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VColumnas del Experto

La importancia de la actividad y contacto con la naturaleza en niños y niñas.

Marco Cifuentes, Sergio Toro, Marcela Iglesias.

Fundación Caserta

La importancia de la actividad y contacto con la naturaleza en niños y niñas.

La potencia del aprendizaje por descubrimiento radica en el contacto directo que niños y niñas tienen con el entorno. A través de la experiencia de sus sentidos vitales, del tacto, el movimiento y el equilibrio, se favorecen las redes y conexiones internas que beneficiarán la óptima maduración biológica, despertando las ganas de aprender y de explorar, facilitando el desarrollo motriz y activando su imaginación a través del juego.

El movimiento corporal coordinado y la alegría de descubrir el mundo con ayuda de todos los sentidos, es un don natural durante la primera infancia. Y cuando esta experiencia se da en relación con otros, aparecen nuevas posibilidades de aprendizaje, respecto de sí mismo y los pares: convivir, explorar juntos, arriesgarse y cuidarse mutuamente.

Relacionarse con la naturaleza, el árbol, el río, los animales, son aspectos connaturales al ser humano y en la medida que se faciliten y amplíen estos vínculos al medio en el cual crecemos, más posibilidades existen que sus beneficios se extiendan a los años que siguen.

La actividad educativa de hoy nos llama a re-crear formas de relación en las cuales potenciemos la vivencia de sentir el esfuerzo y logro junto al placer, disfrutar el ejercicio, la libertad de sentir sabores, olores, sonidos, sensaciones, desafíos y encuentros. En definitiva, desplegar nuestro potencial en juegos donde los materiales e instrumentos seamos nosotros mismos.

Cuando niños y niñas son actores protagónicos, los beneficios se amplían a todas las dimensiones de la vida. La vida activa, sobre todo en contextos naturales, disminuye la falta de interés que pudiese existir en lo relacionado con el aprendizaje de contenidos pedagógicos.

Esto sucede porque permite sentirse parte de un mundo que sólo se construye desde la vivencia directa en espacios y oportunidades de encuentro. En caso contrario, mientras más sedentario permanece, sin necesidad de generar recursos que le presenten nuevas contingencias, nuevos despliegues de sí mismo, se produce un proceso de falta de interés, de acumulación de energías, poco aprendizaje y menos habilidad para la autonomía.

Por lo tanto, en la exploración activa de su entorno, el niño y la niña definen sus posibilidades de desarrollo. El ejercicio, la vida activa y en contacto con la naturaleza, nos entrega la condición de constituirnos en seres humanos reales y generadores de mundo.

Nuestra experiencia

El contacto con la naturaleza en la primera infancia es una huella imborrable, que se guarda como semillas que más adelante germinarán en buenos recuerdos e importantes aprendizajes. Nuestro compromiso como Fundación Caserta es ser un puente que facilita este contacto vital.

Paulita a sus 7 años no podía comprender porqué se sentía tan sola. Tenía una amiga en la escuela, “pero no tanto porque me dice que soy guatona”. Cuando llegaba a su casa, no había más compañía que un plasma que proyectaba las imágenes de dibujos animados una tras otra.

A Matías lo habían echado ya de un colegio y tenía un amplio historial de mala conducta. Sabía que portarse mal era hacer todo aquello que más le gustaba, como correr entre los bancos de la clase, gritar para llamar la atención de sus compañeros y especialmente, subirse a los muros y burlar al inspector del colegio.

Paula y Matías fueron invitados a participar a tres salidas a la naturaleza con su curso, en un cerro aledaño a su comuna. La primera vez nos fue casi imposible hacer que Matías se bajara de un árbol y nos tomó media hora lograr que volviera con nosotros para subir al bus de regreso.

Paulita le temía a todo, si no fuera por que la llevábamos de la mano, caminar en los senderos era para ella similar a una visita al dentista, una verdadera pesadilla.

Había pasado un mes y volvimos al cerro; hicimos varios acuerdos con Matías en los cuales se comprometió a obedecer y especialmente, a no subirse a los árboles. Paulita no quería ir, la llevamos convencida de que la acompañaríamos en el recorrido (y que al regreso habría helado).

Era otoño y el cerro parecía un festival de colores, los niños jugaban a saltar entre las hojas y a encontrar una variedad infinita de insectos que nos traían como trofeos.

Matías no aguantó sus ganas y se subió al mismo árbol que la primera vez. Esta vez le dijimos que como sólo él podía hacerlo, nos contara lo que veía desde arriba. Al regreso del recorrido, dibujó ese paisaje en clase de tecnología. A final de año, su dibujo se había convertido en un mapa lleno de misterios y señaléticas.

Paulita poco a poco fue tomando confianza y nos sorprendió a todos cuando la vimos con un cienpiés entre sus manos a quien le llamó Don Juancho y llevó a vivir a su jardín. Al regreso, en clase de lenguaje los motivamos a escribir sobre la naturaleza.

“Yo pensaba que la naturaleza es algo que está afuera, algo aburrido y verde, como los árboles solamente. Ahora me doy cuenta que la naturaleza es el Juancho, las hojas, la tierra, el sol y todo, yo también soy la naturaleza y por eso, nadie está solo, yo tampoco, ni mi papá”, escribió.

Recomendaciones

La experiencia al aire libre de los niños y niñas debe ser más intensiva que extensiva
No se recomienda la actividad aeróbica (no es necesario agotarlos, sino sólo que interactúen con el entorno)
Ya que su capacidad de asombro es absoluta, en cada rincón encuentran un universo. No es necesario dar la vuelta al mundo para conocerlo todo, en un pequeño espacio podrán aprender muchas cosas.
Hay que evitar la sobre dirección, no hay que tratar de dirigirlos ni de planificar tanto estas salidas (“hoy vamos a llegar a la punta del cerro”).

Ocuparse de los cuidados necesarios para que disfruten esta actividad (bloqueador solar, agua, frutas, etc.).
Se trata fundamentalmente de brindar la posibilidad del encuentro con el entorno en base a los sentidos del tacto, equilibrio, movimiento y experiencia vital.

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