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VColumnas del Experto

Manejo Respetuoso del Sueño

Rosa Jové

Psicóloga de la Universidad Autónoma de Barcelona, Especializada en Psicología Clínica Infanto Juvenil y Psicopediatría

Manejo Respetuoso del Sueño

Rosa, con tu experiencia, ¿crees que hoy día a nivel mundial existe un trato respetuoso y comprensivo hacia el sueño de los pequeños por parte de nosotros los adultos?

Pues yo pienso que no sólo del sueño, de muchas otras cosas no somos respetuosos con los niños. Hoy en día, hacemos cosas que si las hiciéramos con un adulto, serían penales. Es decir, el sueño quizás esté más al vértice de todo, pero con los niños tenemos que replantearnos muchas veces ¿qué es lo que hacemos con la infancia?, ¿qué modelos les damos?, porque a veces para reconducir a un niño que ha hecho una cosa, como por ejemplo; que no se quiere acabar la sopa, o lo que sea, su padre utiliza un bofetón. Bueno, quizás no sé si les le estas enseñando a tomar la sopa, lo que no le estas enseñando es que al día de mañana sepa tolerar o aguantar esa violencia, por lo que hemos de mirar muchas cosas, no sólo el sueño.

Usted en uno de sus libros, derriba uno de los más grandes prejuicios o errores con los que todavía se enfrentan algunas familias, esto de: “Déjalo que llore nomás”, “el niño te está manipulando”, “no puedes pasarte toda la noche levantándote a verlo”, “tiene que someterse a la rutina y tiene que entender que en la noche sencillamente se duerme”. ¿Qué le pasa a un niño cuando sus papás lo dejan llorando sólo en medio de la noche y por qué resulta tan importante consolarlos, contenerlos, entenderlos, estar con ellos… ?

En primer lugar, es un niño. Estamos hablando de un bebé que no entiende. Lo vamos a dejar llorar y él lo único que entenderá es que lo estamos dejando llorar, no que intentamos otra cosa. Entonces, lo que hay que hacer con ese niño es por la noche darle seguridad, que pueda dormir, junto a sus padres, si quieren, para que no se tengan que levantar, eso depende de cada uno, de las ganas que tengan de levantarse por las noches.

El niño no nos toma el pelo. Mira, vienen muchas veces papás con bebés de 5 meses que dicen: “Mira, mira, como me toma el pelo, lo tengo en brazos y esta callado, lo dejo en la cuna y llora, lo ves, me toma el pelo”. ¡No!, si tu hijo quiere estar contigo a los 5 meses es porque te quiere, ¿cómo te lo va a decir? en inglés, no. Me dejas y lloro, me coges y callo, eso es el lenguaje infantil, no hay más. Lo demás, son interpretaciones que le damos los adultos. Los niños necesitan sobre todo amor y ese contacto, no quieren nada más, no nos toman el pelo, no hay que dejarlos llorar. Un niño pequeño no puede entender que sus padres tienen que ir a trabajar, que sus padres se tienen que levantar pronto, no. De más mayores, le hablaremos de estas cosas, pero cuando son más pequeños, no.

¿Cómo podemos incluir las rutinas de alguna manera en este proceso, entendiendo que dormir no es algo que se aprende, más bien este “ajuste” del sueño en niños y niñas viene a ser parte de su proceso de desarrollo… cómo lo hacemos para crear esa rutina, pero también respetar ese proceso de desarrollo?

Siempre digo que cuando un niño es pequeño lo que le tenemos que enseñar es a relajarse. Relajación igual a Dormir. Por lo tanto, eso es lo primero y esa relajación la enseñan sus padres, cuando les mecemos, les abrazamos, les cantamos canciones, les contamos cuentos. Esa es la rutina que necesitamos para un niño, entender que para dormirse hay que estar relajados. Ese es el aprendizaje más grande. Si un adulto sabe relajarse para dormir, ese adulto no tendrá insomnio, ese adulto se dormirá rápidamente y con los niños es igual.

