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Los niños y niñas como síntoma de su contexto

Claudia Moya

Psicóloga

Servicio Fonoinfancia Fundación Integra

Los niños y niñas como síntoma de su contexto

El servicio Fonoinfancia está orientado a colaborar en el pensar sobre la crianza de niños y niñas. Muchas de las llamadas que recibimos los/as psicólogos/as de este servicio son originadas por adultos significativos; madres, padres, abuelos, abuelas, tíos, tías, educadores, entre otros, que se encuentran inquietos, preocupados, desconcertados por conductas y emociones en los niños/as.

Estos adultos expresan diversos motivos que los aquejan y angustian; “mi hijo está muy mañoso y no quiere ir al jardín, antes no le pasaba esto y hace dos semanas que presenta unos berrinches terribles para no asistir, es que es muy mamitis”, “mi hija está muy desobediente, irritable, muy manipuladora para conseguir lo que quiere, hace poco nos separamos con su papá y no le hemos contado nada”, “mi niño no es hijo de mi actual pareja, pero él lo reconoció, el cree que es su padre, nunca hemos hecho diferencias entre los hermanos, pero mi hijo está muy rebelde y agresivo”, ”yo estoy con una depresión y no puedo quitarle el pecho a mi bebé, no hay nada que lo calme” “mi hija es muy inquieta, nació así, tiene problemas para dormir, hemos tenido problemas con mi pareja, pero no peleamos delante de ella”, “mi hijo es un niño que no juega, se aísla, nosotros lo adoptamos y no le contamos, pero estoy segura que él no sabe nada así que no creo que tenga relación con sus conductas”, “mi hija está muy apegada a mí, no me deja ir a ninguna parte sin ella, el padre se fue y hace un año que no sabemos nada de él, ella tampoco pregunta así que para que no sufra no se habla del tema en la casa”.

Como profesional de este servicio no deja de sorprenderme como los adultos que consultan, muchas veces creen que las manifestaciones de los niños y niñas son propias de ellos, que nacieron así, y que lo que les sucede no se relaciona con lo que ocurre en el mundo que los rodea, que no tiene nada que ver con su contexto, ni con su historia.

Estos consultantes representan las creencias que operan en nuestra cultura en la actualidad, donde las conductas y dificultades de los niños y niñas son percibidas desde una mirada adultista, sin considerarlos como un otro legítimo. Creyendo que sus hijos/as, nietos/as, sobrinos/as, alumnos/as, presentan estos comportamientos, debido a que son manipuladores, egoístas, poco empáticos, inmaduros, irrespetuosos, desobedientes, entre otros calificativos.

Además, los adultos, suelen tener la creencia que los niños/as no escuchan, no ven, no entienden lo que sucede en sus familias, que las conductas y emociones que manifiestan no se relacionan con el mundo en el que se desenvuelven; jardines infantiles, colegios, hogares, siendo seres pasivos de su desarrollo y no sujetos de derecho, no considerándolos como protagonistas de su historia, sino espectadores de lo que sucede.

El bebé al nacer posee características propias, genéticas, heredadas, pero que al relacionarse con su contexto se despliegan de diversas formas. Los niños/as se desarrollan en las relaciones con los adultos significativos que los acompañan, se constituyen en la dinámica que ellos les presentan. Las conductas, emociones, relaciones que los niños y niñas manifiestan y establecen son la respuesta a un contexto familiar, escolar, histórico en el que se mueven. Los niños/as se desarrollan en el ambiente que sus cuidadores le entregan, respiran el aire que como adultos les otorgamos, son parte del clima emocional que les proveemos. Y ante esto los niños/as tienen sus propias teorías y fantasías respecto lo que ocurre a su alrededor.

En este contexto cobra sentido que, para comprender al niño/a necesitamos saber qué pasa allí donde vive, qué pasa en la escuela a la que asiste, cuáles son sus dichos y creencias respecto estos ambientes, el niño/a se va constituyendo en el contexto que lo alberga.

El niño/a está situado en una familia y lleva el peso de la historia de cada uno de sus progenitores y al nacer entra en un sistema con sus leyes, sus vínculos y sus obligaciones. Su llegada plantea una interrogante a ambos padres. Así, desde antes de su nacimiento, se estructura ya cierto destino para él. Es por esto, que no todos los hijos/as son iguales aunque tengan los mismos padres. Cada hijo/a llega a un escenario determinado, el cómo fue concebido, el deseo de sus padres hacia él, el embarazo, la dinámica que se daba entre sus figuras parentales, el lugar que viene a ocupar un hijo o hija en la vida de sus padres es único.

Para ilustrar lo que expongo, me baso en muchos de los llamados que recibimos en Fonoinfancia. El adulto consulta por conductas difíciles en el niño o niña, y a lo largo de la intervención telefónica descubrimos la presencia de un conflicto familiar y/o escolar, la existencia de secretos o situaciones que no fueron explicitadas. En este sentido, distinguimos que no necesariamente los eventos conflictivos (que reportan muchas veces sin explicaciones) son en sí mismos las causas del problema, o generadores de los síntomas en los niños/as, sino por el contrario, constatamos que lo perjudicial es la negación de los adultos significativos respecto estas situaciones, el rechazo que les provoca hablar de estos temas, esforzándose por maquillar los acontecimientos que para ellos provocan dolor, y por lo mismo, piensan que sus niños/as sufrirán y los adultos quieren evitar todo sufrimiento a los suyos.

Si deseamos ser parte de una crianza respetuosa, donde los niños sean considerados como un otro legítimo, es fundamental tener en cuenta que lo que perjudica al niño/a no es la verdad, sino aquello de esa situación que no ha sido verbalizado con claridad por el adulto, la fuente de angustia para los niños y niñas, generalmente se relaciona con lo no dicho por sus figuras de cuidado. Para esto muchas veces son los adultos quienes necesitan ayuda, profesional o no, donde exista una escucha desprejuiciada, un espacio de reflexión, que colabore en el enfrentamiento de temáticas difíciles y/o dolorosas que impiden hablar con honestidad con los niños/as y ligar sus conductas, emociones, pensamientos y verbalizaciones con el mundo que los rodea.

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