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Tratando bien a nuestros hijos e hijas

Trinidad Risopatrón

Equipo Línea de Ayuda Niños, Niñas y Adolescentes, Fundación ANAR

Tratando bien a nuestros hijos e hijas

Cuando escuchamos hablar de los derechos del niño, siempre pensamos en un NO: no al maltrato, no al abuso, no a los golpes, no a los gritos, no a la indiferencia; y es difícil saber qué es lo que sí hay que hacer, es decir qué es el buen trato.

Los derechos del niño, son acuerdos que hemos tomado los adultos de cómo tratar, cuidar, proveer y relacionarnos con los niños/as de una manera respetuosa y considerada, tomando en cuenta sus necesidades y etapa de desarrollo. Dentro de las necesidades de los niños/as están las básicas para conservar la vida, aquellas que ayudan a su desarrollo e integración a la sociedad (estimulación, valores, habilidades sociales), y las que favorecen los vínculos y el sentirse queridos, aceptados y considerados.

Cumplir con estas necesidades no es una tarea fácil para ningún papá o mamá. Cada etapa de los hijos/as presenta desafíos nuevos, y no siempre sabemos cómo responder a ellos. Frente a ello Jorge Barudy, un experto chileno en buen trato nos entrega algunas pautas de cómo ir desarrollando una parentalidad sana, competente y bientratante, que permita el desarrollo de un apego seguro, ofreciendo un sentimiento de pertenencia y seguridad a los hijos.

familia

¿Qué debes cuidar a la hora de ejercer tu función como papá o mamá?

Una disponibilidad múltiple: Esto es ofrecerle a tus hijos diversidad de experiencias en donde se favorezcan distintas áreas de su desarrollo, y ofrecerte como persona dispuesta a acompañar estas experiencias.

Espacios afectivos: ayúdales a sentirse queridos por ti, a través de caricias, regaloneos, mensajes y palabras cariñosas, como por ejemplo “Te quiero” “Me gusta estar contigo”, a fin de que se convenzan y sientan que son alguien que merece ser querido/a, cuidado/a y protegido/a. Un niño/a que se siente querido aprende a cuidarse a sí mismo, a tratarse con respeto y a querer y cuidar a otros.

Espacios íntimos: ten espacios a solas con tu hijo/a, de estar completamente presente con él o ella. No importa si es muy pequeño como para conversar, la intimidad también es estar abrazados los dos juntos, mirarse y tocarse, reírse o realizar juntos una actividad. Lo importante es que sea un momento de ustedes dos, donde pueda sentirse como alguien especial y único, distinto/a a los demás. De a poco en la medida que crezca estos espacios servirán para compartir emociones, ideas y experiencias intimas y profundas, y se establecerá un canal de comunicación donde tu hijo o hija, sabe que estás ahí disponible para él o ella no importa lo que sea.

Espacios lúdicos: el juego es uno de los pilares en el desarrollo de los niños y niñas. Es a través del juego que los niños/as experimentan el mundo, aprenden, se vinculan y se sanan. Permítete jugar y pasarla bien con ellos de manera espontánea como si fueras un niño o niña más. Interésate en conocer lo qué les gusta, qué actividades y juegos son sus favoritos. Muéstrales y enséñales también juegos que a ti te gustan.familias (1)

Espacios de aprendizaje: los niños aprenden siempre de los adultos, y sobretodo más de lo que hacen que de lo que dicen. Aprovecha lo que van viviendo tus hijos, cada experiencia cotidiana, para trasmitirles tu experiencia y conocimiento. Ante una nueva tarea u oportunidad de aprendizaje parte de lo que ellos ya saben, por ejemplo para ir enseñándole a bañarse puedes partir preguntando ¿Qué es lo primero que hay que hacer para bañarse? Escucha su respuesta y luego sigue con la instrucción que quieres darle “Muy bien, hay que sacarse la ropa, ver si está rica y luego te metes, etc.” Hazlo siempre de manera cariñosa y con respeto.

Estabilidad: es importante ofrecerles cuidado y protección a largo plazo, es decir que sepan y sientan que pueden contar contigo en cualquier momento aunque pasen los años. Incluso, cuando los padres deciden separarse o se tiene un hijo sola, es importante seguir ofreciendo esta disponibilidad; tanto en la cantidad de tiempo que pasas con tus hijos, como en la calidad de la relación cuando estás con ellos. Puede que por el trabajo o porque no vives con tus hijos, quede poco tiempo para estar con ellos, pero aprovecha los que tienes no sólo para organizar o fiscalizar las tareas, pregúntales “¿Cómo lo pasaste hoy?” Interésate si tiene algo para mostrarte, mira sus dibujos y en vez de decir sólo “qué lindo” pregúntale “¿Qué dibujaste? ¿Qué está haciendo X?”. Todo esto hará que te sientan cercana(o), no sólo porque se lo dices –lo que es importante hacerlo- sino porque efectivamente te interesa lo que les sucede, estas cerca y atento a sus cosas.