Por lo tanto, lo que los padres tendrían que hacer para enseñar a dormir a un niño es Relajación igual a Dormir. Primero te relajo yo, que soy tu madre o tu padre y sé cómo hacerlo. Después lo intentaremos hacer a medias y entonces es aquello de: “Mamá, ven dame la manita”, pues te la cojo un rato, luego me voy; “cuéntame este cuento”, bueno, pero cuando lo termine ya me largo y tu ya te quedas tranquilito.

Para dar el tercer paso, -que el niño se relaje sólo y se quede en su cama tranquilo y durmiendo- lo más importante, no son los hábitos, ni la rutina. Nadie se acuesta nunca a la misma hora, ni con el mismo pijama, ni en la misma cama, ni con la misma persona. Es decir, yo a modo de chiste, explico que hay veces que duermo con mi marido, pero hay veces que voy a conferencias, y duermo en un hotel sola-. Por lo tanto, más que instaurar rutinas para dormir, hay que enseñarle a un niño que Relajación es igual a Dormir. Si tú además quieres poner alguna rutina para que en casa todo fluya mejor, me parece perfecto, no estoy diciendo que no, pero a veces hay muchos padres que se empecinan en que a los niños hay que ponerles a dormir siempre a la misma hora, siempre en la misma postura, porque eso les enseña a dormir, no. A tu hijo lo que le enseña a dormir es el estar relajado.

Me imagino que de alguna manera será relativamente positivo para los niños saber que todos los días más o menos a una cierta hora, el papá o la mamá lo va a tomar, se va a sentar con él o ella, lo va a mecer, a hacer cariño, etc. Si esa rutina o ritual – por decirlo de alguna manera- se repite todos los días a una misma hora, ¿Puede ser esto positivo también para los niños, o definitivamente debieran irse a a dormir a la hora que quieran?

Sí, no pasa nada en que los padres cada día, a cierta hora o antes de acostarse, le quieran mecer, le canten o le hagan cariño siempre a la misma hora, pero en el caso que haya que transgredir algo, mira, como es que yo cada día a la misma hora no puedo acostarle, bien, no pasa nada. No pasa nada si la diferencia es de media hora para arriba, o para abajo. Si un día es a las 6 de la tarde y el otro a las 11 de la noche, sí, pero si yo cada día exactamente a la misma hora no puedo acostarlo, pero en cambio sí cada día puedo relajarlo para ayudarle o acompañarle para estar con él, pues bien, eso le ayudará más.

Existen diferencias en todos los niños respecto a sus ritmos de dormir, sin embargo, mientras más pequeños, son más frecuentes los despertares. ¿Podríamos hablar del primer y segundo año de, cómo va cambiando o evolucionanado el sueño en los niños, qué poco a poco pasa de muchos despertares a un dormir más prolongado cuando son más grandes?

Siempre explico que el dormir es una cosa evolutiva. Entonces, cuando el niño nace se despierta, tanto de día como de noche, es decir, los niños cuando nacen son caóticos, no conocen el reloj, ni cuando es de día ni cuando es de noche; entonces un bebé recién nacido de un mes o de dos meses, pues va durmiendo siesta y se va despertando, y eso lo hace tanto de día como de noche. Conforme pasa el tiempo, ese sueño se va condensando más horas por la noche. Es decir, un niño a los siete meses suele dormir un par de siestas al día (más o menos) y el resto de las horas que duerme las va concentrando por la noche. No quiere decir que no se despierte, pero sí que las concentra por la noche. Alrededor del año y algo prácticamente queda solo una siesta durante el día -el resto se concentra por la noche con despertares-, y a partir de los tres o cuatro años ya es difícil encontrar niños que a veces hagan siesta. Ese sería el proceso.

