Niñez y uso de pantallas, rol de la familia: acompañar, normas y corresponsabilidad

Es un hecho que el mundo digital es una realidad que se impone, forma parte central y protagonista del mundo en que vivimos, ofreciendo oportunidades y accesos que antes no existían. Las nuevas generaciones ya nacen rodeadas de internet, computadores y teléfonos inteligentes; esta es una realidad actual, innegable e ineludible.

La relación entre niñez y uso de pantallas es un tema que interpela, tensa e interroga al mundo adulto (padres, madres, cuidadores, sociedad, Estado), en términos del ejercicio de cuidado ante estas nuevas tecnologías, el uso de ellas, regular los tiempos y contenidos, la responsabilidad y respeto a sus derechos. En este contexto, resulta relevante reflexionar sobre el rol de las familias.

La Premio Nobel Gabriela Mistral, en su famoso poema “Caricias”, nos llama a reflexionar sobre cómo los adultos miramos a los niños y niñas. Puede ser, por ejemplo, como en un espejo al verse reflejado, que va dando poco a poco sentido al mundo y reconocimiento propio; la mirada tierna que cuida, que atiende y protege; mirada que se torna recíproca y que permite, a su vez, abrirse al mundo, explorar y conocerle.

El contraste sería un estanque de agua, que refleja de forma fría y pasiva cualquier cosa que se ponga frente a él —la propia imagen, el cielo, los árboles, las nubes—. Por ello es clave recordar que los ojos nos permiten miradas e interpretaciones diversas que son las que permiten construir aspectos como el reconocimiento, cuidado, amor y respeto.

En este sentido, UNICEF ha enfatizado la importancia de la interacción humana y de las relaciones significativas durante la primera infancia, considerando que niños y niñas necesitan de adultos disponibles que acompañen sus experiencias y aprendizajes. La experiencia señala que las interacciones sensibles y responsivas con otros contribuyen al desarrollo cognitivo, emocional y social saludable.

Entonces, ¿qué sucede cuando se reemplaza esa “mirada y vínculo humano” por una pantalla? Probablemente, el niño quedaría reflejado y atrapado en el estanque de agua al que hace referencia Gabriela Mistral.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda evitar el tiempo sedentario frente a pantallas en niños y niñas menores de 2 años y establece orientaciones específicas para el grupo de 2 a 4 años. En estas etapas, niños y niñas no deberían usar la tecnología sin supervisión. Así como no es conveniente dejarlos solos en un entorno público real, tampoco resulta recomendable que naveguen sin el acompañamiento de un adulto responsable.

En etapas posteriores, entre los 4 y los 6 años, las pantallas no deberían desplazar las oportunidades que niños y niñas pueden adquirir en el contacto cotidiano con su ambiente familiar y con sus pares. En consecuencia, resulta importante favorecer un uso equilibrado, procurando que las pantallas no desplacen el juego, el movimiento, el descanso, la interacción familiar ni otras experiencias necesarias para su desarrollo.

Además, es importante que el acceso de los niños a la tecnología no sea manejado con ambigüedad, por lo tanto, el llamado a los adultos es a ser constantes y coherentes. En la medida en que mantengamos una relación consecuente con la tecnología, los niños podrían ir tolerando los límites.

A partir del ingreso en la escolaridad, la situación cambia y el uso de la tecnología empieza a ofrecer a los niños nuevas oportunidades. Los mayores beneficios se encuentran en torno a la comunicación, la búsqueda de información y el entretenimiento, lo que debe ser acompañado por el desarrollo temprano de un pensamiento crítico. Esto resulta protector, en tanto como herramienta para analizar la información digital y evitar la manipulación.

También es clave que las y los adultos tengan diálogos necesarios con niños y niñas: hablar sobre la noción de privacidad y comprender el riesgo de compartir información en las redes; establecer diferencias entre una persona confiable y una no confiable; diferenciar entre los “real” y lo “ficticio”, etc. Cuando son más pequeños, pueden consultar a un adulto; cuando son más grandes, se les deberá enseñar a buscar en sitios confiables.

Del mismo modo, se recomienda incorporar dinámicas que permitan equilibrar la presencia online y offline. No existe una cantidad universal de tiempo adecuada para todos los niños y niñas. Es natural que, a medida que van creciendo, dediquen más tiempo a su uso, pero esto no puede impedir que aprendan, se comuniquen y se diviertan mediante formas que no pasen exclusivamente por los dispositivos.

Volvemos sobre la mirada adulta, la interacción humana y real que puede acompañar, sostener, cuidar y habilitar la posibilidad de que niños y niñas aprendan nociones de cuidado y autocuidado, regulación y autorregulación: eso no se aprende sin otro semejante que esté dispuesto o dispuesta a acompañar este proceso.

En Fonoinfancia brindamos asesoría psicológica no presencial a padres, familiares o cuidadores, en un espacio contenedor y respetuoso, que busca ayudarles a visibilizar sus preocupaciones y las necesidades que puedan tener las niñas y niños, en este u otros temas. Funciona de lunes a viernes, entre las 09:30 y 19:00 horas, y está disponible de manera gratuita en el teléfono 800 200 818, el chat en www.fonoinfancia.cl o vía WhatsApp en el +56 9 3251 4935.

Sebastián Huencheslao, psicólogo,
profesional de Fonoinfancia

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