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Tengo una razón (Conductas no son porque sí).

Cecilia Rodríguez Díaz

Servicio Fonoinfancia.

Tengo una razón (Conductas no son porque sí).

Aveces los adultos se sorprenden o preguntan el porqué de algunas conductas de los niños/as pequeños/as, especialmente cuando estas conductas no les parecen adecuadas, o no se ajustan a las expectativas del mundo adulto, por ejemplo: ¿por qué un niño/a muerde a un compañero/a de jardín?; ¿por qué una niña/o llora desconsoladamente cuando se le rompe un juguete?; ¿por qué un niño/a tira la ropa al suelo y no quiere vestirse? Entre otros.

Sin embargo pocos adultos se preguntan por qué un niño/a pequeño le hace cariño a mamá,  por qué baila cuando escucha su canción favorita, o por qué salta y ríe cuando llegan sus primos a jugar. En todos  los ejemplos anteriores los niños/as están expresando algo a través de su conducta, tienen una razón, sin embargo pareciera que es más complejo comprenderlas cuando estas conductas están asociadas a malestares o representan un mayor desafío para el adulto a la hora de abordarlas.

En este contexto, para la comprensión de estas conductas, podría ser de ayuda, primero preguntarse ¿cómo se expresan los niños pequeños? ¿Cómo es la expresión emocional en las primeras etapas del desarrollo?

La expresión emocional en las primeras etapas del desarrollo, se realiza generalmente a través de conductas, con el cuerpo (con un golpe, gesto, movimiento, llanto, mordedura, etc.), y no a través de las palabras.

Por ejemplo: “Un niño/a de 4 años que se siente confundido/a o apenado/a por el nacimiento de un hermanito/a, podría mostrarse más irritable, llorar por cosas que antes no lloraba y presentar conductas como chuparse el dedo, o hacerse pipí luego de haber logrado el control de esfínter. Para él o ella sería muy difícil expresar la complejidad de sus emociones a través de las palabras, por lo tanto su conducta sería la principal vía de expresión que tendrá”.

En el ejemplo anterior, se entiende que es parte de esta etapa del desarrollo, que un niño/a muestre que está triste, o con rabia a través de su conducta y esto no lo convierte en un niño “malo o mañoso”, ni tampoco esto implica necesariamente que algo malo esté sucediendo, es simplemente que él o ella está expresando algo que le pasa a través de la vía que es propia de su edad: mediante el cuerpo.

Sólo con el paso del tiempo, y en la medida que los adultos puedan acompañar y guiar al niño/a, las palabras y el lenguaje podrán sustituir y/o acompañar al acto de gritar, llorar, entre otros; es decir, sólo en una etapa posterior, en vez de un acto un niño podrá decir: “mamá tengo pena, rabia, confusión, enojo”.

Si las conductas de los niños están asociadas principalmente a sus emociones, y son la principal forma de comunicarse con el mundo los primeros años de vida, será importante entonces que los adultos aprendan a leer las señales que podrían estar detrás de una conducta, ir comprendiendo que las conductas no son porque sí.

¿Y ahora que sabemos un poco más sobre cómo los niño/as se expresan en las primeras etapas del desarrollo, qué hacemos para acompañarlos de la mejor forma?

Responder a esto es sin duda un gran desafío, ya que implica detenerse, hacer una pausa, prestar atención al niño/a antes de poner el foco sólo en la conducta. Será de ayuda para los adultos preguntarse qué puede estar sintiendo un niño/a, en determinado momento. ¿Hay algún hecho contextual; familiar; escolar; algo propio de la etapa del desarrollo? o la mezcla de muchos de estos elementos que pudiera estar motivando alguna conducta.

Esto puede parecer obvio, pero muchas veces hay acontecimientos que para los adultos pasan desapercibidos, y no así para los niños, afectándolos de un modo distinto, no necesariamente negativo, pero si diferente. Por ejemplo: Un cambio de casa, cambio de colegio, llegada de visitas al hogar, cambios de clima, falta de horas de sueño, etc. podrían tener efectos distintos en niños/as y adultos.

Una vez que se haya identificado o se tenga alguna idea de él o los factores que pueden estar influyendo en el niño/a, será de ayuda facilitar que el niño también pueda ir entendiendo lo que le sucede. El adulto puede hacer esto con verbalizaciones cómo por ej: “Hijo/a parece que estás cansado” “parece que estás enojado porque tomaron tus juguetes” “parece que estás triste porque nos vemos menos” etc.

La idea es ayudar a darle forma a la experiencia del niño a través de la empatía y las palabras, para que  luego, en la medida que los niños/as vayan creciendo, puedan ir expresando sus vivencias  con sus propios colores y matices. Es así como en las primeras etapas del desarrollo, se puede ir construyendo en conjunto la capacidad de expresar las emociones a través del lenguaje, dejando de a poco atrás, la expresión a través sólo de lo corporal, este importante proceso es  fundamental para que los niños/as puedan relacionarse consigo mismos, con los otros y con el mundo.

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