En cuanto a los despertares, los despertares tienen dos momentos de mayor frecuencia. Lo digo para que muchos padres no se alarmen. Cuando un niño nace tiene bastantes, porque se despierta por la noche para comer, para cambiarle el pañal, para muchas cosas. Después parece que la cosa mejora, y hacia los tres o cuatro meses muchos padres están más contentos porque parece que se despierta menos… alrededor de los seis meses hay un tipo de despertares, que coincide con la aparición de unas fases del sueño que provocan más despertares, esto es típico de preguntas de los padres en las consultas: “mi niño tiene seis meses (cinco y medio o siete meses, es alrededor de esas edades) y ahora se despierta más que antes”, sí, eso es normal. Alrededor del año -para que lo sepan los papás- el 81% de los niños todavía se despierta por la noche. Es decir, casi todos -por no decir prácticamente todos- todavía se siguen despertando por la noche, y sí, hay un 19% de niños que duermen, pero el 81% de niños al año se despierta y el 54% a los dos años… Es decir, a los dos años, mas o menos, hay tantos niños que duermen de corrido como aquellos que se despiertan, hasta que eso baja drásticamente, y entre los tres y cinco años es muy difícil que un niño se despierte por la noche, a no ser que se encuentre enfermo o que le haya pasado algo, pero de lo contrario normalmente duermen de corrido; los que lo hacen más pronto cercano a los dos años y algo, y los que lo hacen más tarde alrededor de los cinco años. Eso sería la evolución normal o natural del sueño infantil respecto de los despertares. Otra cosa es que nosotros intentamos avanzar un poquito esos periodos para que el niño duerma antes toda la noche y los padres estén mejor, pero sino, el sueño y la evolución natural es esa.

Tenemos una consulta de una auditora que señala lo siguiente: “Hola, les escribo porque tengo un hijo de 4 años y aún no logro que duerma en su pieza. Lo hago dormir conmigo, después lo paso a su pieza, pero de todas maneras él se viene a mi cama, lo que hace que ni él ni yo descansemos bien. ¿Qué consejos me podrían dar?”

Bien, yo quisiera hacer una apreciación; seguramente ella, sí que es verdad que no descansa, pero el niño sí, porque si se va con la madre es porque descansa mejor, de lo contrario se quedaría en su habitación, así que el niño seguramente debe descansar bien.

¿Qué es lo que se puede hacer? A ver, el niño tiene 4 años, tiene lenguaje, entonces hay que utilizarlo e intentar convencerle haciéndole ver el por qué, y que él también pueda explicar lo suyo. Porque desde siempre -desde que el hombre es primitivo- el sueño, el momento de dormir, ha sido un momento vulnerable y es esa misma explicación la que hace que cuando estemos en un hospital a los adultos nos pongan cama de acompañantes. En mi caso, por ejemplo, alguna vez de jovencita estuve hospitalizada y mi madre se quedaba, y menos mal que estaban las enfermeras, porque mi madre no sabe poner un suero, ni hacer nada de nada, pero a mí me daba tranquilidad que mi madre estuviera al lado. Por eso cuando estamos solos, en medio de una noche en medio de una calle, a nadie se le ocurriría ponerse a dormir, en cambio yo no tengo reparo en medio de una estación de tren o de avión lleno de gente cerrar los ojos.

El momento de dormir es un momento vulnerable para los niños también, y muchas veces tienen miedos. Y esos miedos sólo los curamos los papás, la presencia de los padres, que somos como ‘superman’ para los niños. Entonces por eso los niños quieren venir con nosotros, porque se sienten más seguros por la noche. Lo único que hay que hacer es cambiar las circunstancias para que ese niño, en su propia pieza, también tenga seguridad, entonces no tendrá la necesidad de irse con su madre. A veces una lucecita, un monitor de bebés con sistema “walkie talkie” o algo que al niño le tranquilice, eso suele servir. Y explicarle “oye cariño, que tu ya eres mayor, porque no te quedas allá, porque cuando te despiertas en la noche no intentas contar hasta 10 y ves si te duermes, si no te duermes me llamas, entonces ya vengo ponemos la luz o estas cosas”, y el niño poco a poco lo va haciendo. Lo que hay que hacer es darle seguridad a ese niño.

¿Sabes tú si en Europa se han hecho estudios que demuestren que contener, acariciar y consolar a nuestros niños tiene algún nivel de incidencia en el desarrollo de los niños o mejores resultados en algún aspecto?

