“Hago una buena mezcla entre el amor que recibí y la oportunidad de ser un padre muy cercano”

“Hago una buena mezcla entre el amor que recibí y la oportunidad de ser un padre muy cercano” “Hago una buena mezcla entre el amor que recibí y la oportunidad de ser un padre muy cercano”

Oriundo de Maipú y famoso a nivel mundial por su historia goleadora, con 321 anotaciones oficiales en una exitosa carrera futbolística, Iván Zamorano confiesa que el sueño más importante de su vida se ha cumplido con sus hijos Mía Pascale (5 años) e Iván de María (4 años) y Blu (14), junto a su esposa María Alberó.

Hoy administra su inversión en importantes iniciativas como la ciudad deportiva Iván Zamorano y la Fundación del mismo nombre. Pero su máxima prioridad son sus hijos y familia. “Ellos ocupan el primer lugar, porque ser padre ha sido lo más maravilloso que me ha pasado. Quienes son padres, pueden reconocer ese amor extraordinario, que uno recibe de sus propios padres, cuando una persona, en mi caso ya tres, pasan a ser más importantes que tú mismo”, expresa.

Iván cree que hay mucho por hacer para trabajar por un mundo cada día mejor. Por eso se ha comprometido como embajador de Unicef, que para él representa un trabajo incansable por los niños/as, sus derechos y su futuro. “No sacamos nada con cuidar nuestras burbujas. El entorno será donde crezcan nuestros hijos y por eso nos tenemos que jugar por un medio ambiente sin contaminación, por educación justa, por igualdad de oportunidades, por permitir vivir cada etapa como todo niño y niña merece…Todo lo que tenga que ver con el presente y futuro del mundo me interesa, porque es ahí donde se deben hacer los cambios y aportar cada uno desde sus posibilidades. Es posible, depende de nosotros”.

Iván declara ser un papá muy afectuoso y presente. Que como todo hombre en estos tiempos, va a la par de las mujeres en los cuidados, en llevarlos al colegio, ayudar en las tareas; “lo que hace que vivamos más intensamente la paternidad”, asegura. “Quiero que mis hijos se sientan queridos y eso es, decir, demostrar, vivir el ejemplo, marcar los límites…crecer juntos. Una persona que recibe amor, será una buena persona sin lugar a dudas”, expresa.

Es así como trata de compatibilizar todo lo que hace con tiempos en que, junto a su mujer, consideran fundamental estar presentes. “No me pierdo ir a dejarlos y a buscarlos al colegio. Ahí se produce un momento especial, conversamos, jugamos, hacemos tareas…estamos aprendiendo y disfrutando los cinco en todas las formas posibles, sin olvidar que también hay que darles sus espacios y la pareja tener los propios”.

Como es lógico, el deporte es clave en su vida familiar, “tanto María como yo sabemos que la actividad física hace distintas personas, nos entrega valores y nos permite un mejor desarrollo. Además, practicar deportes juntos es una verdadera maravilla. Ahí tenemos un punto de unión”, relata.

Para Iván, la mejor manera de enseñar y estimular a sus hijos es con compromiso, afecto y principalmente, con el ejemplo. “No sacas nada con tanta regla y discurso si después tienes un comportamiento distinto a eso. Si quiero un hijo responsable con sus tareas, tengo que levantarme temprano, estimularlo. Si quiero que respete a todos, me debe ver respetando a los demás. Si me gusta que sea feliz, tengo que mostrarle que cuando hay un problema hay que enfrentarlo, cuando hay una pena hay que vivirla y cuando hay alegría hay que disfrutarla completamente”.

Así como le gusta el equipo que se hace ahora entre los padres, también quiere rescatar el estilo que le heredaron sus padres, que están siempre presentes en la crianza de sus hijos. “Nadie me ha marcado más que mi padre, aunque se fue muy temprano y nadie me dio más amor en mi vida, antes de formar familia, que mi madre. Ella hoy también nos ayuda a guiar a nuestros hijos en los valores más profundos de la vida, como lo hacen los padres de María cada vez que pueden. Me atrevo a decir que lo que nos hizo ser lo que hoy somos no fue el trabajo, ni el sacrificio, ni las oportunidades principalmente, sino el gran amor que recibimos de nuestras familias”, afirma.

Tan jugado como en su vida deportiva, Iván Zamorano es un papá comprometido y que rescata lo mejor de su propia crianza, junto con vivir el estilo más cercano de paternidad que hoy existe. “Ojalá llegara a la mitad de la importancia que tuvieron mis padres en mi vida y en eso está el compromiso como padres. Jugados siempre por sus hijos, aunque las condiciones fueran malas. Ese ejemplo de valorar y respetar a todos y todo, trato de traspasarlo a mis hijos. Yo hago una buena mezcla entre el amor que recibí y en esa forma comprometida y la oportunidad que tenemos hoy, especialmente los hombres, de ser padres muy cercanos”, concluye.

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