Cuando llega un hermanito/a

Cuando llega un hermanito/a Cuando llega un hermanito/a

Mauricio Arteaga M.

Psicólogo, Doctor en Psicología

Decano Facultad de Psicología Universidad Alberto Hurtado

Junio 2012

Ante la llegada de un hermana/o, es muy probable que aparezcan variados sentimientos y comportamientos en los hermanos mayores, reacciones que expresan sus dudas, inquietudes y ansiedades respecto de la llegada de un nuevo miembro a la familia. Estas reacciones pueden comenzar con la noticia de un embarazo y durar por períodos prolongados, aunque con mayor intensidad por los dos primeros años de vida del nuevo/a hermano/a.

¿Cuáles son las reacciones más frecuentes?

Cada niño/a se expresa según su propio estilo. Algunos tomarán distancia y se mostrarán indiferentes, otros sentirán gran curiosidad y estarán muy pendientes del recién nacido, otros manifestarán algunos comportamientos más hostiles, otros experimentarán ciertas “regresiones” en su desarrollo, es decir, volverán a pedir mamadera, pueden volver a orinarse en la ropa o cama, insistirán en volver a dormir con los papás, y muchas otras reacciones más. Los padres deberán captar cuales son las vías de expresión de las inquietudes de sus hijos mayores, que en general son típicas de su temperamento, y así podrán ayudarlos a canalizar su ansiedad, limitar su comportamiento si es necesario, e incluso prever cierto tipo de reacciones al conocer el modo predilecto de sus hijos para expresar su ansiedad.

Las ansiedades generales que están detrás de estas reacciones al nacimiento de un hermana/o, son las inquietudes que siente el niño/a sobre la exclusividad que ha vivido con sus padres, si se mantendrá la disponibilidad y el amor por parte de ellos, si el nuevo integrante de la familia ocupará su lugar de privilegio, si será desplazado en las atenciones y afectos de los padres.

Con el nacimiento de un hermano/a nacen sentimientos de rivalidad, celos, competencia y exclusión, emociones que pueden ser inéditas en la vida de un niño/a. Estos son sentimientos poderosos, de difícil manejo, y se combinan con otros sentimientos “socialmente positivos” como el respeto, el amor, la cooperación y solidaridad. Es tarea de los padres identificar estas emociones y ayudar a darles sentido para sus hijos/as, lo que implica hacerlas tolerables, es decir, transformarlas en experiencias finitas (que tienen fin y una temporalidad), y que pueden ser expresadas a través de varias conductas y verbalizaciones.

Los límites de la convivencia entre los hermanos se asocian al autocuidado y al cuidado de los demás. Así, los padres deben conducir los acercamientos de los hermanos mayores, sean estos motivados por curiosidad y ternura o rivalidad y hostilidad. Lo que no es recomendable es prohibir los acercamientos o excluir a los hijos mayores del roce cotidiano con sus hermanos menores. A partir de esta experiencia de contacto cotidiano es que se construye la convivencia entre las personas.

¿Cuándo consultar a un especialista?

Dentro de los signos de atención que se pueden tener en cuenta para decidir consultar con un especialista, se debe observar particularmente la intensidad y la peligrosidad del comportamiento, la duración y magnitud de las reacciones, la capacidad de autoregulación y adaptación a las nuevas condiciones, la sensibilidad de los padres y del ambiente cercano entre otros. Es importante evaluar el nivel de flexibilidad del comportamiento y de los afectos, si se combinan o no con otros comportamientos y emociones, si el niño es consolable y puede gradualmente tolerar la presencia de otro. También es necesario estar atento a los límites de tolerancia de los padres, es decir, cuando los padres se sienten sobrepasados y tienen la impresión de que no podrán manejar las situaciones y se comienza a utilizar el castigo y la violencia para el control de estos comportamientos. Además, es necesario observar cuando aparecen otras señas de sufrimiento (o indiferencia extrema) en el niño/a: decaimiento, dificultades persistentes en el dormir, comer y control de esfínteres, apatía y desinterés persistente por sus juegos habituales.

En general las conductas aisladas no son signos de preocupación en sí, más bien son las cualidades de su intensidad, flexibilidad, la capacidad de regulación del niño/a y del entorno, y las respuestas de los padres y cuidadores.

Las reacciones y períodos de ajuste más intensos son mayores en los períodos iniciales, donde la dependencia del recién nacido es máxima con los padres. Luego vienen oleadas (en hitos del desarrollo del recién nacido) que pueden perdurar por toda la vida en la historia vincular entre hermanos/as.

¿Cómo ayudar a nuestros hijos/as en estos períodos?

En general, los padres pueden ayudar a sus hijos cuando experimentan estas intensas emociones expresándoles directamente su incondicionalidad, es decir, manifestarles que son únicos y diferentes a sus hermanos, con cercanía física, con momentos programados de exclusividad, acordando roles diferenciados entre los padres en momentos de intensa crianza con el recién nacido, incorporándolo como colaborador de la crianza (no responsable), dejándolo interactuar con el/la hermano/a, incentivando la convivencia con otros niños/as, poniendo límites temporales a sus ansiedades. Para ello es necesario que los padres puedan establecer espacios diferenciados para sus dos (o más hijos), turnándose en los cuidados y relaciones con sus hijos/as, evitando el excesivo desgaste y el aumento de la tensión.

En definitiva, la crianza es un tiempo complejo, con aspectos muy positivos y gratificantes, pero también desgastantes y tensionantes. La llegada de un hermano significará en la mayoría de los casos reacciones intensas del hermano/a mayor, lo que a su vez implicará mayores demandas para los padres. Conducir estas reacciones y emociones de los hijos no es fácil y requiere de tolerancia de los padres y cuidadores. Cada niño/a tiene particularidades únicas y es necesario captarlas y responder a ellas de manera individualizada. Para ello puede ser útil que los padres acuerden una distribución de espacios y tiempos diferenciados para ambos hijos, de intensidad diferente, de cualidad diferente, lo que ayudará a contener las emociones y comportamientos producto de la nueva configuración familiar.

Los niños y niñas son personas únicas, sujetos de derechos, y con necesidades de aprender de las experiencias nuevas que viven. Detrás de las reacciones ante la llegada al nuevo/a hermano/a existe una duda sobre la exclusividad, la incondicionalidad y la disponibilidad de los padres. Esta duda hay que responderla y reasegurarla, connotando que las cosas han cambiado, la familia incluye más personas, menos tiempo, pero la misma individualidad.

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