellizos”, “los trillizos”.
– Generar espacios particulares en que cada padre pueda compartir con ellos en diferentes ámbitos.
– Citar en la escuela a los padres por separado para cada niño, enfocando la atención tanto en los padres como en los profesores en la particularidad de un niño a la vez.
– Evitar comparaciones entre ellos tanto en el ámbito escolar como en el hogar.
– En las normas, es importante considerar la participación de cada cual a la hora de llamar la atención y no comprometer a todos cuando posiblemente haya sido sólo uno el responsable.
*En este caso, como “múltiples” me referiré a los casos en que sean dos o más nacidos, independiente si son monocigotos (gemelos, trillizos o más) o dicigotos (mellizos de dos o más).
Fuentes:
Feenstra C. (2007). “El gran libro de los gemelos” (2° edición). Barcelona: Medici.
Spitz, R.A. (1965). “El primer año de vida: un estudio psicoanalítico de desarrollo normal y anormal de relaciones de objeto”. Nueva York: Prensa de Universidades Internacional.