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Fomento lector

A esta edad  nuestros hijos e hijas ya no son tan pequeños. La relación con ellos se vuelve mucho más interactiva y comienzan a hacerse preguntas, a elegir, a imaginar de otra manera el mundo que los rodea.

Mantén la práctica de leerles cada noche antes de dormir, pero ahora les puedes contar historias más largas. No es necesario contar un cuento completo de una vez; ese puede ser un espacio prolongado a lo largo de la semana, empezando siempre con un “¿te acuerdas en qué parte habíamos quedado ayer?”.

En ese espacio, déjalos interrumpir y preguntar. Si no lo hacen, motívalos a que te digan qué les pasa con la historia que les cuentas o qué creen que sucederá. Mucho más importante que el relato que lees, son sus impresiones.

Si a un niño o niña no le gusta el cuento que le lees, no lo fuerces, trata de explicarle, agrega emoción al relato. Si, pese a ello, el disgusto persiste, cambia de libro y empieza con otro. Incluso, si un día no quiere que le leas un cuento, no le des importancia; aprovecha de compartir con él o ella un juego o una canción que puedan cantar juntos.

Intenta siempre tener más libros en casa para él o ella, de esos que pueden leer solos, donde abundan las ilustraciones y que no requieren tanto del texto para su comprensión. Así, si después de leerle, quiere seguir viendo otros libros, podrá hacerlo. Permítele siempre ver otros libros si lo desea, no se los prohíbas porque es tarde ni le apagues la luz.

Como lo señalamos, la lectura favorece el desarrollo motor, lingüístico, emocional, cognitivo, social y lúdico de los niños y niñas. Pero también estimula el vínculo entre los miembros de una familia y de su comunidad. La lectura nos permite estimular nuestra imaginación, ampliar nuestro conocimiento, nuestro lenguaje y mejorar nuestra comprensión del mundo.

La lectura no está sólo en los libros; son también las historias, relatos, leyendas, canciones y juegos. Cuando se cuenta una historia se recrea la memoria, comprendemos nuestro entorno, reconocemos el medio en el que vivimos.lectura (12)

La lectura es también una forma de comunicación verbal y física. El niño o la niña reconocen objetos, palabras, colores e historias. Pero reconoce, asi mismo, a las personas con las que lee o que le leen; establece vínculos emocionales y cognitivos.

Investigaciones han demostrado que, desde que nace y hasta los siete años aproximadamente, se producen constantemente cambios significativos en niños y niñas en el desarrollo mental y emocional, base para el desarrollo de su inteligencia y su integración futura.

Estimulada desde la primera infancia, la lectura es una experiencia que perdura a lo largo de toda la vida del ser humano.

Resulta muy útil y necesario rescatar las historias, poemas y canciones tradicionales, porque allí podemos vernos reflejados, entender lo que nos gusta y saber por qué somos así. Recordar las narraciones de padres y abuelos, del lugar que habitamos, o alguna historia que alguien contó alguna vez: todo sirve.

A través de las historias tradicionales, de los relatos orales, no sólo se mantiene la memoria, sino que se construye el patrimonio, la identidad de una comunidad.

Algo similar ocurre con las canciones y juegos. Cantar es contar, es una de las maneras más antiguas de contar, incluso desde antes que existiesen la escritura y los libros. Cantando podemos mecer a nuestras guaguas, cantando podemos jugar, cantando podemos divertirnos y compartir.

Reconocer la musicalidad del lenguaje facilitará la articulación que el niño o niña haga, en el futuro, con la palabra escrita. Asi mismo, cantar y contar resultan naturalmente cercanas y preparan un ambiente propicio a la lectura.

Existen muchas de formas de leer y cada uno debe encontrar la más apropiada. La lectura es una experiencia personal que también puede volverse colectiva. Y es esto lo que trataremos de atender.

Lo esencial es desprender a la lectura de cualquier rol con fines pedagógicos o de aprendizaje: ante todo se debe buscar que ésta sea un espacio de recreación, de diversión y de placer. Así, para el niño o la niña la lectura será un momento esperado, un espacio para el juego, la imaginación y la creación. De lo que se trata es de encantar, de entrar al mundo de los textos escritos,  de los cuentos, como quien entra a un viaje.

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Se ha de procurar, entonces, buscar un momento distinto al de los deberes y de las obligaciones curriculares. Es entonces cuando recomendamos leer, sin buscar respuestas u objetivos académicos: leer por el simple placer de leer o de escuchar un cuento, una historia o un poema, por el puro placer de cantar o contar.

Estas lecturas han de ser diarias. En ellas, no importa la edad, no es necesario hacer preguntas para ver si entendieron o no lo que se les acaba de leer, pues no se trata de un examen. La lectura ha de ser, en esta instancia, siempre por placer y jamás por obligación.

Es necesario, eso sí, crear el hábito, un espacio común y distendido para la lectura. Tal vez cuando se haya acabado una tarea o trabajo; ese puede ser el momento para “regalar” un cuento u otro tipo de texto escrito, casi como un premio, como un momento para el descanso. Así, la niña o el niño asociarán la lectura con una instancia de placer y no de obligación.

