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¿Cómo preguntar a los hijos e hijas?

Marta Escobar

Psicóloga

Servicio Fono Infancia-Fundación Integra

¿Cómo preguntar a los hijos e hijas?

Las vivencias y experiencias de niños y niñas, su calidad, diversidad y complejidad, son un ámbito de interés y curiosidad para los padres, aun cuando en ocasiones pueden resultar difíciles de acceder. Algunos padres se angustian porque sienten que sus hijos(as) no les transmiten toda la información sobre lo que sienten o piensan, o también pueden creer que ellos no saben cómo abordarlos. Especialmente complejo es cuando se trata de temas que podrían relacionarse con emociones dolorosas o (mal llamadas) negativas, como frustración, rabia o tristeza. Surgen dudas, ¿le pregunto directamente o espero a que me cuente?

Las experiencias relacionadas con el ámbito educacional son muchas veces una prioridad. Los relatos de educadoras de sala cuna y jardines infantiles, como también de profesores, son recibidos con entusiasmo e interés, pero también con preocupación si es que existe algún tema que necesite ser abordado de manera especial. Y una sugerencia muy frecuente es: conversen con sus hijos(as).

Las preguntas que construyen ladrillos y abren puertas, son realizadas en un idioma simple y surgen al ponerse en el lugar de ellos

Las expectativas que se generan hacia los niños y niñas son amplias y exigentes, principalmente relacionadas con el adecuado desarrollo de capacidades como la atención y concentración desde los primeros años de la Educación Básica, que permitan un rápido aprendizaje de lectura y escritura, por ejemplo. El camino propuesto por el sistema educativo formal en general se encuentra prediseñado y carece de sorpresas; la meta es avanzar de etapa en etapa, manteniendo un buen rendimiento. Podemos comprender entonces que la preocupación de los padres muchas veces esté puesta en este recorrido trazado por el modelo educativo, y que sus preguntas se enfoquen  en el desempeño y el comportamiento en clases: “¿Cómo te fue hoy?, ¿Cómo te portaste?”.

Sin embargo, los estudios en Desarrollo Infantil y Educación, son contundentes en señalar que la educación emocional no puede ser separada del desarrollo cognitivo, y por lo tanto también son fundamentales las habilidades que se expresan a través de un lenguaje rico en afectos, creatividad, sensaciones corporales, intuición, imágenes y símbolos.18

La educación emocional es importante porque entrega a los niños y niñas un piso que permitirá tolerar las dificultades, desarrollar una autoestima firme, enfrentar situaciones estresantes, formar vínculos sanos y nutritivos con las personas con quienes se relacionen. Estas habilidades no solo permiten un adecuado progreso por el recorrido educativo, si no que apuntalan además otros ámbitos importantes en la vida, como el desarrollo social, el desarrollo afectivo y un fuerte sentido de sí mismo, entre otros.

Algunas preguntas que surgen a continuación son ¿Cuál es la puerta de entrada a estas experiencias de los niños y niñas que hablan en un lenguaje distinto al de la razón y la lógica adulta? ¿Cómo fomentar el adecuado desarrollo de esta parte del mundo infantil?

Este acceso se construye junto a los niños(as), en la relación de afecto mamá/papá-hijo o adulto/niño(a), a través de conversaciones que les permitan expresar sus sentimientos, y dar forma a sus emociones, como si se construyera un puente que se dirige ladrillo a ladrillo hacia el interior del mundo íntimo de un niño(a).

Frente a situaciones conflictivas, en ocasiones los padres  realizan preguntas excesivamente complejas para la edad de sus hijos, buscando razones y argumentos, por ejemplo “¿Por qué hiciste eso?, ¿por qué le pegaste?, ¿por qué te enojaste?”. Estas preguntas vienen desde la lógica adulta construida por el modelo educacional formal adquirido a través de los años, y están formuladas en un idioma que los niños y las niñas todavía no manejan.

Quizás las preguntas que ayudan a construir puentes hacia la experiencia de los niños(as) se generan desde la curiosidad y la motivación por conocer, y expresan interés y confianza. No necesitan controlar, aprobar o evaluar comportamientos u opiniones. Encontrar estas preguntas es desafiante, porque implica detenerse y conectarse con el lenguaje emocional propio que conecta a su vez con el de los niños(as). Las preguntas que construyen ladrillos y abren puertas en el mundo infantil, son realizadas en un idioma simple y surgen al ponerse en el lugar de ellos: “¿Qué sentiste?, ¿tuviste miedo?, ¿sentiste rabia?”. Buscan obtener respuestas largas y con significado, por ejemplo, “¿Qué fue lo más entretenido que hiciste hoy?, ¿Qué fue lo más aburrido de hoy?, ¿Pasó algo que no te gustó o que te hizo enojar?, ¿Quién estaba ahí?, ¿A qué jugaste en el recreo?, ¿Con quién?, ¿En qué momento te sentiste más contento?”.

La invitación es disminuir el ritmo rápido y eficiente propio del mundo adulto y cambiar de posición, dejar el lugar de padre experto que lleva de la mano a su hijo mostrándole el recorrido correcto, para ir junto a él, encontrando las preguntas que cimienten la construcción de un camino que lleva hacia su interior y lo enriquece, integrando sus distintas dimensiones.

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