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Claves para prevenir la obesidad y el sobrepeso en niños y niñas.

María Luisa Aguirre, Verónica Marín

Presidenta del capítulo de Nutrición de la Sociedad Chilena de Pediatría, Pediatra y Nutrióloga Hospital Luis Calvo Mackenna - Área de Nutrición

Claves para prevenir la obesidad y el sobrepeso en niños y niñas.

El primer Simce de Educación Física dado a conocer recientemente, reveló que el 40% de los alumnos de 8° básico está excedido de peso. Este no es un problema nuevo. Cifras del Ministerio de Salud revelaron que tres de cada diez niños en Chile padecen obesidad. En el área de nutrición del Hospital Calvo Mackenna, el 60% de las atenciones durante 2010 fueron a niños y niñas con claros signos de obesidad.

Hoy, los niños/as están presentando enfermedades y patologías que antes se veían sólo como una tendencia o predisposición.

Diabetes tipo 2, problemas traumatológicos, ortopédicos y hormonales, presión alta, colesterol alto, triglicéridos altos, resistencia a la insulina, son enfermedades que antes eran propias del adulto y ahora están empezando a detectarse en niños/as. Junto con ello, aparecen signos de depresión y disminución de la autoestima, además de aislamiento como consecuencias sociales del sobrepeso y la obesidad.

Sedentarismo y mala alimentación

La realidad detrás de esta tendencia es la escasa actividad física y una alimentación desequilibrada. Los niños y niñas hoy son mucho menos activos que antes. Usan gran parte del tiempo en ver televisión, estar sentados en clases o jugar en el computador.

Diariamente atendemos familias que presentan un desbalance entre la ingesta de calorías y el gasto energético de niños y niñas. Menos del 1% de los obesos en adultos y niños es por una enfermedad. La realidad es que las costumbres alimenticias de las familias no suelen incorporar la alimentación saludable.

Los niños comen muy pocas frutas y verduras. Gran parte de su ingesta diaria es en base a hidratos de carbono, –pan, fideos, arroz – grasas saturadas y de origen animal, como el jamón y mortadela y poca leche, entera y no descremada.

En Chile han aumentando las embarazadas con sobrepeso y obesidad. Aumenta la diabetes gestacional, así como los niños grandes para la edad gestacional, es decir que al momento de nacer pesan más de lo que debieran. Esto representa un mayor riesgo de desarrollar obesidad durante los primeros años de vida. Especialmente en estos casos, promover una lactancia materna que dure al menos seis meses, los protege del desarrollo de obesidad.

La importancia de los hábitos familiares

Es muy frecuente la consulta de familias que piensan que sus hijos están flacos o desnutridos, porque los comparan con otros, cuando en realidad los otros están obesos. Al pesarlos y medirlos, suelen mantener un buen ritmo de crecimiento. Sin embargo, en las casas los fuerzan a comer y eso perjudica la autorregulación natural que traemos desde el nacimiento, ya que cuando el niño no quiere comer más, es porque no lo necesita.

Una vida sana necesariamente requiere la incorporación de nuevos hábitos en todos los integrantes de la familia. Las recomendaciones internacionales hablan de que no hay respuesta a tratamiento si no se involucra a la familia. Los hábitos de alimentación y ejercicios son indispensables, ya que no basta con una de estas medidas para superar la obesidad.

Consejos

Primeras comidas más sanas. Cuando se inicia la alimentación después de la lactancia, es importante no agregar sal, azúcar ni jugos con azúcar. Incorporar verduras y distintos tipos de carnes más que fideos o arroz. Evitar las galletas y alimentos concentrados (como el Chiquitín), ya que es más de lo que necesita el niño. Y mantener estas medidas en los años siguientes
Darle lo justo: Para tener un crecimiento adecuado es importante que el niño o niña reciba lo que necesita, no más que eso. No por darle más nos aseguramos de que sea más sano, que es el mensaje que tiene la mayoría de las mamás, “no importa darle más si quiere comer”. Hay que darle lo justo.

No ser restrictivo: En familias que quieren que su hijo crezca sano y ponen mucho énfasis en la alimentación saludable y ejercicios, tiene que ser una alimentación suficiente, no restrictiva, es decir, comer todas las comidas del día: desayuno, almuerzo, once y cena, y en cada comida comer alimentos saludables, nunca dejar de comer.

Comer en familia. Al menos una comida diaria en familia protege no sólo de obesidad, sino también de adicciones y trastornos alimentarios, entre otros. Comparta horarios de comida y haga de este momento una instancia familiar.

Predique con el ejemplo. Es importante que los papás y mamás sean ejemplo de alimentación saludable. En el otro extremo, son de alto riesgo los papás y mamás que hacen dieta frecuentemente, que nunca están conformes con el peso y que siempre critican en relación a las características físicas de los otros…ese tipo de mensajes son peligrosos para los niños y niñas que están escuchando.

Actividad física en familia. Incorporar más actividades, como paseos al cerro los fines de semana, salir en bicicleta o a caminar, es fundamental. La fórmula es muy simple: la alimentación saludable y la actividad física previenen la obesidad.

Colaciones: Aumentar frutas y verduras, acostumbrarlos a la manzana en el recreo. Es importante mantener una alimentación cada cuatro horas. Porque cuando hay un periodo extenso de ayuno, en que se saltan el almuerzo, o no toman desayuno, van a tener apetito voraz e insaciable.

¿Cuándo consultar? Siempre cuando las conductas son demasiado exageradas hacia algún extremo, es mejor consultar. En la edad pediátrica, una señal es el incremento acelerado de peso. Hay que llevar al niño o niña a los controles de niño sano para saber si sigue su ritmo de crecimiento en peso y talla. Es mucho más efectivo prevenir antes de que sea obeso, que empezar a tratar un niño obeso. Entonces si cambia el ritmo de crecimiento, hay que intervenir. Puede ser un pediatra, médico general o nutricionista. Y si el problema persiste, consultar más especialistas.

¿Y si ya es obeso? Los niños obesos necesitan recibir tratamiento adecuado, que incluya nutrición, actividad física y manejo conductual de hábitos alimentarios. Una vez finalizado el tratamiento, requieren seguimiento posterior para asegurar mantención de peso alcanzado y detectar precozmente alteraciones en la conducta alimentaria (anorexia), si éstas aparecen.