Resulta aconsejable que este momento se realice en un ambiente relajado, sobre cojines o acostados en una alfombra; nada formal. Recomendamos nunca hacerlo con los niños y niñas sentados y en silencio alrededor de una mesa. Será interesante potenciar este momento en el o los períodos de la jornada diaria, cuya intencionalidad pedagógica apunte a enriquecer el sentido literario; por ejemplo: períodos como “la hora del cuento”, “un cuento mágico” o cualquiera que el nivel educativo realice.

La lectura puede ser interrumpida e intervenida por ellos. Cuantas veces quieran. Porque la lectura es también un espacio para la conversación.

Es aconsejable elegir historias cortas. Ello permitirá hacer más de una lectura al día. No importa que éstas se repitan a lo largo de la semana: los pequeños adoran escuchar una historia conocida. En ocasiones hay cuentos que les gustan particularmente, sea por su sonoridad o por la historia contada,  y desean escucharlo una y otra vez. Es recomendable contárselos cuantas veces quieran. Ésta es una excelente posibilidad para lograr interactuar con ellos, haciéndolos participar más de la historia, contando lo que le gusta o no, relatando lo que sucederá, introduciendo o cambiando algún personaje o el final de la historia.

Para la lectura en voz alta es recomendable seleccionar previamente lo que se va a leer y prepararla. Se trata que esa lectura sea lo más natural posible; el entusiasmo de quien lee es claramente percibido por los niños y niñas y puede hacer la diferencia al disfrutar o no de este momento.

Se recomienda leer el texto previamente antes de leerlo a los demás. Igualmente, es necesario que su lectura sea muy expresiva, destacando los distintos colores y momentos de la historia. No se trata de “actuar” la historia; ello puede resultar contraproducente. De lo que se trata es de realzar los distintos momentos y sus sensaciones: peligro, emoción, suspenso, ternura, sorpresa. No es necesario leer en tono infantil o con diminutivos.

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Para la lectura en voz alta es necesario encontrar un ritmo propio. No se debe leer rápido; se debe leer lentamente, dejando que se disfrute de las palabras y las imágenes que los pequeños construyen en sus mentes.

Cuando se cuenta un cuento o una historia, es recomendable tener el libro en las manos; así se entenderá que las historias vienen de ese “objeto libro” y que no ha salido de la mente del que cuenta un cuento. Eso permitirá que posteriormente se pueda mirar el libro buscando rememorar la historia a través de sus imágenes o simplemente establecer un lazo afectivo con el objeto.

Cuando se lee es necesario no perder contacto visual con niñas y niños; eso ayudará a conocer sus emociones y permitirá reforzar una u otra parte de la historia, así como mejorar tus futuras lecturas.

Es muy necesario incorporar a los niños y niñas al acto de leer: dejándolos que den vueltas las páginas; permitiéndoles que pregunten en medio de la historia; invitándolos a nombrar personajes, colores u objetos; dejándolos adivinar lo que sucederá. Ello mantendrá su atención en el relato.

Un elemento que aporta al ambiente mágico que produce la lectura de cuentos, son los matutines; aquellos encabezados y finalizaciones que ayudan a iniciar y terminar el cuento, permitiendo a los niños y niñas acompañar al adulto a decirlos. El término matutines procede del latín matutinus y se relaciona con los maitenes, nombre de una de las horas canónicas que se rezaba antes del amanecer.

Ejemplos de matutines al comenzar:

“Si te lo cuento primero o te lo cuento después, si te lo cuento al derecho o te lo cuento al revés”

“Soplen, soplen, soplen para que llegue el viento y con el  viento llegó este cuento”

Ejemplos de matutines al terminar:

“Y el cuento se acabó y el viento se lo llevó, cuando lo vuelva a encontrar te lo volveré a contar”

“Colorín colorado, este cuento ha terminado”

Una lectura que ha resultado entretenida es una excelente posibilidad para conversar y compartir experiencias. No se trata de forzar la conversación para hablar del libro, sino de abrir un espacio para el diálogo. Ello puede facilitar la comprensión de otras situaciones, problemas familiares o de desarrollo íntimo que la niña o el niño puedan estar viviendo. En algunos casos puede que niños y niñas no respondan directamente a una pregunta del docente del equipo educativo o del psicólogo y encuentren, a través de un personaje o una historia, un camino más fácil para expresar sus ideas.

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En todo caso, este diálogo no debe ser forzado y jamás se debe buscar evaluar el nivel de comprensión lectora: no es el objetivo. Lo que se busca es el placer por la lectura, solamente eso. Si la conversación resulta,  será perfecto; pero nunca forzarla.

Algunas de las preguntas propuestas en la Guía para Familias pueden ser de utilidad. Es necesario poner atención a que lo importante no es el contenido de la historia, sino las condiciones sensoriales y emocionales que se despiertan en el niño o niña:

¿Qué te pasó con la historia?
¿Qué es lo que más te gustó?
¿Hay algo que no te gustó?
¿No te gustó nada?
¿Cómo te sentiste?
¿Conoces a alguien a quien le haya pasado algo así?
¿Cuáles son las historias que más te gustan?
¿Te imaginas otro final para la historia?
¿Y qué te parecieron las ilustraciones?