Yo creo que en la mayoría de los países se han hecho, no sólo en Europa. De hecho quizás los más importantes vienen de EEUU. Nosotros estamos llevando a cabo un doctorado aquí en la Universidad de Lérida -que es donde yo vivo- – y estamos recogiendo alteraciones de este tipo de métodos de “dejarlos llorar”. Dejar llorar a un niño que no entiende el por qué se le está dejando llorar, lo único que hacemos con ese niño es asustarle, porque es lo único que entiende un niño pequeño cuando lo dejas llorar es “estoy asustado”. No sabe que sus padres se tienen que levantar, no sabe que él tiene que dormir. No, no sabe y no lo puede entender. Entonces ese niño que se asusta, sus niveles de cortisol y de adrenalina*** suben y son tóxicos a nivel cerebral… Nosotros hemos medido los niveles de cortisol -que son los más fáciles de medir- y la verdad es que tienen unos niveles casi tóxicos, porque están muy asustados. Entonces, ese cortisol a nivel cerebral va a provocar siempre problemas: va a provocar problemas a nivel de sistema límbico y va a hacer que esos niños de mayores tengan más tendencia a la ansiedad y a la depresión; va a provocar problemas de aprendizaje inmediato, es decir, la memoria inmediata, la que te permite recordar un teléfono que te acaban de decir y apuntarlo al cabo de un minuto, esa memoria inmediata queda tocada también. Entonces, puede que haya un niño que le cueste más aprender a memorizar las tablas de multiplicar -luego ya las aprenderá bien, no digo que tenga un problema de aprendizaje- pero el memorizar cosas rápido les cuesta. Genera también problemas de baja autoestima, tenemos un estudio que estamos a punto de publicar en niños de 10 años a los que se les dejó llorar cuando eran pequeños para hacerlos dormir, etcétera. Junto, a otro grupo que fueron tratados de otra manera y no se les dejaba llorar. Los que se les dejó llorar, tienen la autoestima más baja y tiene mayor incidencia de problemas a nivel de personalidad, entre otras cosas. Podemos estar hablando mucho rato, pero nunca es gratuito dejar llorar a un niño por la noche, es estresarlo y eso va a generar consecuencias.

¿Cuándo realmente podemos preocuparnos porque hay un problema de sueño que sea importante de atender, o que merezca tratamiento. A qué señales debiéramos hacerle caso?

Me encanta que me hagas esa pregunta, porque cuando se les dice a los padres “déjalo llorar”, bien, ese niño tiene un problema…

Se supone que entre el 30% y el 40% de los niños entre 0 y 5 años sufre alguna vez apneas. Las apneas es una dificultad respiratoria por la cual los niños tienden medio a despertarse para poder seguir respirando. Tú ya puedes dejar llorar a ese niño, pero se continuará despertando por las noches porque tiene un problema médico, y esos niños con apnea se están dejando llorar, cuando no tienen la culpa ni van a solucionar nada al dejándoles llorar.

Hay niños que tienen un trastorno de terrores nocturnos –no es lo mismo que las pesadillas; el terror nocturno viene a ser como un sonambulismo. Es un niño que está dormido, profundamente dormido –él no se entera de nada- pero su cuerpo se pone a gritar y a patalear solo. El niño no se acuerda de nada al día siguiente, no sabe nada, pero es una alteración muy llamativa.

Hay otros niños que tienen pesadillas, porque les han pasado cosas terribles durante el día, porque le paso algo que no recuerda, etcétera, a todos estos niños a veces se les recomienda que le dejen llorar, cuando lo que hay que hacer es tratar la patología que tiene. Esto es una cosa que hay que empezar a decirla; cuando un niño se despierta es que algo le pasa, y lo que hay que hacer, y lo que tiene que hacer los profesionales del sueño es averiguar qué le pasa a ese niño y ponerle solución, nada más, y los problemas de sueño se van.

¿Qué metodologías o qué cosas podrías recomendar para favorecer respetuosamente el sueño de los niños/as?

