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Un espacio novedoso para la Paternidad en Chile: La inclusión del padre en el embarazo, parto y cuidados del recién nacido.

Ps.Caterina Forray Claps.

Especialista en Terapia Familia con Niños y Adolescentes

Un espacio novedoso para la Paternidad en Chile: La inclusión del padre en el embarazo, parto y cuidados del recién nacido.

Desde hace un cuarto de siglo, ha ido apareciendo un creciente interés mundial por promover la inclusión e involucración del padre en el proceso de gestación y crianza de los hijos/as. Se ha comprobado que es altamente beneficiosa para el desarrollo y bienestar de los niños/as, de la familia y del padre en particular.

Hoy día en nuestro país están dispuestas las condiciones de salud para que un niño o una niña se gesten y nazcan en buenas condiciones, y tenemos de hecho una de las tazas de mortalidad infantil más bajas de nuestra región. Ahora bien, la tarea que nos queda por delante es que se gesten y nazcan no sólo niños y niñas saludables, sino que seamos capaces también de traer al mundo hijos e hijas que puedan desenvolverse armoniosamente con lo que les toque vivir.

Tal como lo plantea Boris Cyrulnick, hacer nacer a un niño es un proceso biológico que depende de la sexualidad, el embarazo y del alumbramiento o parto. Pero traer un niño o niña al mundo implica que los adultos dispongan alrededor del niño/a una especie de matriz extrauterina, es decir, un medio rico en relaciones afectivas de cuidado y protección. Esto implica a su vez, que nosotros los adultos nos transformemos en padres y madres, en cuidadores competentes y amorosos.

Traer un niño/a y transformarlo en hijo/a implica apropiarse afectivamente del él/ella como un sujeto, sentirse parte del él/ella, y desde ahí contribuir en la delicada formación de todo su ser, mental, físico y espiritual como una personita armoniosa. Para ambos, padre y madre, participar en el embarazo y en los cuidados del recién nacido y/o de un niño/a permite dejar despertar, activar y tomar conciencia en nosotros la potencialidad de cuidar y de AMAR como comentaba Felipe Lecannelier (artículo publicado anteriormente en la Web).

Se ha visto que la mejor matriz o guía de desarrollo de un niño/a debemos buscarla en la relación que se va tejiendo entre el trío padre/ madre/ hijo(a). Hasta hace poco en nuestro país se tendía a privilegiar solo la relación madre/hijo(a) en el embarazo, parto y primera infancia; no sin razón, es la madre la que lo porta en el vientre, lo da a luz físicamente y se ha hecho cargo de los delicados cuidados que este proceso requiere. El padre permanecía algo así como “invisible”, a los ojos de los sistemas de salud, durante el embarazo y el parto.

Sin embargo hoy se considera fundamental su participación en el proceso de dar a luz y criar de los hijos/as. Es con el padre, en esta relación de a tres, que se pueden ofrecer los más ricas y más completas redes de relación sobre las que se sustentará el desarrollo de un hijo / a emocional y físicamente saludable.

Recientes investigaciones en nuestro país nos muestran que la paternidad está atravesando hace ya más dos décadas por un intenso proceso de cambio. Conviven hoy en Chile, lo que podríamos denominar:

Padres nutricios, que se involucran cercanamente en la crianza y cuidados de los hijos/as en forma más igualitaria con la madre
Y aquellos más tradicionales, que delegan dichas funciones a la madre y cumplen más bien solo funciones disciplinarias, de autoridad, y establecen con los hijos/as un vínculo basado en la funcionalidad de proveer.
Centrémonos en este nuevo padre. ¿Cuáles serían las experiencias que ayudan a los padres en la emergencia de este nueva paternidad, nutricia y compartida con la madre?

Se ha visto que es precisamente la participación y compromiso afectivo en el proceso de embarazo, parto y periodo de recién nacido, uno de los aspectos que ayuda a los varones a transformarse en padres, en actores visibles, indispensables, y con una importancia crítica para el bienestar de la madre, del hijo/a y de la familia como un todo.

La biografía de la paternidad se va escribiendo en los encuentros con el hijo/a, desde que se piensa en la posibilidad del traerlo al mundo, y se lo incluye en las fantasías, cuando se cuida el embarazo y se aguarda por él durante el ese período, cuando se lo recibe y se lo hace nacer al mundo, en fin cuando se lo asiste y protege en lo cotidiano. Es en el encuentro que se gatilla la posibilidad de amar a un otro con significado afectivo propio y se construye el lazo afectivo entre padre e hijo/a. En el encuentro, se va estableciendo un circuito en el que el cariño incondicional y la confianza de contar con el otro, van circulando de un lado a otro.

En un estudio realizado con padres que tomaron su descanso postnatal (C, Forray), existirían ciertas condiciones que los acercan a esta nueva forma de paternidad, más afectiva y cercana en la crianza. Dentro de estas condiciones se cuentan las relativas al vínculo con la pareja. Contar con una relación de pareja donde predomine el cariño cercano, que no esté tironeada por el conflicto, ni tampoco se trate de una relación circunstancial; contribuye a acercar al padre al proceso del embarazo y el parto así como de la crianza y cuidados de los hijos/as. En este contexto de relación de pareja los padres creen que deben proteger el embarazo y a la mujer embarazada, promoviendo un medio afectivo protectivo con la madre, de apego y compañía con ella, y a la vez un contexto psicológico y material que resguarda el embarazo a fin de asegurarle las mejores condiciones.

El padre se ofrece y se ve así mismo como una fuente de apoyo y protección del proceso de gestación por el que atraviesa la pareja. 
Además de estas condiciones descritas por los padres para involucrarse en el embarazo, destaca un evento fundamental del proceso de traer un hijo al mundo: el parto, podríamos describirlo como un período sensible de los padres al apego.

La experiencia de participar o ser parte del parto del hijo/a favorece el desarrollo de un sentido de paternidad que les permite sentir que se es genuinamente padre, desde el saber afectivo del apego al hijo/a, así como sentirse parte del parto, y no un mero espectador, sentirse parte de la familia como un todo.

Desde esta experiencia el padre es protagonista, vive desde dentro el parto, es parte del él, puede tomar el peso de la experiencia de parir, del valor de la madre al momento de parir, y valora también su participación dentro del proceso total, desde haber fantaseado con un hijo/a hasta el hecho material de acompañarlo/a en el momento de su nacimiento y traerlo/a al mundo al lado de la madre.

Es importante recordar que “un padre no nace sino que se hace”, y que convertirse en padre es un oficio que se aprende en el ejercicio de la paternidad, que se construye, en parte, participando en el proceso de engendrar, en el embarazo y en el parto. Pero evidentemente no es esta la única oportunidad. El cuidar al hijo/a a lo largo de la vida nos ofrece las más diversas formas de aprender a ser padre. En todo caso, al participar de los controles de embarazo, preguntar por las dudas y temores que naturalmente aparecen con el embarazo y el parto, salirse de la exigencia de ser siempre el hombre que debe proteger y brindar seguridad, los papas pueden hacerse parte del crecimiento saludable del bebé desde el vientre y comenzar a tejer una relación con el/la hijo/a.

Comunicar a la pareja los miedos, las ilusiones, que muchas veces podrán tener que ver con cómo asegurar el sustento, o clamar los temores de la madre o la sobrecarga emocional que a veces la embarga, o preguntarle a otros papas como ha sido su experiencia con su hijos/as y en el parto, son todas alternativas que le ayudan a los padres a transitar mas tranquilamente por este maravilloso proceso de la paternidad.

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