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Ser mamá, papá y pareja

Ser mamá, papá y pareja

Alejandra Silva

Psicologa clínica

Centro SerMujer

Ser mamá, papá y pareja

Antaño emparejarse y criar era parte de lo que cualquier persona común y silvestre podía hacer. No era algo que se meditara o pensara. Los matrimonios eran más bien una sociedad económica y de crianza, con un fin claro: generar descendientes (de la casta o linaje) y al mismo tiempo permitir la perpetuación de la especie. Simple.Ser pareja y al mismo tiempo padres hoy, es todo un desafío.

Vivimos en un época en la cual lo que se espera de la vida en pareja está absolutamente teñido por el romanticismo de Disney y las novelas rosas, o sea “Y fueron felices para siempre”, y la crianza ha sido invadida por  el perfeccionismo propio de nuestra era actual.

Queremos ser excelentes padres y madres, contenedores, apañadores, amigos y guías a la vez, pero al mismo tiempo queremos ser buenos profesionales, buenos amigos, buenas personas y mujeres y hombres deseados. Y entre tanta expectativa comenzamos a perdernos en la neurosis de tener una vida “saludable y relajada”, de criar niños  que se porten bien, sanos, inteligentes y ojalá bilingües, y tener una pareja que nos entienda, que nos ame, que nos admire, que recuerde los aniversarios, trabajadora (ojalá tanto fuera como en las labores del hogar), que nos desee y muy por supuesto que nosotros deseemos.08072012

Recuerdo mi primer año de madre criando mellizas. Creo que pasaron meses en que los diálogos que teníamos con mi marido se limitaban única y exclusivamente a los ítems prácticos de la crianza. Y es que aunque no lo pareciera, las guaguas demandan muchísimo de nuestra energía y al  terminar el día ( o más bien en los momentos en que ellos duermen) los padres lo único que queremos es descansar, DORMIR lo que se pueda. Los flirteos amorosos pasan prácticamente a octavo plano, pues lo que prima es el cuidado del recién llegado.

¿Y entonces qué pasa con la vida en pareja? según la terapeuta Esther Perel (connotada especialista en terapia de parejas)  existen dos  elementos vitales en la vida pareja actual: “Seguridad” y “Deseo “. La seguridad de sentirnos queridos, de tener al otro a nuestro lado en las buenas y en las malas, en los éxitos y en los fracasos, cuando necesitamos contención y cuando queremos mostrarle al mundo nuestras alegrías. Pero también necesitamos sentirnos deseados, admirados, gustados por los ojos del otro.

Nos perdemos en el idealismo romántico y chocamos con la realidad cuando nos vemos cambiando pañales a cada hora, sacando chanchitos, haciendo malabares para alimentar a nuestros hijos, revisando cuadernos y libretas del colegio, llevando a nuestros hijos(as) a la cita con el pediatra, con el dentista, el oftalmólogo, el psicopedagogo, psicólogo, llevándolos a las clases de fútbol o de ballet y casi sin tiempo para sentarnos con nuestra pareja a conversar de lo que nos pasó a cada uno durante el día y lo que de hecho nos está pasando en este proceso de criar y de conectarnos con la vulnerabilidad y desafíos que esta tarea conlleva. Porque tanto a los hombres como las mujeres nos pasan muchas cosas con esto de ser padres. Nos conecta con nuestra primera infancia y con  todo lo que pudimos haber vivido entonces, nos conecta con cómo nos hemos vinculado históricamente con nuestros padres, nos conecta con el haber sido hijos también y con la fragilidad máxima de tener la responsabilidad de cuidar y criar a un pequeño ser, que depende del todo de nosotros. Entonces nos conectamos también con la vida y la muerte, con la finitud que es parte de nuestra naturaleza.

Y ocurre a veces que en medio de este mar de emociones y pensamientos gatillados por la paternidad, comenzamos a sentirnos solos(as), nos parece que el otro ya no es el de antes, que no se comporta como pensamos que lo haría, que no está cuando creímos que obviamente debía de estar, que no se dio cuenta de lo que me estaba pasando, que reaccionó a determinada cosa de una forma distinta a como era antes. Entonces el deseo sale por la puerta y la seguridad por la ventana.

Y es que olvidamos que en este proceso de ser padres, tanto las mujeres como los hombres nos transformamos, RE-Nacemos, porque nos cambia la forma de ver el mundo, porque no sólo se nos dan vuelta las rutinas, sino que también la forma en que nos aproximamos a este mundo. Y es aquí donde muchas parejas naufragan. Porque se quedan aferradas al pasado de lo que fueron, porque no toleran la distancia que conlleva el proceso de transformarse en padres. Porque a mi modo de ver, uno no nace padre ni madre, se transforma en eso a través de un proceso. Y en este, cada miembro de la pareja cambia como persona, cambia en el amplio sentido de la palabra….pero a veces en este cambio, nos perdemos, y cuando nos volvemos a mirar no nos reconocemos porque navegamos a lugares distintos. Algunos crecen y se fortalecen y otros ante el temor de magna tarea huyen y quieren volver a ser niños adolescentes, sin grandes responsabilidades.

Paciencia. Tiempo al tiempo…esperar, vivir el presente, bienvenir el cambio y los desafíos…ese es mi consejo. No desesperarse en el mar de la crianza. Sentirnos solos a rato es normal, lo importante es no ponernos ansiosos y desde ahí apresurarse, dejar de ver al otro, a nuestro compañero y naufragar, perder el rumbo, algo tan común en los primeros años de crianza.

Los tiempos para la intimidad en esta etapa son escasos, no nulos, pero escasos. Se requiere  de un esfuerzo especial para no perderse del otro, para hacernos cariñito cada cierto tiempo y seguir de la mano en esto, continuar la misma ruta sin separar los caminos.

Y está bien, los hijos(as) pequeños nos necesitan mucho. Pero como todo en la vida, pasa. En la medida que los hijos(as) van creciendo y se van haciendo más independientes, nuevamente comienzan a haber tiempos de re encontrarse con la pareja, de mirarse nuevamente a los ojos y contarnos en que estamos, y volver a re gustarnos, ya no como antes, ya no con la embriaguez del enamoramiento. Ahora la mirada es desde un lugar distinto, desde este camino que hemos hecho juntos y esto que hemos y estamos construyendo como familia. Es desde el amor maduro, más pausado, más mesurado,menos impulsivo y con mayor complicidad.La pareja en el mundo de la crianza se hace más frágil, más vulnerable…pero si no la mata, la hace más fuerte.

 

 

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