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¿Cómo interpretar los gestos y vivencias de nuestros hijos e hijas?

Andres Tapia

Psicólogo

Servicio Fono Infancia-Fundación Integra

¿Cómo interpretar los gestos y vivencias de nuestros hijos e hijas?

La vida del ser humano está marcada por hitos, es decir, eventos significativos que ocurren a lo largo de nuestra existencia y que van moldeando a las personas que fuimos, somos y seremos. Dependiendo de la edad de su hijo o hija, él o ella ya han vivido una serie de hitos, siendo el primero de ellos el nacer. ¿Se ha puesto a pensar alguna vez cómo percibe y vivencia el mundo un recién nacido que aún no ha desarrollado la capacidad de hablar? Podemos imaginarnos que todo es nuevo para él o ella, pero, ¿qué implica realmente esto? Y muy en especial, ¿cuál es el rol que juegan los padres en toda esta experiencia?

Pensemos en el siguiente ejemplo: una de las sensaciones más básicas del ser humano es el hambre. Cualquier persona puede describir las sensaciones físicas e incluso emocionales que puede producir el tener hambre. Pero, ¿ha pensado alguna vez cómo es sentir hambre por primera vez? Cuando la guagua nace, todas las sensaciones son nuevas: el frío del pabellón, los sonidos que la rodean ya sin el tenue filtro del útero materno, las manos que con distintas presiones y posiciones la toman, las formas y luces que ve, etcétera. Pues bien, estas sensaciones que usted y yo podemos identificar, son sensaciones sin nombre para la guagua. Lo que nosotros llamamos frío, nuestro bebé simplemente no lo llama de ninguna forma, sólo lo vive como desagrado. Ese malestar que siente en el estómago no se llama “hambre” para el bebé, sino que es “algo” que no le gusta. Para nosotros los adultos sería el equivalente a tener una sensación inexplicable, la cual ni siquiera podemos imaginar o pensar porque se aleja de todo lo que conocemos y de la cual no sabemos qué la causa ni lo que significa, con la diferencia de que la guagua ni siquiera puede pensar sobre este estado de incertidumbre. Simplemente lo vive.

Y es aquí donde el rol de los padres juega uno de los papeles más importantes para la guagua. Imaginemos a esta nueva madre que está en la pieza del hospital luego del parto, esperando el segundo encuentro con su hijo o hija. La enfermera le entrega cuidadosamente la guagua a su madre, quien al mirar su rostro y escuchar su llanto resuelve sin duda alguna que llora por hambre. La madre lo acurruca entre sus brazos, descubre uno de sus pechos y se apronta a darle el primer alimento de su vida. Y esta guagüita, que segundos antes se desgarraba llorando, a la que la invadía una sensación sin nombre que la tenía incómoda y desagradada, encuentra una nueva sensación. Una experiencia de calma y abrigo. Su malestar desaparece y lo reemplaza un estado placentero. No sabe cómo llamarlo, no sabe aún qué significa ni qué lo calmó. Sólo sabe que le encanta. No sólo alimentó su guatita, sino también su corazón.

Pues bien, ¿qué es lo que sucede cuando la madre le da pecho por primera vez y esa sensación desagradable desaparece? Este acto marca el comienzo de una de las funciones parentales más relevantes para el bienestar y desarrollo de un niño o niña. Los padres, al observar y deducir lo que significa ese llanto, están atendiendo el gesto de su hijo o hija. Es decir, son capaces de traducir esta demanda de la guagua, que para él o ella aún no tiene nombre, y le otorga un significado. Al poner atención a los gestos de su hijo o hija, descifrar lo que éstos significan y devolverle aquello que necesita en ese momento para sentir alivio, están dándole a esa experiencia un nombre (aún cuando falte tiempo para que tenga plena conciencia de aquello) y con el tiempo y la constancia, la sensación de que el mundo es un lugar que puede adaptarse a sus necesidades. Cuando los padres acuden a los gestos del niño o niña, no sólo atienden la demanda concreta (en este caso el hambre), sino que también atienden la necesidad de amor y afecto que viene con aquella. Cuando una madre da pecho, no sólo entrega alimento, sino que también otorga amor, bienestar y cariño.

La escena que acabamos de describir es, como se dijo anteriormente, el inicio de esta función de traducción de la vivencia de los niños y niñas, la cual se mantiene durante los primeros años pero que adquiere un papel mucho más activo por parte de los padres durante los primeros meses de vida.

¿Cómo se manifiesta esta función durante estos primeros meses? Cada vez que los padres “leen” las señales de su hijo o hija (llantos, risas, gestos y balbuceos) y actúan conforme a ellas (alimentando, abrigando, consolando, entreteniendo, limpiando, jugando), están llenando de significados el mundo de ese niño o niña.

Cuando esta función se ejerce en forma adecuada y constante, la guagua crece confiando en un mundo que puede satisfacer sus necesidades, aprendiendo lentamente sobre sus propios estados y los eventos que se asocian a ellos. “Si estoy aburrido mi papá me entretendrá”. O “si tengo susto mi mamá me consolará”.

Mientras no esté desarrollada la capacidad de hablar, la guagua necesita que un tercero (como su padreo madre) “hable por él”, es decir, que pueda poner nombre y significado a sus demandas y estados emocionales que aún no puede nombrar, y por ende identificar y tener conciencia de ellos. En este sentido, cuando el niño o niña desarrolla el lenguaje verbal comienza no sólo a comunicarse con el resto, sino que comienza a verbalizar y poner nombre tanto a las cosas del mundo que la rodea como a sus propias emociones y estados. Cuando aprendemos a hablar, no sólo aprendemos a comunicarnos, sino que aprendemos sobre el mundo y sobre nosotros mismos.

Algunos elementos importantes de considerar para realizar una adecuada traducción de las vivencias de niños y niñas:

Estar atenta a las expresiones de la guagua. El llanto es la principal forma de comunicación del bebé, y por lo mismo puede tener distintos significados. La práctica y experiencia permite ir discriminando qué tipo de llanto corresponde a qué necesidad.

Sólo se debe prestar atención. Por otra parte, cabe considerar que el llanto no es la única forma de comunicación. Suele ser la que más nos llame la atención y por lo mismo puede que otras expresiones como la agitación, movimientos bruscos y expresiones faciales pasen desapercibidas.

Ser oportuno en la satisfacción de necesidades. Es importante que si la guagua manifiesta algún tipo de demanda, ésta pueda ser satisfecha en el momento.

Ser constantes en la satisfacción de necesidades. Es necesario mostrar una disposición que varíe lo menos posible. Esto le dará una sensación de estabilidad y tranquilidad a la guagua.

No sobrereaccionar ni sobreproteger. El mostrar una preocupación excesiva genera que la madre esté tensa y por ende es altamente probable que el bebé también se ponga tenso. Asimismo, a medida que los niños y niñas van adquiriendo mayor autonomía, es necesario otorgarles la oportunidad de explorar por su cuenta el entorno, procurando que no exista un riesgo para él o ella.

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