MaterialesColumnas del Experto

Columnas del Experto

El sufrimiento invisible: la sobreadaptación en la escuela

Valentina Zurob

Psicóloga

Servicio Fonoinfancia

El sufrimiento invisible: la sobreadaptación en la escuela

Algo tan común como es la entrada a la escuela, no siempre ocurre felizmente, éste puede ser un proceso de mucha exigencia para los niños y niñas. Muchas veces vemos claramente cuando nuestros hijos están manifestando signos de incomodidad o desagrado (llantos, enojos frecuentes, síntomas en el cuerpo como dolores de estómago, de cabeza, etc…). Así, vamos aprendiendo que los niños/as no hablan solo con palabras, también hablan con su cuerpo, con sus gestos y sus movimientos.

Sin embargo, ¡qué pasa con los niños que no lo demuestran así?… ¿cómo estar atentos a un sufrimiento que puede estar pasando desapercibido a nuestros ojos?

El amor incondicional permite que los niños/as crezcan con confianza y seguridad, y esto es clave para un desarrollo emocional saludable.

La adaptación a la escuela es un proceso en el cual cada niño/a logra ir asimilando, de manera progresiva, una nueva rutina, y va incorporando algunas normas, reglas y demandas impuestas por los profesores y el sistema escolar. Esto siempre con la ayuda de profesores, padres, madres o familiares significativos, que vayan acogiendo y acompañando este proceso. Es relevante señalar que la adaptación no se trata de que, como resultado, tengamos un “niño/a perfecto/a” que hace todo lo que en la escuela le dicen o que “no hace problemas”. Por el contrario, la adaptación implica no perderse en el camino, no olvidar los propios intereses o gustos personales, y no dejar de reaccionar cuando se reciben órdenes sentidas como agresivas o muy duras.

Y bien, ¿qué es un/a niño/a sobreadaptado/a?

Es común que los niños digan “no” a muchas cosas. Incluso es considerado como parte esencial del desarrollo, ya que sería una manera de ir construyendo identidad, de oponerse a lo que el adulto le pide o le demanda, y así afirmarse en su propia decisión y dar cuenta de que es una persona singular, diferente, única. Este “no” busca manifestar algo así como “ya no hago todo lo que me piden, yo soy una persona distinta, con gustos y opiniones diferentes”. Por otro lado, un niño/a sobreadaptado/a es aquel que, en la superficie, se comporta como un niño/a perfecto/a que cumple siempre con lo que otros le piden y sin quejarse –decir a todo que “sí”–. Hay casos en que, incluso, los niños/as pueden estar muy preocupados por su rendimiento escolar, ya que perciben que eso es lo que se espera de ellos, y algunos pueden estar muy pendientes de esto. El problema es cuando este cumplimiento “excesivo” viene acompañado de rabia, angustia o estrés por tener que renunciar a lo propio y a lo personal. En pocas palabras, es un niño/a que se preocupa en exceso por rendirle al otro, por cumplir con lo que se le pide, ya sea a los padres, a la escuela, a los amigos, y se preocupa poco por sus propios intereses y sus deseos. Y bueno, es lógico que este esfuerzo por llenar las expectativas del resto no deja tiempo ni energía para preocuparse de uno mismo, y así un niño/a puede ir postergándose. Esta actitud se prolonga a la adultez y tiene sus raíces en la infancia.

La clave está en el exceso, ya que, de algún modo, todos esperamos que nuestros niños/as cumplan con lo que se les pide; que estudien, que sigan ciertas reglas, y todo niño/a espera ser aceptado/a o tener un lugar para el otro… Sin embargo, el problema es cuando los niños o niñas no expresan sus emociones, sometiéndose pasivamente a lo que se les exige y dándole a esto, la prioridad.nino 6

No necesariamente se trata de niños y niñas que obtienen las mejores notas o tienen el mejor comportamiento, sino que se trata de niños/as que están excesivamente preocupados por calzar con el ideal que se tiene de ellos, ya que es muy grande la angustia de pensar que, si no lo hacen así, pueden perder el amor del otro o, en otras palabras, el amor y estima que se les tiene depende de qué tan bien rindan escolarmente.

Así, podemos ver niños/as altamente autoexigentes, pero a la vez, desmotivados, dispuestos a dejar sus propios gustos y pasiones de lado, con tal de “estar a la altura”.

¿Qué podemos hacer como padres, educadores, familiares?

Es de suma importancia, en una época donde el éxito académico prima sobre otras virtudes, estar atentos a este sufrimiento invisible; dejar espacio a los niños y niñas para desarrollar sus propios talentos, buscar y transmitir un equilibrio entre los deberes escolares y los intereses artísticos/deportivos/sociales, y, por sobre todo, regular la exigencia y darle énfasis al disfrute, al ocio, a la creatividad y al entretenimiento.

¿Cómo es el amor que estamos comunicando a nuestros hijos?

Es muy importante transmitir que el amor hacia ellos no depende de qué tan exitosos sean o qué tan buenas sean sus notas. Frases que hablan del amor y el cariño como algo que puede “perderse”, ciertamente alimentan la sensación de angustia que mencionábamos antes. Por esto, es relevante evitar frases como “si no estudias, no te vamos a querer tanto”, “te fue mal, me desilusionaste”, o “te vamos a querer mucho si subes tus notas”. El amor incondicional permite que los niños/as crezcan con confianza y seguridad, y esto es clave para un desarrollo emocional saludable.

Para esto, es esencial también ayudar y acompañar a nuestros hijos/as a identificar y acoger lo que ellos mismos sienten y piensan. Esto es fundamental para que un niño o niña no haga girar todo su mundo en torno al adulto que espera cosas de él, que vaya conociendo sus intereses, que tenga espacio para experimentar, que vaya aprendiendo las cosas que a él, y no a los demás, le gustan y lo hacen sentirse bien, sentirse feliz.