Acompañemos respetuosamente el desarrollo de nuestros niños y niñas

Acompañemos respetuosamente el desarrollo de nuestros niños y niñas Acompañemos respetuosamente el desarrollo de nuestros niños y niñas

Florencia Badtke Oyarce
Carolina Rivera Serey
Psicólogas
Servicio Fonoinfancia
Fundación Integra

Mi guagua tiene 1 año tres meses y no me quiere caminar, lo tengo que llevar al doctor?.“Mi guagüita de 9 meses no me quiere recibir la sopa, lo único que quiere es tomar pecho.” “¿Cuántas palabras debe decir mi niño al año?”. “Mi niña de dos añitos no me habla. Todo me lo pide haciendo ruido o mostrándomelo con el dedo, ¿qué hago?, me preocupa porque no se comunica.”

Muchas veces a los padres y madres nos surgen este tipo de dudas o interrogantes, ya que se cree que los niños y niñas deben lograr ciertos hitos del desarrollo a determinadas edades, los que darían cuenta de un proceso “normal” de crecimiento.

¿Qué entendemos por hito del desarrollo? Son avances o logros mínimos esperados en ciertos momentos de la vida. Para alcanzarlos debemos ir desarrollando ciertas habilidades previas, y su logro marca una transición entre las etapas del desarrollo. Por ejemplo, para la adquisición del lenguaje, el niño/a desde los primeros meses comienza a emitir sonidos, balbuceos, luego vocalizaciones simples, (nana, tatata, etc.) para pasar a repetir palabras, nombrar cosas y personas,  y así llegar a hacer frases simples, que le permitan establecer un lenguaje verbal común con el adulto.  Es así que el niño/a desde un comienzo intenta comunicarse con otros, pero el logro de este hito (las primeras palabras), permite que la comunicación sea más fluida y comprensible.

¿Cuáles son los hitos del desarrollo? Entre los más importantes desde el nacimiento hasta los 4 años están : responder a sonidos,  afirmar la cabeza, balbuceo, sonreír, lograr girarse,  poder mantenerse sentados, decir las primeras palabras, tomar las cosas con agarre de pinzas, adquisición de la marcha, controlar esfínteres, comer solos, subir las escaleras alternando los pies, entre otros, los cuales se van afinando a medida que el niño/a va creciendo y va recibiendo estimulación a través de los adultos y el mundo que lo rodea.

Algunos de estos hitos son más complejos de acompañar por parte de los adultos, como por ejemplo, la adquisición de la marcha y el control de esfínteres. Es esperable que el niño/a camine solo/a  entre los 12 y 18 meses, y que logre controlar esfínteres entre los 2 y 4 años. De esta manera, es importante considerar que estos hitos no se logran en un momento único sino más bien en rangos de tiempo, de acuerdo a los ritmos madurativos de cada niño(a).

Los errores más comunes al tratar de acompañar estos procesos vienen  comúnmente de mitos y angustias, ¿por qué nos angustiamos? Porque comparamos con otros niños, con nuestros hijos/as mayores, por los comentarios de otros adultos, porque nos sentimos evaluados, porque deseamos que nuestros niños/as sean más autónomos de que lo pueden ser en realidad, lo que puede responder a nuestra necesidad de tener más tiempo y más libertad para retomar tareas o actividades que hemos dejado de lado.

Es importante considerar también, que hay temas prácticos que nos apuran y que hacen que pongamos presión a nuestros niños/as, como no poder o no querer seguir cargándolos en brazos, ya que pesan mucho o nos interfieren al realizar las tareas cotidianas. O deseamos sacarle los pañales ya que estos significan un gran gasto para la familia, o porque debe entrar al jardín sin usar pañales.

¿Cómo deberíamos acompañar estos procesos? Es fundamental poder leer las señales de nuestros niños/as, por ejemplo si lloran, ponen cara de angustia o muestran cierta resistencia, están diciendo que los debemos esperar, que aún no están listos para dar el siguiente paso y que debemos ser pacientes. Respetando su tiempo, no apurándolos, ni presionándolos para, p. ej: caminar solos; sino esperando a que por sí mismo comience a soltarse de los objetos y/o del adulto cuando se sienta seguro para hacerlo.

¿Qué puede pasar si no respetamos sus tiempos? Traspasamos la propia angustia a los niños/as, los responsabilizamos completamente de la adquisición de estas destrezas, haciéndolos sentir culpables si no lo logran, consiguiendo con esto sólo interrumpir el proceso natural de SU DESARROLLO.

Cuando los adultos no hemos sido capaces de respetar estos ritmos, los niños/as se pueden mostrar más irritables, “mañosos”, da la impresión que nos quieren llevar la contra y que no logran alcanzar un determinado hito porque no quieren hacerlo, como si fuera “de mala voluntad”. O por otra parte, se inhiben y dejan de intentarlo por miedo a equivocarse o a decepcionarnos.

Parece importante considerar que si nos sentimos muy angustiados y con muchas dudas respecto al desarrollo de nuestros hijos/as, es recomendable que consultemos de manera oportuna a los profesionales que puedan orientarnos en esta área, pediatras, enfermeras del consultorio, psicólogos/as infantiles entre otros. Evitar dejarnos guiar por opiniones de familiares y/o amigos que a veces sólo aumentan nuestro nivel de angustia.

Para un desarrollo saludable, los niños/as necesitan de adultos que se den el tiempo para conocerlos y reconocer sus necesidades y características individuales, que sepan alentarlos, motivarlos y ayudarlos a superar sus tropiezos, que sean cuidadosos y respetuosos  y resguarden que otros adultos a su alrededor también lo sean.

A veces a los adultos nos cuesta entender que los niño/as tienen sus propios ritmos, como personas son seres únicos y especiales que aún no se dejan llevar por las presiones del medio, sólo avanzan según su necesidad y capacidad de sentirse seguros para seguir explorando y descubriendo el mundo. Para esto, lo más importante es la consideración respetuosa y amorosa de su individualidad por parte de todos los adultos que los rodeamos.

“El verdadero amor no es otra cosa que el deseo inevitable de ayudar al otro para que sea quien es.”

(Jorge Bucay)

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