Estar en las tareas domésticas de los hijos genera más cercanía y te pierden el respeto, en el buen sentido de la palabra

Estar en las tareas domésticas de los hijos genera más cercanía y te pierden el respeto, en el buen sentido de la palabra Estar en las tareas domésticas de los hijos genera más cercanía y te pierden el respeto, en el buen sentido de la palabra

Pese a su voz grave y su gran porte, Álvaro Díaz conserva el espíritu de niño libre y gozador, que quizás ha sido esencial en el gran éxito logrado con la serie infantil 31 minutos, realizada junto Pedro Peirano, su socio en la productora audiovisual Aplaplac. La dupla creativa hoy está produciendo la obra de teatro “Resucitando una estrella”, además de una serie infantil con títeres y humanos llamada “Cucho y Matucho” y otra de terror, además de su recién lanzado canal de televisión por internet.

Papá de Manuel (8 años) y Tomás (5 años), Álvaro apela a su instinto para desenvolverse en las tareas de la paternidad. Tanto en la espera del embarazo, como en el actual proceso de aprendizaje de sus hijos, confía en su naturaleza y el destino. “No son cosas que pienso mucho, no me planifico tanto. Sólo trato de ser lo más responsable y buena persona posible”, expresa.

Sí cultiva con ellos una relación de confianza en que no le tengan miedo, “es lo peor que puede pasar entre un papá y un hijo”, cree. Mucha conversación, inventarles un cuento todas las noches o jugar, son actividades que disfruta junto a sus hijos.

Su experiencia fue crecer con cuatro hermanos, que sus papás lo dejaran hacer las cosas que le interesaran. Y es lo que hoy aplica con sus hijos. “Si bien me dedico a un trabajo creativo, trato de reforzar lo que a ellos les interese, no forzarlos a tener ciertos intereses. Me gusta hacer una vida normal de adulto e integrarlos a esa vida y conversar harto con ellos”, afirma.

“Yo aprendí de la calle, de la falta de rigor. Nunca fui muy dado a la academia ni los libros, entonces es complicado para mí establecer una estructura muy formal para el aprendizaje. Hay un piano en mi casa, pero es un juguete y me gusta que sea así, no algo que ellos miren con odio”, afirma.

Manuel, su hijo mayor, es fanático del fútbol, pasión que comparte con su papá. Tomás lo acompaña a la feria o a andar en bicicleta. “Creo que los papás de hoy son bastante cercanos a los hijos en general. No sé si antes era mejor o peor. Pero hoy hay una atención especial, una relación más cercana, y sobre todo no está esa autoridad infalible del padre”, comenta.

Entre sus tareas cotidianas de papá, Álvaro hace dormir a sus hijos, les ayuda a hacer las tareas o se queda con ellos. “Hoy uno es infinitamente más cercano. Desde mudarlos y hacerlos dormir, estar en las tareas domésticas genera una cercanía y te pierden el respeto, en el buen sentido de la palabra. Te miran como un ser humano, ya no eres un superhéroe o una autoridad rígida. Saben más tus problemas y saben más de lo que uno hace, no es un misterio”.

Se confiesa un poco menos cuidadoso que la mamá, pero comprometido y presente. “Preocuparse de detalles como si la ropa la usaron ayer o no, si se ducharon o no…hay un montón de cosas que me dan lata. Me da lo mismo que se acuesten con ropa o se queden viendo tele, no me parece un acto de indisciplina. Si no se lavaron los dientes, para mí no es tan grave. Si yo soy desordenado, difícil que les diga a ellos que no lo sean”.

Sus hijos han crecido con “31 minutos” pero al contrario de lo que ocurre en muchos hogares, la televisión no se ha convertido en un tema de conflicto. Y, como miembro de la industria, tiene su opinión sobre la producción audiovisual dirigida al público infantil. “En general los canales por cable son muy buenos. Es lamentable que en nuestro país no aprendan nada de esas series y sigan haciendo cosas muy baratas, dejando que ellos hagan la tele sin tratar de tener cosas locales”.

¿Qué sueña para ellos? “Que sean lo más felices posible, y disfruten la vida como la disfruta uno. Qué más puedo pedirles”, concluye.

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