Si mis hijos quieren ser cocineros, sería el hombre más feliz

Si mis hijos quieren ser cocineros, sería el hombre más feliz Si mis hijos quieren ser cocineros, sería el hombre más feliz

Dueño de tres locales en el barrio Bellavista, el conocido chef Rodrigo Barañao también tiene tiempo para ser papá de Catalina (12 años) y Vicente (10). Y aunque ser hijo del dueño del restaurante “Santiago Colonial”, la sanguchería “7” y la heladería “Lúcuma”, podría ser un pasaporte a la obesidad, el chef y empresario se encarga de que sus hijos prefieran el pan de molde, no consuman dulces en horario escolar y prefieran un buen asado antes que la comida chatarra.

Catalina y Vicente tienen la libertad de comerse un sándwich y un helado a la semana. “Durante la semana somos bien ordenados y comemos normal, con fruta y cereales. Pero no les doy plata para el colegio, eso tienta a comer dulces y papas fritas. En cambio, el fin de semana hay más relajo y hacemos hartos asados”, comenta.

Con 41 años, Rodrigo fue el tercer hermano de cinco hombres, y el único dedicado a la cocina, día y noche. Confiesa que fue un “niño Ritalín”, acelerado e hiperactivo. Además de trabajar en sus locales, realiza cursos de cocina y participa en las giras internacionales de ProChile y Fundación Imagen País, para difundir la cocina chilena.

Es que después de vivir en el extranjero y notar que la cocina de otros países se conoce ampliamente, asumió la tarea de promover la comida chilena, convirtiendo la sopaipilla en un picoteo gourmet. “Puede que tenga fama de ser más grasienta, media pesada, pero creo que es una cocina noble, bonita, de cocción”, afirma. Sus hijos están aprendiendo a disfrutar de la carne y los mariscos, y son “secos” para los asados, nos cuenta.

Cada uno tiene sus chaquetas de cocina. “Les encanta acompañarme, y se da naturalmente”.

Su consejo para incentivar la buena alimentación es que los niños prueben de todo, y conozcan las bondades de alimentos como las frutas y verduras. “Con mi señora les dimos desde chicos a probar distintos sabores. Cuando dicen “no me gusta”, le doy un trocito y le invito a probar. Una vez a la semana les damos lentejas, y se las preparamos como les gustan”.

También trata de cocinar con buenos aceites, no usar tanta mayonesa y enseñarles que cuando llega el plato a la mesa, no se le echa sal a la comida sin probarla antes. “Potenciamos el tema de la verdura, la comida siempre tiene que ser con ensalada, y de postre siempre hay fruta, pero nada de pasteles”.

Cocinar junto a ellos es una oportunidad para aprender sobre los alimentos, asegura. Por eso, a la hora de cocinar junto a niños y niñas, recomienda invitarlos a amasar, algo que disfrutan mucho. “Se ponen felices cuando los invito a comer pizza. Pero se puede preparar de una forma más sana, por ejemplo, con harina integral, queso mozzarela, y sin sal”.

A Vicente le encanta el fútbol, pero también tiene muy buen paladar. Catalina prefiere la música y el baile. “En la casa me encanta cocinar y ellos son los primeros en estar al lado mío. El día de mañana, si quieren ser cocineros, sería el hombre más feliz”, concluye.

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