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El Destete: Una perspectiva psíquica

Macarena Silva Jaramillo

Psicológa

Equipo ChCC

El Destete: Una perspectiva psíquica

Todo momento de separación es un tiempo complejo para los seres humanos. Podemos saber sobre esto, ya que existen evidencias que señalan los efectos que cada uno de estos momentos ha dejado en las huellas de la historia de cada persona.

El primer momento de separación en la vida de las personas es el nacimiento, cuando dejamos de vivir en la armonía de un lugar ideal: la temperatura, el alimento y la seguridad adecuada. Se dice que es un momento complejo[1] pues en este tiempo interactúan muchas variables, desde cómo fue la gestación y el parto en términos concretos, hasta todo aquello que hubo alrededor en términos emocionales para quienes compartieron ese proceso.

Cuando niños y niñas llegan al mundo, son recibidos con los cuidados necesarios para continuar con lo que en su gestación recibieron de su madre. Aunque, si bien es la madre quien contiene en su interior al niño o niña, o a más de uno, también otras personas participan indirectamente en este cuidado, pues el apoyo del padre, la familia y los amigos también es significativo. Después del nacimiento, separación física entre madre e hijo/a, la participación directa de otros cumple también un rol fundamental y a medida que transcurre el tiempo, cada niño o niña va adquiriendo y desarrollando las herramientas necesarias para ir alcanzando la autonomía necesaria para vivir una vida plena.

Este momento de separación, así como todos los otros, se dice que es un pequeño “trauma”[2], palabra que atemoriza porque ha sido utilizada en la psicología para señalar momentos cargados emocionalmente y que son difíciles de elaborar, y que que no nos dejarían tranquilos. Sin embargo, la etimología de la palabra trauma señala que es una trama, una marca, una señal, algo que queda inscrito en alguna parte de nuestra vida psíquica y que no necesariamente tiene que ser vivido patológicamente, en rigor, eso dependerá de cómo se elabora, dándole un significado armónico a esa marca dejada por las experiencias. Por ejemplo, en el caso del nacimiento, hay una separación, hay una marca y para darle un significado armonioso a la vida, hacemos una celebración año a año de cumple-años.

Entonces, si bien se pierde la armonía y perfección de la vida en el útero materno, se genera un desarrollo, un crecimiento de una vida propia en el mundo real (regalo de la vida otorgada por los padres y regalo de la vida asumido por hijos e hijas).

Un segundo momento de separación de vital importancia es el momento del destete, tiempo en que se produce nuevamente una separación de la madre. Se des-teta, se deja de depender de su alimento para seguir adquiriendo paulatinamente los alimentos, lo que será parte de la progresiva adquisición de autonomía para la vida. Pero no sólo se trata de dejar el alimento que directamente entrega la madre, sino también de separarse un poco más de ella, de dejar ese estado de fusión emocional que muchas veces se da en un comienzo y que involucra afectos tanto para la madre como para el niño o niña.Por ello, muchas veces esta separación entre la madre y su hijo/a es vivida como un duelo, donde un objeto de amor se pierde y logramos paulatinamente elaborar esa pérdida, ya que le vamos otorgando un sentido, dejando de ser una pérdida y transformándose en una ganancia.

Un dato no menor a señalar para un adecuado proceso de destete, es que en el transcurso del desarrollo de los niños/as hay un momento que la psicología, más específicamente, el psicoanálisis, ha descrito como el momento del desarrollo del yo, tiempo en el que paralelamente al desarrollo neurofisiológico en que el niño/a logra unificar las imágenes, lograría unir su propia imagen (imagen del yo) y así distinguirla de la de su madre (momento que comenzaría alrededor de los 6 meses aprox.). Hasta antes de ese momento, los niños y niñas perciben su propio cuerpo como fragmentado y no lo reconocen necesariamente como propio, ven sus manos como si fueran objetos ajenos, las descubren, se las llevan a la boca… el cuerpo de la madre es percibido como otro fragemento, que para el niño sería como una extensión del propio[3]. Las imágenes para ellos están fraccionadas y todavía no se percibe el todo. Esa unificación de la imagen, así como la unificación de la imagen propia, sucede en un momento de su desarrollo neurofisiológico, después de los 6 meses posterior al nacimiento. El sistema nervioso de un ser humano es inmaduro al momento del nacimiento; la maduración continúa fuera del útero materno, haciendo necesario que se permanezca muy cerca de un adulto para sobrevivir y continuar el desarrollo.

Debido a esta inmadurez, en un principio la fusión emocional y corporal con la madre son necesarias, y la separación, por tanto entre la madre y el/la hijo/a se da naturalmente de forma paulatina. Lo que es fundamental a la hora de decidir sobre cuándo es más propicio comenzar el destete.

Por ello, si el destete se realiza de manera natural o espontánea, la marca o el “trauma” no es vivido como algo no elaborado y que vuelve para ser reelaborado, sino que su significación estaría en sintonía con el desarrollo propio de cada niño/a. Si el destete se decide programar, entonces requiere que la madre perciba las necesidades del niño o niña y que respete los tiempos de su desarrollo en un proceso paulatino. Así éste/a recibirá ese mensaje y la seguridad que la madre transmite para separarse tranquilamente.

Otro aspecto que no debemos olvidar, es que la fusión entre la madre y el hijo/a nunca es total, desde el momento del nacimiento, ambos están físicamente separados y hay otros que también participan: el padre, familia, amigos, juguetes, palabras. Cuando se realiza un destete respetuoso de los tiempos de madurez de niños/as así como de la satisfacción de sus necesidades, este espacio entre ellos comienza a tomar mayor relevancia, permitiendo que se acentúen los intereses del niño/a por el mundo que le rodea, comparta más con otras personas y con objetos como juguetes que satisfacen nuevas necesidades acordes a su desarrollo natural. Podemos sustituir un regaloneo de dar de mamar por un regaloneo al dar leche en mamadera, o al contar cuentos o decirle palabras cariñosas acompañadas de caricias.

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