Accesibilidad: tus hijos/as necesitan recibir el mensaje de que “pase lo que pase” ellos/as serán lo más importante y que estarás siempre ahí para ellos/as. Para esto es necesario crear puentes y no muros: escúchalos, responde sus preguntas, atiende sus necesidades. Es verdad que no siempre es posible, puede que estés realmente ocupada(o) o estés en un tiempo para ti. Ser accesible no es ser un esclavo sino transmitir que cuentan contigo. En esos momentos que no puedes responder en el minuto, date dos segundos para mirarlos a la cara, asegúrate que puedan esperar, y diles “Ahora no puedo, pero cuando termine esto voy a ayudarte con lo que me pides”, en cuanto termines acércate y atiende su necesidad. Así le transmites que a pesar de que a veces tendrá que esperar finalmente siempre estarás.mamahijo (12)

Perspicacia: Tus hijos/as necesitan saber que tú te das cuenta y te alegras por sus cambios y logros. Observa el desarrollo de tus hijos, felicítalos cuando cumplen con una responsabilidad, cuando ayudan, cuando logran algo que antes no podían. Anímalos y ayúdalos a superar lo que les cuesta, a no desanimarse e intentarlo de nuevo, aceptando que las cosas no siempre salen como uno quiere. El ánimo y la felicitación puede ser con palabras “Me puso muy contenta que ayudaras a tu hermano”, “Qué bien te quedó eso”, “intentemos de nuevo”, pero también con gestos, a veces una sonrisa, el dedo gordo hacia arriba con un guiño de ojo como aprobación, de “dale, adelante” o chocar las manos como signo de triunfo, son suficientes para mostrarles que estamos acompañando sus aprendizajes.

Eficacia: hay experiencias de buen trato que nacen espontáneas por haberlas vivido en la infancia, pero sabemos que no es así siempre. Si tu experiencia no fue la mejor, igualmente puedes ser una buena mamá o papá y ofrecer algo diferente a tus hijos(as. Para ello es importante ser consciente de lo que no quieres repetir y estar atento a reparar cuando esto suceda. Para saber qué hacer, cuando estés con tu hijo(a) piensa en cómo te hubiese gustado que tu mamá, tu papá u otro adulto te hubiera tratado en ese momento, qué palabras te habría gustado escuchar o quizás te habría bastado que alguien te diera un abrazo. Imagínate siendo ese niño o niña y experimenta recibir ese buen trato. Puedes también hacer algo de lo que has visto en otros papás y mamás que te ha gustado, o guiarte por consejos de profesionales en el tema de crianza que te hagan sentido. (Acá en la página del Sistema Chile Crece puedes encontrar muchas ideas).

Coherencia: Seguramente has escuchado que los niños aprenden con el ejemplo, y es así. Ellos están todo el tiempo mirando lo que haces y cuando les dices algo no sólo escuchan tus palabras sino que ven tus gestos, la voz con que lo dices y la forma en que tu cuerpo está cuando lo dices… todo transmite un mensaje. Cuando estas expresiones no coinciden, los niños/as se quedarán con lo que les dijo tu cuerpo en vez de lo que dijeron tus palabras. Por ejemplo, si te están conversando de algo y quieres demostrarles que te importa, míralos a la cara, acércate a ellos, deja de hacer lo que estás haciendo en ese momento, dales la atención. Incluso cuando quieres enseñarles a resolver un conflicto, hazlo de esa manera, no te entenderá que tiene que tratar bien a su hermano/a, si se lo dices a gritos o con un golpe.

Esperamos que estos tips te sean de ayuda a ir aprendiendo más del buen trato, y si no todo te sale como querías, si a veces les gritas, no atiendes al 100% o no eres del todo coherente, no te culpes ni te trates mal. A todos los papás y mamás les pasa. El aprender el buen trato es un camino que parte por tratarse bien a uno mismo, así que de esa misma manera que hay que hacerlo con los hijos, acéptate a ti mismo con ternura, compréndete y dite “para la próxima lo harás mejor”.