Los libros infantiles suelen tener muchas imágenes y ser ilustrados con técnicas variadas. Sus ilustraciones son diversas en técnicas y en propósitos. Algunas solo complementan el contenido textual y otras se presentan como una nueva narración, semejante al texto, pero aportando una versión o visión que lo extiende.

Particular es la situación del libro-álbum, en el cual la imagen es tan relevante como el texto. En variados ejemplos incluso es más importante la ilustración que las palabras, llegando en casos a dominar por completo el libro, haciéndolo carecer de “historia contada” o escrita.

En esos casos, éste puede ser un muy buen material para recrear la historia, permitiéndole al niño o niña que comparta su propio relato a partir de las imágenes del libro. Ello favorece la creatividad e imaginación, motivando además la expresión verbal.

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Recomendamos que cada vez que se utilice un libro de estas características por cualquiera de los miembros del equipo educativo, lo lea mostrando las páginas frente a su audiencia, provocando la conversación, o motivando a que niños y niñas manifiesten qué ven allí, identificando formas, colores y personajes.

Existen otros materiales que pueden utilizarse de igual manera para contar historias, tales como los álbumes de fotos familiares o de lugares conocidos, que pueden resultar útiles en este mismo sentido y pueden ser usados como libros para contar la “propia historia”.

Existen muchos tipos de libros y lecturas. Todos nos permiten familiarizar al niño o la niña con el lenguaje escrito, aun cuando en este período no corresponde que lean ni sea nuestra intención que lo haga.

Como señalábamos en un principio, los libros se eligen simplemente porque nos gustan. Al momento de acercarse a un libro, niñas y niños deben tener esa opción, sentir que ellos deciden. Es facultad del equipo docente del centro o establecimiento decidir qué materiales les ponen enfrente: mientras más amplia la gama, mientras más diverso el espectro, más opciones tienen ellos de elegir. A su vez, más posibilidades tendrá el equipo de conocer al niño o niña.

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Existen muchos tipos de libros. Están los libros recreativos, por ejemplo. Estos son muy útiles para fomentar el placer por la lectura. Ya sean de narrativa o poesía, nos pueden introducir en mundos realistas y también fantásticos; pueden provenir de relatos tradicionales tales como mitos o leyendas; pueden dar cuenta de aventuras o fábulas; viajes en el tiempo; cantarnos canciones de cuna o rondas infantiles; pueden ser trabalenguas o adivinanzas, enciclopedias y diccionarios para niños, libros de información sobre animales por ejemplo, incluso los diarios del día. Están los libros-juguetes y los libros-juego; los libros de actividades y los científicos; los gigantes y los diminutos; los para leer y los para contar.

Todos los libros sirven. El asunto es identificar qué libro quiere un niño o niña en específico, cuál le resulta más atractivo, con cuál se siente más cómodo e identificado. Para todos hay un libro, siempre. Ello dependerá de la realidad en que habitan, de los libros que posea el jardín o la sala cuna y, por supuesto, del gusto de cada niña o niño.

 

Estos audiocuentos son una producción musical realizada por el Ministerio de Educación (2010) que incluye una variada selección de cuentos clásicos y contemporáneos, tales como El traje nuevo del emperador de Hans Christian Andersen, Las medias de los flamencos de Horacio Quiroga y el cuento popular La tortilla corredora. La duración de las narraciones varía entre 4 a 12 minutos y son recomendados para niños desde los 4 años de edad.

Los músicos de Bremen es un cuento de los Hermanos Grimm, nombre con que se conoce a los escritores alemanes Jacob Grimm y Wilhelm Grimm, quienes durante el siglo XIX alcanzaron gran popularidad por sus colecciones de canciones y relatos para niños.

Tren Tren y Cai Cai Vilú es una tradicional leyenda mapuche, introducida también en la mitología chilota

Las medias de los flamencos es un relato para niños del escritor uruguayo Horacio Quiroga, publicado en 1918 en el libro Cuentos de la selva.

La brujita y Federico

El traje nuevo del emperador es un cuento danés escrito por Hans Christian Andersen y publicado por primera vez en 1837.

 El gato con botas es un cuento popular europeo, recopilado en 1697 por Charles Perrault en su Cuentos de mamá ganso, como El gato maestro y anteriormente en 1634 por Giambattista Basile como Cagliuso.

 

¿Sabías que?

En ocasiones a los más pequeños les gusta un cuento en particular y desean escucharlo una y otra vez. No te niegues a esa petición, cuéntaselos cuantas veces quiera; trata, eso sí, de enfatizar más la narración o los diálogos y aprovecha de que él o ella participe más de la historia, contando lo que le gusta o no, relatando lo que sucederá, introduciendo, cambiando algún personaje o el final de la historia.