“La crianza ha sido tarea de los dos, cada uno en su estilo, pero desde la misma trinchera”

“La crianza ha sido tarea de los dos, cada uno en su estilo, pero desde la misma trinchera” “La crianza ha sido tarea de los dos, cada uno en su estilo, pero desde la misma trinchera”

En plenas grabaciones de la serie nocturna de Canal 13 “Soltera otra vez”, la actriz Paz Bascuñán confiesa que el momento que más disfruta cada día es conversar y leer junto a su hijo Teo. Mientras en la serie encarna a una mujer que busca el hombre ideal, en la vida real vive el apasionado amor de la maternidad.

El año pasado cuando supo de su primer embarazo, Paz estaba feliz y emocionada, pero también con mucho miedo. “La idea del parto, desde siempre, me pareció aterradora. Entendí que me faltaba información y me puse a leer, a preguntar, me preparé y fue una experiencia maravillosa e inolvidable. Fue conectarse con el instinto, con la fuerza de la parturienta, de la hembra que da a luz a su cachorro”, recuerda.

En agosto del 2010 nació su hijo Teo, tras un parto muy largo y que fue normal, pese a que la matrona insistía en hacerle una cesárea, como sucede en un país con uno de los mayores índices de cesáreas en el mundo. “Se me rompió la bolsa de agua a las cuatro de la mañana y recién a las 23:45 nació. Sólo porque yo estaba informada pude defender mi opción de que me dieran más tiempo para lograr que mi hijo naciera por parto normal”.

Como a muchas mamás, la lactancia le resultó difícil en un principio. “Cuando nació mi hijo me lo puse en el pecho y no me soltó nunca más. Se me hicieron heridas y entonces relacionaba amamantar con dolor. Me costó curarme, pero me lo propuse porque quería amamantarlo. Sabía lo importante que era para su salud física y mental, para nuestro apego. Finalmente fue bello. Estábamos muy conectados. Una larga temporada de libre demanda hasta que solo, fue acomodando sus horarios. A los ocho meses, con el trabajo, mi producción empezó a bajar, el trámite del saca leche se hizo complejo y paulatinamente se fue produciendo el destete”, relata.

Teo es un niño muy comunicativo y activo. Para estimular su aprendizaje, Paz le habla mucho, promueve sus juegos con el perro, con la tierra, con plasticina, música, y los lápices, con el costo de que su casa está entera rallada. “He intentado que tenga vínculo con los libros, me da mucho miedo lo que le provoca la televisión, es como que si se quedara hipnotizado y no me gusta”.

Además su relación es de mucha comunicación y cariño, físico y verbal. “Le doy besos, le digo que lo quiero. Nunca está demás expresar el amor. Le cuento, le explico, comparto lo que siento, lo que veo, lo que me pasa. Ahora es divertido porque es chiquitito, pero habla de todo. A veces cuando estoy callada me dice: ¿Qué pasa mamá?, le digo, – Nada, estoy pensando… y él se queda satisfecho con mi respuesta, es como si entendiera todo y esa sensación la tuve desde siempre. Estoy segura que los niños entienden”.

Son varias las actividades que disfrutan juntos, como dibujar en su mesita y leer un cuento antes de dormir. “Me gusta acompañarlo y ahora que habla, es el momento del día donde hacemos un “recuento” de lo que hizo, de lo que vio, de las personas con las que estuvo. Creo que es la parte del día que más me gusta”, confiesa.

El papá de Teo, un productor cinematográfico de nacionalidad española, participa activamente en su crianza. “Es bonito que nos tenga a los dos y para mí es maravilloso contar con un papá que participa, que se involucra en todo. La crianza ha sido tarea de los dos, cada uno en su estilo, pero desde la misma trinchera”.

Junto a su papá, se abre un mundo distinto para Teo. “Lo lleva en bicicleta al jardín, bañan al perro, en el verano lo sube al caballo, andan en bote. Hay más aventura, más riesgo, es el mundo de afuera, conmigo es más el mundo de adentro, la casa, su pieza, los libros, pintar. Con el papá es el jardín, los animales, los cerros, la calle”, explica.

Como mamá, Paz Bascuñán se define como “ni muy perfecta, ni muy desastrosa”. Al contrario de lo que fue su propia crianza, con papás mucho más jóvenes en etapa de realización profesional, la madurez le permite una mayor conciencia de la crianza. “No digo que sea mejor, porque a veces tanta conciencia juega en contra. Simplemente es distinto”.

Quizás por eso, intenta respetar la curiosidad de Teo y no trasmitirle sus miedos. “Aunque esté aterrada cuando quiere bajar solo las escaleras o trepar un mueble, lo dejo y lo cuido con una distancia que le permita experimentar su autonomía. Trato de seleccionar las veces que realmente vale la pena decirle “NO” a mi hijo. Me parece que muchos NO diarios son aplastantes”, concluye.

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