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Hacer memoria. Hacer historias

Claudia Moya Dabed

Psicóloga Clínica Infantil

Profesional de Apoyo Fonoinfancia

Hacer memoria. Hacer historias

Memorias, vínculos, historias.

Una tarde de otoño, caminaban madre e hija por el parque, sintiendo una suave brisa en sus caras y jugando con las hojas secas que se desprendían de los árboles. Un aroma interrumpe el trayecto de ambas y la madre pregunta a su hija: “¿sientes ese olor?”, al mismo tiempo que le cuenta como éste la transportó a su infancia y recordó cuando paseaba con su abuela que ya no está. Este párrafo ejemplifica como la memoria genera vínculos a través de los recuerdos de una madre que entregando un relato hace partícipe a su hija de su historia y puede conocer algo más de su abuela. Es necesario crear una ética que tiene por base que la memoria de los niños y niñas está hecha de los vínculos que han establecido a lo largo de la vida, así como de los recuerdos que en forma compartida pueden construir, almacenar y organizar junto a sus adultos significativos. Ocuparse de los niños y niñas es un imperativo porque nos compromete a todos. Cuando lo hacemos le damos un lugar a la memoria y a la verdad. La infancia es un espacio para pensar en el cuidado que hace falta para la construcción de quienes somos como sociedad.

La bibliografía especializada explica como la memoria se constituye desde el periodo de gestación

Todos somos parte de una historia y aportamos a ésta, lo que cada uno hace, dice o siente se registra en un gran continente que supera la propia vida y nos hace pertenecientes a una comunidad. Con nuestros recuerdos constituimos vínculos, al recordar favorecemos la unión con otros constituyendo así, una memoria común, una memoria colectiva. Creamos una historia individual, familiar, escolar, una historia de país, de continente y de mundo. La memoria contribuye a la creación de los que somos y lo que serán nuestros niños y niñas.papahijo (9)

“La memoria individual de cada sujeto se encuentra, primero, en el otro, lo que somos o hemos sido en la primera infancia es un recuerdo prestado, que, de ser relativamente apegado a la realidad efectivamente vivida, le da coherencia y sentido a nuestro presente”. “La memoria del niño es la memoria del otro”.(Marchant, 2014)[1]

La memoria del niño o la niña es la memoria del otro, es decir, los adultos significativos que  acompañan a los niños/as durante sus primeros años de vida aportarán con recuerdos que éste o ésta requerirán para su constitución subjetiva. Es así como los adultos transmitirán, entregarán, donarán, traspasarán, comunicarán fragmentos de historia a los niños y niñas  a través de relatos, fotografías, olores, escrituras, canciones, cuentos, texturas y tantos otros medios imaginables  posibles.

Por esta razón, es vital la función de transmisión que los adultos generen. La ausencia de recuerdos, el silencio, los secretos y las omisiones, respecto a los orígenes, la historia del niño o la niña y su familia traerán consecuencias en la construcción de su identidad y por ende en la historia que él o ella podrá trazar.

Como adultos tenemos un trabajo ético: el recordar, el rememorar, el no olvidar. El contestar los cuestionamientos de nuestros niños y niñas por difíciles y dolorosos que como adultos nos parezcan ya que con nuestros recuerdos constituimos vínculos, el recordar nos une y constituye una memoria común, una memoria colectiva.

Es por esto que, el ejercicio de hacer memoria es imprescindible para conocer y reconocer nuestro pasado, estar en el presente y lanzarnos al futuro, ya que finalmente somos lo que recordamos.

La memoria en niños y niñas.

La memoria nos permite adquirir, almacenar y recuperar nuestras experiencias. La adquisición de éstas puede ser es a través de la mirada, la escucha, el olfato, el gusto, el tacto, entre otros. El almacenamiento y posterior evocación de nuestras vivencias pueden ser en palabras, imágenes, olores, colores, sonidos, sensaciones y emociones.

Generalmente, se cree que las guaguas, los niños y niñas no tienen memoria, ni emociones. Estas creencias se fundan en la imposibilidad de los adultos para recordar los primeros años de vida. Sin embargo, la bibliografía especializada, explica como la memoria se constituye desde el periodo de gestación.

Las guaguas, luego niños y niñas sí tienen memoria, sólo quemamahijo (7) es diferente a la que se presenta en la etapa de la adultez. Las células nerviosas que activan la memoria ya están desarrolladas en el tercer trimestre de gestación. Desde el nacimiento, las guaguas desarrollan la memoria de reconocimiento, la que actuará frente a olores, sonidos e imágenes. En el transcurso de los días y las semanas se establecerán rutinas, material que se utilizará para el desarrollo de la memoria a corto plazo, la cual comenzará con el reconocer a las personas cercanas, rechazar a las extrañas y entender algunas palabras. Desde los seis meses[2], las guaguas podrán recordar sin contextualizar sus recuerdos, sin lograr ubicar éstos en el tiempo y espacio dado que son categorías que aún no se han instaurado en esta etapa inicial de la vida.

Alrededor de los diez meses, comienza el desarrollo de la memoria de evocación que se refiere a la capacidad de recordar objetos que no están presentes. La guagua será capaz de encontrar un objeto que se haya escondido segundos antes. Esta capacidad está relacionada con la característica del desarrollo cognitivo del niño, la “permanencia de objeto” (Piaget, 1952)[3] La guagua mantiene la imagen mental de una persona u objeto aunque éste no esté presente. Existe un clásico juego que ilustra esto y que las guaguas disfrutan muchísimo: “esta no está”,  donde él bebe logra simbolizar una desaparición, una pérdida, dar representación a la ausencia.

Al poder hablar, los niños y niñas comienzan a desarrollar la memoria a largo plazo. Esto es porque el lenguaje favorece la función de simbolización que colabora a su vez en la capacidad de recordar información por períodos más largos de tiempo. A los tres años aproximadamente,  podrán acordarse de hechos, personas, lugares o cosas importantes para ellos o ellas. Niños y niñas comenzarán a evocar y recordar fragmentos de su vida a través de imágenes, olores, colores, sonidos, sensaciones y/o emociones. Es así que gracias a la memoria serán capaces de crear su propia historia.


[1] Marchant, Matías. Vínculo y Memoria. Editorial Cuarto Propio. Chile, 2014

[2] En este texto, las edades son solo referenciales, tener presente que cada niño y niña es única e irrepetible y por lo mismo sus tiempos y ritmos son particulares.

[3] Piaget, Jean. El nacimiento de la Inteligencia en el niño. Editorial Crítica. España, 2000

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