Bueno, hay bastantes, veremos cómo podemos hacer un compendio rapidito. La primera, como explicaba antes, es dejarle claro al niño que para dormir necesita estar relajado. Entonces el objetivo de los padres es -siempre que tengan que dormir al niño-, que esté en un ambiente relajado, donde se encuentre seguro, sea con su padre, con su madre o con la vecina, en el cochecito o en la cuna, pero que el niño se encuentre seguro. Eso es lo primero.

Lo segundo es favorecer el ambiente, lo que no quiere decir que la casa deba estar a oscuras y en silencio, pero si bajar un poco las luces o el volumen de ruido para favorecer el sueño en el niño.

Y lo otro es que a penas el niño se despierte ir a consolarlo. ¿Por qué? Porque si vamos enseguida, entonces así no le doy tiempo al niño para desvelarse del todo y rápidamente vuelve a conciliar el sueño, mientras que si vamos cuando el niño ya se ha desvelado del todo y está súper despierto, entonces nos costará muchísimo más volverle a dormir.

Entonces con estas tres cosas básicas, al principio, los primeros meses, los padres pueden ir manejándose. Y si se despierta el niño por la noche, y quiere mamar, pues dele de mamar, y si el chupete le tranquiliza y le ayuda a inducir el sueño, pues también sirve.

Después, cuando ya son más mayores y tal como lo hablaba antes, quizás el horario no es lo más importante, a menos claro que hayan diferencias horarias muy radicales, que un día se acuesta a tal hora y al otro día 4 horas después, por cierto que sí, el horario es muy importante, pero cuando la diferencia horaria es pequeña, no pasa nada, pero si es verdad que a partir de los siete meses o al año si los padres buscan un horario y más o menos intentan seguirlo, el niño funciona mejor.

Lo que pasa es que el problema que tiene esto del horario es que muchos padres ponen el horario esperando que el niño duerma 16 horas, y eso no lo hará nunca tu hijo, alrededor del año los niños duermes unas 10 horas -como mucho por la noche- y por el día suelen hacer una siesta de un par de horas. Entonces si tu pones ese horario, más o menos, es posible que tu hijo se acostumbre a él, que lo siga y que logre disminuir los despertares nocturnos y acabe durmiendo bien. Si esperas que tu hijo duerma 14 horas por la noche, se despertará seguro.

Rosa lamentablemente muchos de tus libros son muy difíciles de conseguir en Chile. ¿Tienes algún otro medio donde nuestros auditores puedan contactarte, o estas preparando algún nuevo material disponible a lo mejor en algún sitio en internet?

La verdad es que se ha intentado de hacer difusión por toda Sudamérica, sé que han salido ediciones especiales porque evidentemente al cambio con euros hay países en Sudamérica que los libros les salen muy caros y por ello hay ediciones especiales de bolsillo, mucho más económicas y se está haciendo difusión. En vuestro país específicamente no lo sé, pero por ejemplo en México y Argentina hay una distribuidora que los dispone en las principales librerías, y se puede ver directamente con la editorial que está aquí en España ‘Esfera de los Libros’ si es que alguna librería de un país quisiera difundirlo. Por internet también se pueden comprar, hay muchos sitios web que venden estos libros.

Bueno Rosa, ha sido un gusto y muchas gracias por regalarnos tu tiempo para conversar acerca de estos interesantes temas. Esperamos que para todos nuestros auditores haya sido de mucha utilidad.

¡Muchas gracias!
Si quieres escuchar este programa, pincha aquí:

*Entrevista radial realizada en el Programa “Creciendo Juntos” de Chile Crece Contigo, emitido por Radio Cooperativa el 18 de marzo de 2012.

**Rosa Jové además es autora de libros como “Dormir sin Lágrimas, dejarle llorar no es la solución”, “Cariño y Teta”, “La Crianza Feliz” y “Ni Rabietas ni Conflictos”.

***Hormonas que se liberan ante el estrés y que tienen un impacto negativo en el desarrollo neuronal